La joven dolores, la madurez de Christina Rosenvinge

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Escuchar “La Joven Dolores” es recrear una atmósfera bucólica y mitológica en la que uno se adentra en el cuerpo de ese avatar que ha elaborado Christina Rosenvinge para crear un disco redondo, superando incluso, el listón de “Tu labio superior”.

Un disco que crea una bella luz, como la que entra dentro de un cuadro clásico y permite que distingamos todos los objetos dibujado. Por lo que el pequeño mundo de Christina queda reflejado en ese cuadro donde el amor del pasado y el amor del presente tiene como hilo conductor el desamor sufrido y que le permite sobrevivir.

La “Canción del Eco” una visión sobre la ninfa que es obligada ha repetir las voces ajenas y nunca la suya, le permite a Rosenvinge recrear una historia de amor, de devoción por la figura de Narciso, el hombre hermosos por excelencia. La idea de la mujer entregada al hombre es un visión que Christina repetirá a lo largo de otras canciones como “Tu sombra”, en la que se perciben pinceladas de una pasión destructiva que utiliza la violencia bajo la idea de amor.

En “Eva enamorada”, descubrimos de nuevo una historia de una mujer que daría todo por su compañero de vida, ente caso, la cantante utiliza una vitalista Eva que se enfrenta a su Dios por el amor de Adán. Una de las historias más utilizadas en el arte con la que Christina crea uno de los tracks más memorables del disco.

El single siguiente, “Mi vida bajo el agua”, elegida la canción de presentación del nuevo material, abrazo un sonido líricamente pop que nos permite afirmar esa luz, ese claroscuro terapéutico que le ha permitido crear su propio barco con rumbo preciso, como el que une Ibiza y Formentera y da nombre a la nueva producción.

En este disco, entre pasados clásicos y pasados muy cercanos, encontramos el recuerdo de la niñez que nos aporta “Jorge y yo”, que también nos embriaga de una tendencia nihilista, de buscar la máxima diversión como respuesta las preguntas de la vida.

Hay hueco, en el disco, para el amor personal y las vivencias propias que han creado una nueva Christina. La idea de una relación que lo ha sido todo, que parecía perfecta pero que se acabó y en la que las dos partes buscan caminos diferentes, es la firma de la cantante en “Weekend”, que contiene una de las mejores letras del material: “con el verdadero amor se hacen casas de ladrillo, con esto que hay entre tú y yo solo salen estribillos”. Sobre ese amor, “La noche del incendio”, es también un reproche hacia un sentimiento que hace que pensemos en ese amor que nos ha marcado.

“La idiota en mi(mayor)” y “Nuestra casa”con una clara melodía cercana a la música francesa, por sus versos en francés y su musicalidad le dan forma al disco, compuesto por 11 canciones, que tiene su broche de oro con “Desierto” y “Debut”. En la primera, utiliza de nuevo una historia mitológica, la de la esposa de Lot, que en su huída de Sodoma se queda convertida en estatua se sal, para hablar sobre acabar con un futuro lleno de virtud a cambio de dejarse llevar por el pecado.

Sin duda, Christina Rosenvinge ha vuelto a dar en el clavo con un disco redondo, en el que se rodea de sus incondicionales como Charlie Bautista, Steve Shelley, Chris Brokaw y Jeremy Wilms; como de nuevas colaboraciones como Georgia Hubley de Yo La Tengo Benjamin Biolay, Aurora Aroca y su propia hijo Williem.

Le doy un 7

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