La inspiración escondida en los sueños

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La cámara oscura. Georges Perec. Editorial Impedimenta. 288 páginas. 21’50 €.

Creía que anotaba los sueños que tenía: me di cuenta de que, muy pronto, solamente soñaba para escribir mis sueños.”.
Georges Perec.

Hace bastante tiempo que algunos martes desayuno, sumergido en la lectura del periódico, en el Café Perec, regentado por el gran escritor Vila-Matas, a mi juicio uno de los mejores de nuestra lengua. Fue gracias a él y a su acogedor rincón, que conocí a Georges Perec y me decidí a leerlo. Me habían advertido que la lectura de este autor me iba a resultar distinta, quizás extraña. No podía ser de otra manera viniendo de la OuLiPo, el grupo literario-matemático de Raymond Queneau y François Le Lionnais, al que se aproximaron figuras de la talla de Ítalo Calvino, Julio Cortázar o Marcel Duchamp, entre otros.

Tal vez escribir los sueños sea una de las cosas más difíciles y en las que se precisa un mejor dominio de la escritura y una mayor capacidad de ordenar una serie de ideas. Estos días he leído un artículo de un buen amigo en el que hablaba de la creciente tendencia del escritor a incluir sueños en sus argumentos y al mal resultado general de esta práctica. Ciertamente es complicado escribir un sueño.

Georges Perec lo hace en La cámara oscura con total fidelidad a lo que, según nos cuenta, vive cada noche. Escribir un sueño de manera lineal sería faltar a la verdad de lo acontecido en el letargo. Rara vez acontecen de la forma en que concebimos los relatos cuando estamos despiertos. En los sueños ocurren cosas que son inexplicables en la realidad, por eso son sueños.

De esta manera, Perec escribe sus 124 narraciones respetando ese desorden que reina cuando nos adentramos en la cámara oscura. En sus historias convergen saltos en el tiempo con cambios repentinos en las personas, al igual que en nuestras fantasías oníricas. ¿Quién no puede decir que alguna vez estaba soñando con alguien cuando de repente esa persona pasó a ser otra completamente distinta? Todas esas situaciones las recoge Perec en estos textos-experimento.

El estudio de los sueños, si pudiese realizarse, nos detallaría el complejo mundo interior de cada soñador, y nos permitiría adentrarnos fielmente en sus impresiones sobre el mundo y sus obsesiones. Durante los cuatro años que se recogen en esta obra, desde mayo del 1968 a agosto de 72, existen varios motivos que se repiten por encima del resto: mujeres con las que Perec termina siempre haciendo el amor, a menudo en público, sus amigos, a los que menciona con iniciales, y que en ocasiones aparecen muertos, o su gato.

Pero sin duda, el sueño más recurrente de Georges Perec tiene que ver con los campos de concentración, a los que vuelve a menudo por las noches y en los que presencia el horror y la barbarie nazi. La muerte de su madre en Auschwitz en 1943 propicia que el autor judío reviva escenas de las que nunca ha sido testigo, con las sensaciones a flor de piel, pese a que, en ocasiones, él mismo sea consciente de que lo que está viviendo es sólo un sueño.

La editorial Impedimenta nos trae esta recopilación de sueños de uno de los escritores más rompedores de la literatura francesa de la segunda mitad del pasado siglo. La edición viene acompañada de las notas explicativas que el propio escritor hace de sus saltos temporales y anímicos, además de un glosario que recoge los sueños en los que aparece cada uno de los elementos recogidos. La cámara oscura es una demostración de que los sueños se pueden escribir tal como ocurren, aunque el resultado sea un texto de gran complejidad.

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