"La leyenda de Santa Claus". Lo que nadie se había atrevido a contar

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La historia finlandesa de Santa Claus de niño y de cómo se llegó a convertir en una leyenda.
Nikolas es un joven que vive en una remota aldea de Laponia. Cuando pierde a su familia en un accidente, todos sus vecinos se vuelcan para ayudarle pero, escasos de recursos, no encuentran mejor solución que hacer que Nikolas, aún un niño, pase un año en la casa de cada uno. Cada año, el día de Navidad, el niño cambia de casa. Y a partir de ese momento empieza a fabricar juguetes de madera en señal de gratitud para los que durante ese año han sido sus hermanos.
Cuando la escasez de alimentos azota la aldea, los vecinos, encariñados con Nikolas pero sin recursos como para acogerlo, mandan al joven con Iisaki (Isaac), un carpintero ermitaño conocido por su mal humor. Pero Nikolas no se deja amedrentar por los malos modos de su tutor, y aprovecha el tiempo para aprender todo lo que un año de carpintería da de sí y, de paso, dar una lección de humanidad al carpintero. Así, poco a poco, irá haciendo mejores regalos para los niños de la aldea, cada vez más numerosos.

La cinta no es la típica historia navideña, llena de galletas de jengibre y duendecillos mágicos. De hecho, es bastante oscura, tanto como para plantearse el que vaya dirigida a los niños. Y es que, precisamente por eso, es una película tanto para pequeños como para mayores: porque tiene momentos oscuros, alternados con blanquísimos paisajes nevados (como no podía ser menos, al ser un filme finlandés) y, sobre todo, escenas tiernas y conmovedoras. Incapaz de dejar a nadie indiferente, La leyenda de Santa Claus pinta una historia diferente, sin un viejo de piel tersa y barriga prominente, sino lleno de arrugas, bondadoso, y, a pesar de todo, cansado. Y, lo que es más importante, consigue transmitir la sensación de estar viendo algo mágico, sin tener que recurrir a renos voladores ni a duendecillos trabajadores llenos de cascabeles. ¿Lo mejor para mí? Que el niño se llame Nikolas (por fin alguien menciona que el gordito bonachón está basado en San Nicolás) y la explicación de por qué va vestido de rojo.

La explicación se puede encontrar en las salas de cine, donde se puede hacer, a la vez, una buena obra. Y es que, después de que la cinta fuera galardonada con el Premio al Público del Festival Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud (FICI), la distribuidora llegó a un acuerdo de colaboración con Aldeas Infantiles SOS, asociación que cederá un 10% de la recaudación en taquilla para fines benéficos. Algo que, seguro, le gustaría a Nikolas.

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