La libertad sin límite de los motoristas

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Cuando menos resulta contradictoria la defensa a ultranza que se realiza desde las asociaciones de motoristas para mejorar su seguridad en caso de accidente, entre otras medidas con el refuerzo de los guardarraíles; y las sorprendentes, inverosímiles y prohibidas maniobras que consuman esos mismos motociclistas en muchas de las carreteras de este país.
Las líneas continuas, los cambios de rasante quiméricos, las curvas de ciento ochenta grados con visibilidad cero, las retenciones insalvables para la mayoría de los mortales, las maniobras más asombrosas,… El espíritu de libertad de la moto está por encima del bien y del mal.

Y de las infracciones de tráfico, de la solidaridad para con sus compañeros automovilistas, y de cualquier ley escrita o consuetudinaria aplicable a la esfera de la calzada.

Es indiscutible que la seguridad en las carreteras debería ser una prioridad de los gobiernos locales, autonómicos y estatales. Algo que cae en promesas vacuas nunca cumplidas o perdidas en luchas competenciales revestidas de multicolores tendencias políticas.

Pero menos discutibles resultan las infracciones de tráfico que cometen numerosos motoristas en las vías nacionales cuando transitan por ellas a gran velocidad sin tener en cuenta que todos somos conductores o peatones. Cuando las líneas perennes pintadas en el asfalto son ignoradas por estos “caballeros de las dos ruedas” una y otra vez en las autovías, o se eluden las señales de tráfico que parecen prohibir la velocidad excesiva o las maniobras peligrosas únicamente a los conductores de vehículos de cuatro ruedas, pero nunca a las motos.

El enfrentamiento dialéctico entre los representantes de las principales asociaciones de motoristas, como el RACE, el RACC o la Asociación Mutua Motera; y la Dirección General de Tráfico, D.G.T., comienza a ser cada vez más intenso por atribuir el uno al otro la escalada de siniestralidad que se viene produciendo en este colectivo en los últimos años.

Los unos demandan mayores inversiones en quitamiedos más seguros, en infraestructuras, en seguridad vial, etcétera. Los otros se afanan en focalizar ese ascenso de la mortalidad motorista a la errónea modificación que en su día se realizó en el permiso de conducir para fomentar la venta de motocicletas en España, cuando se permitió a los conductores con carné B1, actual clase B, conducir motos de menor o igual cilindrada a 125 cc.

Ambas partes deberían salir a la realidad circulatoria y observar que la verdad no es del todo absoluta, que no es todo fomentar la seguridad en las carreteras, o que no se concreta la solución definitiva en dar una vuelta de tuerca más a los permisos de circulación.

Tanto unos como otros deberían prestar atención a que en ese ascenso de la siniestralidad en las dos ruedas también entra una tercera variable que debería salir a la palestra de la opinión pública para concienciar a muchos “potros salvajes” de la carretera que, ajustados en sus monturas, no respetan a nadie ni a nada, que se juegan la vida y ponen en juego la de los demás. Aquellos motoristas, que no son pocos, para los que no existen límites en su viaje a la libertad.

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

1 Comentario

  1. Estoy totalmente de acuerdo con que la seguridad debería ser una prioridad, pero tb estoy harta de ver todos los días voy con el coche y pocos son lo smotoristas que respetan algo. Se cuelan en las rotondas cuando te deben ceder el paso (con el correspondiente frenazo y riesgo de un golpe), te adelantan de mala manera,van haciendo “s” por la carretera… y nadie me dice que no se me va a cruzar una moto cualquier día y el golpe me lo voy a llevar yo… y el disgusto, claro.

    Deberían tener un poquito más de cabeza, que ami tb me gusta la velocidad, pero no voy asi.

  2. Es cierto que hay muchos, incluso muchísimos diría, locos sobre dos ruedas. Pero, también estamos cansados de ver en las noticias conductores de coches haciendo carreras a más de 200 km/h, metiéndose en dirección contraria,inventando maniobras imposibles… Y no generalizamos afirmando que los conductores de automóviles no respetan las normas ni a sus conciudadanos. Por ello, no me parece justo que lo hagamos con el gremio de los motoristas. “Potros salvajes” hay en todas partes, hasta en los viandantes, de los cuales muchos cruzan de una forma suicida cualquier calle, por enorme que sea.
    En cuanto a la seguridad, hay que comprender sus reivindicaciones. Un simple paso de cebra (de los tradicionales, que ahora están siendo sustituidos) supone para un motociclista un grave peligro en un día de lluvia; cosa que al automovilista no le pasa. Los guardarrailes con protección no sólo van a salvaguardar a los moteros, sino a toda persona que tenga un accidente y salga despedida. Ellos son los principales afectados pero los beneficiados, si logran los cambios que están logrando poco a poco, somos todos.

    Fdo. la hija de un motorista responsable.

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