La lucha inacabada de Occidente

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Cuando hablamos de conciencia de mujer, nuestra mente viaja. Casi de manera inconsciente y sin danos cuenta, en nuestro imaginario se nos aparecen flashes de velos tapando caras, de torturas, de represión sexual, de aislamiento, de la mujer fuera del mundo occidental.
La cultura es algo muy curioso, porque sabemos estudiarla, apreciarla o criticarla, siempre desde fuera, y siempre con ojos corruptos por nuestra propia cultura, esa que no vemos, pero que marca nuestra mentalidad. El etnocentrismo occidental nos impide hacer autocrítica, y si bien es cierto, que fuera es mayor el problema, la lucha de la mujer, que no la lucha feminista, en la sociedad occidental, no está ni mucho menos acabada.
La mujer de hoy en día, moderna y atrevida, aun se sigue sintiendo en gran parte reprimida. Habla de liberación sexual, y se condena a sí misma cuando se libera,
o peor, se obliga a liberarse tan solo por no aparentar ser una reprimida. Se fustiga con apelativos absurdos, y azota con esa misma fusta a sus congéneres, porque a veces, la peor enemiga de una mujer, es otra mujer, si no es ella misma. Una mujer, haga lo que haga, sigue siendo una “zorra”. Lo es si es agresiva en el trabajo, lo es si resulta una fémina demasiado atractiva, si ha conseguido algo que los demás anhelaban, o si está con el hombre que todas las demás deseaban. Sin embargo, el hombre no goza de un calificativo similar, o en todo caso, el peor de ellos se llevaría la denominación de “hijo de puta”, donde las culpas, al final, se las sigue llevando ella. El lenguaje es la primera muestra del machismo latente en nuestro yo más inconsciente.

Visto así, quizás en la educación más primaria también radique parte del problema. Parece mentira que en las familias del siglo XXI, exista grandes diferencias en la educación entre hijos e hijas. Mientras la hija pequeña recoge la mesa con su madre, su hermano mayor charla con su padre sobre la información de deportes del telediario. Una imagen que se repite a menudo, pero que deja mucho que entrever en sí misma.

Esa misma hija, es la que ha conseguido ir a la universidad, cosa que su hermano no ha hecho, y sin embargo, es posible que a él le contraten antes, y si estuvieran en las mismas condiciones laborales, sería aun más posible que él ganara mejor sueldo que ella. Quizás pueda ser porque a esa chica, no le enseñaron todo lo que le deberían haber enseñado en la escuela, porque allí le hablaron, sobre todo, del relato de grandes hombres, y poco le hablaron de grandes mujeres, que también hicieron mucho por la historia, aunque muchas no salgan en los libros.

Claro, que en ningún libro se define tampoco lo que es una gran mujer. Quizás podría acercarse esa definición que tanto circula por correos electrónicos, y que tanto se asemeja a la realidad. Madre, amiga, amante, trabajadora… La mujer intenta demostrar continuamente que es capaz de hacerlo todo, cuando en realidad, no tiene que demostrar nada a nadie, ni si quiera a ella misma.

La mujer no debe luchar para ser igual que un hombre, porque no lo es. Es única, especial y diferente. Debe seguir luchando porque ser mujer, no signifique ser menos que un hombre. Para ello, la mujer ha de ser su propia mejor amiga, no exigirse más de lo que puede dar a sí misma. Debe dar ejemplo al ser la primera que no use un lenguaje despectivo con sus congéneres, y la que enseñe a sus hijos y a sus hijas, que tienen no sólo los mismos derechos, sino también los mismos deberes.

Porque hay mucho en lo avanzar en oriente, pero la mujer, aun no tiene del todo ganada la batalla en occidente.

1 Comentario

  1. Interesante tema que deberia despertar la conciencia de la sociedad del siglo XXI. Un mundo aún dominado por hombres y para hombres en el que las mujeres poco a poco van ganado un terreno que es suyo. Un saludo para la escritora del articulo.

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