La magia y el encanto de la antigüedad

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Gruesas capas de ceniza sepultaron dos emblemáticas ciudades situadas en la base de uno de los volcanes más virulentos de la historia. Sus nombres y localizaciones fueron olvidados hasta que en el siglo XVIII comenzaron a ver la luz.

Pompeya y Herculano estaban situadas en la región de Campania, muy cerca de Nápoles, y se caracterizaban por tener grandes posibilidades agrarias. A pesar de que en la época romana no tenían gran relevancia dentro del Imperio, la lava y la ceniza que cayeron sobre ellas en la erupción del Vesubio provocó que quedasen enterradas y que se hayan conservado en un perfecto estado, lo que nos permite conocer con gran exactitud cómo era la vida de los romanos del siglo I d.C.

Estos hechos tuvieron lugar los días 24 y 25 de agosto del año 79 d.C. cuando una erupción muy violenta del Vesubio sepultó Pompeya bajo una gruesa capa de cenizas y lapilli y una avalancha de fango anegó Herculano. Otras localidades menores, como Estabia y Oplontis, quedaron también borradas del mapa. En un radio de dieciocho kilómetros el paisaje quedó afectado y también los campos fértiles que rodeaban a estas ciudades quedaron arrasados.

Los datos más importantes que se conservan sobre lo ocurrido se deben a la conservación de las cartas que Plinio el Joven envió al emperador donde relataba lo ocurrido. Plinio tuvo acceso a esta información debido a que su tío, Plinio el Viejo, había estado asentado en Pompeya para ocuparse de los asuntos del Imperio, por aquel momento en manos de Tito. Se sabe que el volcán empezó a registrar actividad días antes del desastre mediante terremotos de baja intensidad, pero los habitantes estaban bastante acostumbrados a este tipo de actividad sísmica, así que no le dieron demasiada importancia. Lo que nadie sabía es que durante años un gran depósito de magma se había acumulado bajo el volcán y éste sería el detonante de la posterior erupción de tal virulencia que lo que hubiese sido un normal efecto escalonado de las diferentes fases durante días se concentró en uno sólo, la madrugada y las horas posteriores del día 24.

Las excavaciones arqueológicas y estudios acerca de Pompeya y Herculano se iniciaron en el siglo XVIII, y con escasas interrupciones han continuado hasta nuestros días. Sin embargo, la historia del descubrimiento de las ciudades no comenzó por Pompeya, sino por Herculano, sobre la que había surgido una ciudad moderna, hoy considerada un suburbio de Nápoles.

En 1734, el futuro rey de España Carlos III, hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio, se convirtió en rey de Nápoles y cuatro años después mandó comenzar los trabajos para levantar la residencia real en Portici, al lado de Herculano. Joaquín de Alcubierre, ingeniero militar encargado de la edificación, descubrió durante las tareas de adecuación del terreno un pozo que llevaba a las ruinas de la ciudad romana.

Las excavaciones de Pompeya comenzaron en 1748, también bajo la dirección de Alcubierre. En octubre y noviembre de ese mismo año se excavó el anfiteatro, que fue nuevamente cubierto para evitar expolios; sólo a partir de la década de 1760, se decidió dejar los edificios al descubierto.

Esta actuación era congruente con el objetivo de las excavaciones, que no era el estudio de Pompeya y Herculano, sino la obtención de antigüedades destinadas a embellecer el palacio real. Las piezas recuperadas se trasladaban a Portini, hasta que en 1751, ante el interés que entre los ilustrados de Europa despertaban las excavaciones, se decidió abrir el Museo Herculanense, cuyos fondos constituirían la base del actúa Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

En la actualidad podemos pasear por los restos de Pompeya, en la que se conservan perfectamente el trazado de sus calles, las estructuras de sus tiendas y talleres así como los importantes edificios públicos de esta ciudad como el Foro, el Templo de Isis o el Anfiteatro, junto a los restos de su sistema de amurallamiento. Numerosas casas particulares de esta ciudad han conservado sus estancias, atrios y jardines. En bastantes ocasiones estas viviendas también presentan importantes restos de pintura mural y de mosaicos.

Pompeya es la única ciudad antigua de la que se conoce de forma precisa su estructura topográfica, sin modificaciones posteriores. No estaba distribuida en un plano regular como solía ocurrir con las ciudades romanas, debido a la irregularidad del terreno. Pero sus calles eran rectas y formaban una rejilla al más puro estilo romano, con su cardo y su decumano. Estaban pavimentadas con piedras poligonales y había casas y comercios a ambos lados.

De sus yacimientos se han extraído información de incalculable valor, graffittis de las campañas electorales, manuscritos, y millones de elementos cotidianos que facilitaron la compresión de la época y que evoca una sociedad avanzada, cosmopolita y acomodada. Edificios enteros de varias plantas prácticamente intactos que permiten estudiar el “modus vivendi” y una clara ensoñación de lo que un día fue.

Por su parte, la ciudad de Herculano también ha proporcionado numerosas casas particulares, termas privadas y algunos edificios públicos como el Teatro. Algunas villas suburbanas próximas a la ciudad de Pompeya, también conservan junto a sus dependencias importantes frescos de pintura mural, que utilizan frecuentemente temas de inspiración griega.

Fuentes de la información:
http://pensarelarte.blogspot.com/2007/11/pompeya-un-da-trgico-en-la-historia.html
http://www.atenea-nike.com/pagina_73.html
http://www.arturosoria.com/historia/art/pompeya.asp
http://eraseunaitalia.blogspot.com/2009/11/excavaciones-en-pompeya.html
Historia”, National Geografhic número 62.
Fuente de las imágenes:
http://eraseunaitalia.blogspot.com/2009/11/excavaciones-en-pompeya.html
http://www.inforviajes.com/visitar-pompeya/

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