La libertad genuina en la prensa: el valor de la independencia

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Edhasa tuvo el enorme acierto de editar, a finales de 2012 –un año marcado por las consecuencias, a todos los niveles, de la crisis-, un libro que propugnara algo tan indispensable como el valor de una prensa libre. El autor, Edwy Plenel, está al frente de Mediapart: un periódico digital nacido cuatro años atrás en Francia.

combatePocas profesiones han tenido que soportar un sambenito generado a consecuencia de que la opinión pública no sabe a qué se dedican los informadores (y, si lo hace, cuestiona permanentemente para quién trabajan). De perro guardián de la democracia el periodismo se ha ido metamorfoseando en perrito faldero de los poderes invisibles. ¿Es inconcebible un periodista que trabaje para arrojar luz sobre temas en los que no se profundiza, y no sesgado por intereses? No es fácil, aunque a la vez resulta imprescindible, hacerse una idea de la importancia y la necesidad social de una comunicación libre.

El periodismo experimenta una decadencia en todo Occidente, pero su función –la de conectar sociedad y democracia– sigue viva; tal vez más viva que nunca, puesto que ahora, con la efervescencia digital, los rumores que se propagan a velocidades de vértigo y los datos poco contrastados que se convierten en desinformación, estamos más expuestos a un ruido mediático que con frecuencia va acompañado de intereses ocultos para los ciudadanos –y muchas veces para los propios informadores-. Los patrocinadores, el mecenazgo económico y la corrosión por obra de la publicidad –que puede derivar en una disminución de la calidad de la información ofertada por los medios en aras de un espacio publicitario más exuberante- son sólo algunos de los factores que contribuyen a dicho ruido, en cuya neblina se difunde el concepto de qué es el periodismo y para qué sirve; por no hablar del panóptico imaginario de la influencia política, que se arroga el mezquino derecho de poder callar a los informadores.

No obstante, el mismo Plenel es la prueba viviente de que el compromiso con la verdad no viene adosado gratuitamente a ningún título ni a ningún puesto de trabajo. Durante un cuarto de siglo trabajó en Le Monde y llegó a ser jefe de la redacción, pero la sensación de que le faltaba independencia acabó propiciando que abandonase el cargo y, poco después, que fundase un diario digital totalmente libre. Inspirado por el escritor y periodista Albert Camus, que desde el periódico Combate hacía frente con la pluma a la ocupación nazi en el país galo, escribió este manifiesto de apenas sesenta páginas. Hoy día las amenazas no son tanques ni enemigos ideológicos, sino las grandes corporaciones y círculos de influencia que extienden sus telarañas para acotar el radio de acción del periodista.

Prologado por Jesús Maraña, “capitán” de InfoLibre –un proyecto editorial que no le va a la zaga a Mediapart: vio la luz hace menos de un año, y está conformado por profesionales que trabajan, ante todo, por una información independiente y de calidad-, este “combate” supone un soplo fresco. Primero, porque en ningún momento se niega la mala situación que atraviesa el gremio; así, supone una invitación no a abandonar, sino a reinventarnos. Además, nos recuerda lo que muchos no sabían y otros muchos habían casi olvidado: para qué está el periodismo en la sociedad, por qué somos necesarios. La marea de informantes ciudadanos puede convivir con el ejercicio de una profesión tan secular como indispensable, puede complementarlo; pero el verdadero cometido de la prensa es ponerse de lado de los lectores, darles voz, escuchar sus necesidades (“pegar el oído al asfalto”, dice Plenel en sus páginas), exigencias e intereses. Por otro lado, el matiz de las eternas cuestiones inherentes a esta profesión (por qué debemos ser objetivos, pero no imparciales; por qué es necesario que el periodismo sea comprometido y que la información sea independiente) desnuda y dignifica la figura del profesional, sin ensalzarla; vuelve a los valores genuinos de la profesión, sin caer en romanticismos anacrónicos. Los nueve elementos del periodismo planteados por Bill Kovach y Tom Rosenstiel tienen aún una vigencia absoluta.

Es necesario, entonces, restaurar la confianza en este poder, que no viene desde fuera, sino que siempre nos ha pertenecido, no sólo a quienes nos dedicamos a esto, sino a todos –Plenel recuerda que el derecho a la información es una prerrogativa universal, por tanto, somos depositarios a la vez que instrumentos de esta libertad-. También nos invita Plenel a perder el miedo, rebelándonos contra la preconizada “muerte del periodismo”. Flaco favor le estaremos haciendo a la prensa si nosotros mismos permitimos que muera ante nuestros ojos: debemos participar de ella aportando honestidad, capacidad de diálogo. Debemos, y podemos, contribuir a una información de calidad; ante los oscuros augurios, debemos experimentar y ensayar todo cuanto esté a nuestro alcance. Este es un libro que se disfruta prácticamente en el mismo tiempo que uno tarda en tomarse un café, y que debería ser sin ningún tipo de duda de lectura obligada para periodistas neófitos cuando dan sus primeros pasos: a citar y a titular se acaba aprendiendo por inercia, pero la brújula del buen periodismo no se obtiene en las aulas ni en las redacciones. Algunos, a lo largo de toda una vida, ni siquiera llegan a adquirirla.

Imagen: viñeta de Weil

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