La lucha contra el tiempo de Stephen Hawking

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Múltiples reconocimientos y honores jalonan la trayectoria de Stephen Hawking, el científico británico más famoso de todos los tiempos, que el pasado 8 enero cumplió setenta años. Sus investigaciones han profundizado en áreas como las matemáticas o la cosmología, pero sobre todo ha dedicado gran parte de su vida al estudio de las leyes físicas que rigen el Universo. No obstante, lo que más sorprende de este entusiasta de la ciencia es la lucha que lleva a cabo día a día para hacer frente a la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), terrible enfermedad que sufre desde los 21 años.

El científico Stephen Hawking en ingravidez, en un avión ad hoc, de la NASA

Hawking (Oxford, Inglaterra, 1942) es el mayor de cuatro hermanos y, ya desde muy joven, demostró sus dotes para la ciencia cuando a la tierna edad de 17 años obtuvo una beca para estudiar ciencias naturales en la universidad de su ciudad natal. Posteriormente se licenció en Física, dando comienzo a una larga carrera profesional marcada por grandes descubrimientos.

Las ganas de aprender y especializarse hicieron que Hawking se trasladara a Cambridge, donde realizó un doctorado en Física Teórica y Cosmología. Fue durante sus estudios cuando el joven científico empezó a notar cómo sus movimientos empezaban a ser algo torpes y su cuerpo era cada vez menos ágil y más débil. Por imposición de su madre, el científico se sometió a pruebas médicas que confirmaron el inicio de una enfermedad degenerativa conocida como ELA, pronosticando además que le quedaban menos de dos años de vida.

A pesar del diagnóstico tan pesimista, el cosmólogo, que en un primer momento abandonó el doctorado para disfrutar del poco tiempo que le quedaba, encontró en su primera mujer, Jane Wilde, las fuerzas para continuar sus estudios. En 1966 se doctoró en Física Teórica y Cosmología, lo que le permitió recibir una beca en la Universidad de Cambridge que le llevaría a conseguir una cátedra en Física, un puesto que antes había ocupado el mismísimo sir Isaac Newton.

Entre 1965 y 1970, su persistencia vital y académica le permitió trabajar con el matemático Roger Penrose sobre la Teoría General de la Relatividad, demostrando la emisión radiactiva de los agujeros negros presentes en el espacio y su enorme atracción gravitacional controlada por leyes de la mecánica cuántica.

Asimismo, los premios y honores no se hicieron esperar cuando Hawking se incorporó, en 1974, a la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Años más tarde, concretamente en 1982, le fue impuesto el título de Comandante de la Orden del Imperio Británico.

Stephen Hawking durante una conferencia de prensa en París

Sin duda, los logros conseguidos por Hawking siempre han remado a contracorriente de su enfermedad: tres años después de su condecoración, el célebre científico enfermó de extrema gravedad a causa de una neumonía que a punto estuvo de costarle la vida. Una traqueotomía de urgencia -tras la que perdió el habla- permitió que Hawking continuara su camino en el mundo de los vivos. Desde entonces, el matemático inglés se comunica por medio de un software que traduce sus movimientos de cabeza y ojos en palabras.

Además de los descubrimientos que lo han coronado como uno de los científicos más importantes de los siglos XX y XXI, también hay que destacar su faceta como escritor, en la que sobresalen obras como Superespacio y supergravedad  (1981), El Universo en una cáscara de nuez (2002) y Brevísima Historia del Tiempo (2005).

Jubilado en 2009 tras más de cuarenta años de trabajo, descubrimientos, publicaciones, conferencias y clases, Hawking es uno de los científicos más brillantes de la historia y, sin duda alguna, un luchador sin precedentes que ha sabido sobreponerse a su enfermedad. Su amor al trabajo y a la vida, así como su incansable pasión por el conocimiento, hacen de él un ejemplo a seguir tanto en lo profesional como en lo personal.

Imágenes: David Shapinsky / ²°¹°°

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