La “lista” de la compra

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Debía escribir muchos artículos y tenía poco tiempo. El tiempo es el peor enemigo de todo periodista o escritor. Me di cuenta que todo lo que iba a redactar, todas las reseñas, poseían en común una cosa: eran quejas amargas sobre distintos ámbitos. Y se me ocurrió hacer una mezcla extraña, una especie de hoja de reclamaciones. Por ello antes de meterme directamente en materia advierto a quien haya tenido un día pésimo, uno de esos en los que se piensa “porqué me habré levantado de la cama”, a esas personas que estén agotadas de que todo lo que haya alrededor sea negativo, que no lean esté texto porque no les va a gustar. Sé que en este punto acabo de perder a un montón de lectores, sin embargo mi única arma contra lo que está mal son mis palabras reflejadas en un folio. En vez de gastarme el sueldo en un psicólogo cojo el ordenador y descargo la rabia contenida a lo largo de las semanas. Quizás sea aburrido de leer, quizás sea esclarecedor o quizás sea un descubrimiento. Así que aunque suene prepotente intentaré ser por un día la más lista de la clase o en este caso del mercado de demandas. En fin, comenzamos. O como decían Tip y Col, al traducir al francés, comenzon.

Mi primera queja es sobre algo que conozco mucho, ya que es parte de mi vida. Una parte a veces demasiado exigente. La Universidad. Qué bonito es poder estudiar, ampliar conocimientos, poder conseguir un título que te abra puertas y bla, bla, bla. La teoría suena genial, la práctica es que en realidad la Universidad es una empresa como cualquier otra y donde haya Don Dinero que se quite todo lo demás. Cierto es que ante las Universidades privadas es más fácil afrontar el pago de una Universidad pública. Tampoco es falso que las públicas a veces, por no decir siempre, te esconden ciertos gastos que es mejor callar. Pongamos un ejemplo tonto, las prácticas. A veces tienes suerte y consigues que sean remuneradas, otras veces no, incluso se han dado casos en los que los alumnos han tenido que pagar al medio u empresa para poder realizarlas (el mundo al revés). Trabajar y estudiar siempre es un esfuerzo doble, ir siempre con prisas, agobiado, sin aliento, haciendo equilibrios para no faltar ni a una cosa ni a la otra, sin poder comer en muchas ocasiones, sin dormir en otras tantas. Si has conseguido las prácticas gracias a la Universidad por cada 10 horas de trabajo te dan un crédito de libre elección (una cosa rara e innovadora pero bastante estúpida que a algún ser superior se le ocurrió imponer un día) con un máximo de 15 créditos. Es decir, que aunque hayas trabajado 25 horas semanales durante 9 meses obtendrás el mismo número de créditos. Pero para más cabreo general esos 15 créditos los tienes que pagar para que te los convaliden. En un idioma normal esto vendría a significar algo así como: “sí, durante tantos meses has trabajado como una mula, cobrando o no, y nosotros no solo pasamos de que hayas tenido que pasarlas putas para compaginarlo todo, sino que además nos tienes que pagar x cantidad para que esos créditos te sean reconocidos porque si no es como si tu esfuerzo no valiera un pepino”. Quizás sea porque me veo afectada, pero yo al menos no lo veo nada justo.

Pongamos otro ejemplo relacionado con la genialidad de los créditos de libre elección, si realizas estudios en otras facultades o centros adscritos para conseguir los malditos créditos (que son obligatorios) luego te los hacen pagar, aunque al principio de curso ya hayas pagado la matrícula de ese curso o asignatura. En algunas conferencias también te dan algún que otro crédito y aunque te hayas pasado tres días escuchando algo que no te interesa lo más mínimo (la mayoría de las conferencias son sobre temas que no interesan) también has de pagar porque te reconozcan esos créditos, es decir, que no vale con que acudas. Y todo esto de la convalidación no es nada complicado ya que el proceso solo requiere que un funcionario de secretaria se meta en tu expediente le dé a dos teclas y entonces aparezcan como asignaturas aprobadas. Y por esa simple maniobra, que puedes hacer tú mismo, te cobran. Genial. O como decía Jesulín en dos palabras: impre- zionante. Pues eso. ¡Ah! Casi se me olvida mencionar que además de pagar recibirás gratuitamente borderia a tutti plen suministrada por dichos funcionarios. Un auténtico lujazo.

Segundo punto de este llanto amargo: la falta de educación. Dónde podemos hallarla en su versión más pura. Exacto en los medios de transporte público. Donde todo el mundo es amable, educado, nadie empuja, la gente tiene cuidado de no golpear a los demás con bolsos, equipajes o derivados. Allí donde los jóvenes se levantan para dejarle el asiento a los mayores, embarazadas, gente lesionada o con algún tipo de minusvalía. Donde existen los caballeros. Ese lugar mágico donde más se oyen palabras como gracias, por favor y disculpe. Donde la gente sabe perfectamente que antes de entrar han de dejar salir, que en las escaleras mecánicas la fila de los de la derecha son los que no se mueven y hay que dejar espacio en la izquierda para aquellos que quieran o necesiten bajar más rápido. Es un mundo maravilloso. Incomparable con ningún otro.

Tercer tema estupendo a tratar: la hipocresía nacional. Bueno, mejor dicho, la hipocresía universal. Ocurrido el suceso trágico de los terremotos en Haiti, a perro flaco todo se le hacen pulgas, todos los medios de comunicación e instituciones internacionales vuelcan todos sus esfuerzos en ayudar al pobre país sudamericano y realizan recaudaciones para poder mandar alimentos y ayudar a la reconstrucción del país. Nadie ha pasado por alto tan trágico evento. Nosotros tampoco y nos abraza la pena y la desolación al pensar en todas las víctimas. Pero qué cosa tan curiosa, resulta que ahora se llama la atención sobre el hecho de que este país, sin terremotos, ya estaban en penuria. Eso se cuenta ahora porque antes no interesaba nada. Antes Estados Unidos no podía meter a su ejército, ni su sistema de organización para de una manera sutil colonizar un país. Bueno, quizás colonizar sea un término exagerado, pero controlar no lo es. Además de que si ellos reconstruyen el país ello significa dinerito para la saca, además de poder introducir, de paso y sin que nadie se dé cuenta, sus empresas en el país. No son los únicos que lo intentan, lo mismo quieren los demás países, no hay nada mejor como un país desolado para hacer caja. Hasta mi querido Real Madrid lo sabe y de forma muy honorable van a reconstruir un colegio, que gesto tan noble. ¡Ups! Se me ha pasado comentar que quien realizará la reconstrucción será la constructora del presi y que, también de paso y sin que nadie lo note, instalarán colegios de futbol del Real Madrid en un país donde no sabían que era el Madrid y donde no se vendían camisetas de los carísimos fichajes. Todos realizan galas para recaudar dinero, ese mismo que jamás llegará a manos de los que los necesiten, como pasó ya con el Tsunami o el huracán Katrina. Se lo quedarán, como siempre los intermediarios. Por tanto que vivan los gestos desinteresados. Y la generosidad sincera, esa que sale directamente de la patata que algunos atrevidos llaman corazón.

Y cuando pensaba que todo no podía ir mejor emiten un reportaje, que se convierte en mi cuarto lamento, en el que se ve como en Mercamadrid los productos que no se venden se tiran. Imaginen siete tanques, de capacidad de unos 20 o 30 kilos, de tomates en un estado optimo, que van a ir directos a…la basura. No se crean que se les ocurre dárselos a los pobres, llevarlos a un comedor social o mandarlos a países donde no haya alimentos. No, la mejor idea es tirarlos. Cómo si faltarán bocas que alimentar. Añadiendo también que los que sí se venden son comprados al agricultor por un precio de 0’50 céntimos aproximadamente y cuando vamos, al día siguiente, a comprar ese producto al supermercado a nosotros nos venden seis tomates a casi 5 euros. Es en ese momento es cuando nos acordamos de un montón de madres de un montón de gente perteneciente al desconocido y descontrolado sector de los intermediarios. Prodigioso. Al final de la semana el agotamiento que causa la indignación hace que ya no tengas ganas de leer un periódico, escuchar la radio o ver un telediario. Y solo quieres dormir para soñar que toda está lista de despropósitos, que no es más larga para no aturdir, tiene arreglo. Es decir, que alguien, algún día tendrá ganas y valor de enfrentarse con esto y ponerle solución. Viva la imaginación.

Fuente de la imagen
www.tresmonos.bigloo.com

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