La Iglesia pone el grito en el cielo

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La Iglesia ha regresado a los escenarios. Una sentencia que declara inconstitucional la presencia de crucifijos en los centros de enseñanza pública ha provocado una profunda indignación del órgano eclesiástico para con el  gobierno, la sociedad y la justicia. Reclaman una presencia que en las tres últimas décadas ha ido mermando a pasos agigantados. ‘Cristofobia’, así han definido a lo que el poder político de los últimos años ha ido transmitiendo a la sociedad.
La polémica ha llegado de nuevo de la mano de la Iglesia. La culpa ha sido de un crucifijo. Esta vez  han aprovechado una sentencia a favor unos padres vallisoletanos que pedían la retirada de todo símbolo religioso del colegio de su hijo. El órgano eclesiástico entra de nuevo en el juego mediático reclamando algo que defienden como propio e irrebatable. Eso en la forma, en el fondo estas recriminaciones a no se sabe bien qué o quién vienen provocadas por otra muestra más de que cada vez sociedad e institución católica están más alejadas.

Resurge así el polémico tema de la presencia de símbolos religiosos en las escuelas de carácter público. Esas que constitucionalmente,  además, deben ser laicas. El Cardenal Carlos Amigo pide respeto a todos los símbolos religiosos, y  añade que las medidas drásticas, como la supresión de la presencia de crucifijos, no educan a las personas.

Sin embargo, ellos no predican con el ejemplo. Cada vez que se acepta que algún alumno de religión musulmana porte velo en el centro escolar de forma individual ponen el grito en el cielo, y nunca mejor dicho. ¿Dónde está ahora el respeto que tanto defienden y reclaman?

Y es que la Constitución del cambio, la de 1978, promulga la libertad ideológica y de culto. Toda familia puede decidir qué tipo de educación deben recibir sus hijos. Así mismo, en dicho texto se anuncia que la escuela pública  será, además, “garantía de neutralidad ideológica”. En una deducción lógica, la justicia, que debe regirse por este documento superior, es la encargada de proteger esta libertad de ideas. Por la misma deducción lógica, deben considerarse los crucifijos símbolo de una tendencia de pensamiento, esa de la que constitucionalmente cada persona es libre.  Posiblemente por ello  muchos padres acudan a la enseñanza pública desechando así otro tipo de alternativas.

Es cierto que la Iglesia ha sido protagonista principal de una gran parte de la historia de España. No es necesario echar la vista demasiado atrás ni remontarse a los libros de historia  para encontrar muestras de ello. Hace apenas treinta años, por devoción propia o por imposición gubernamental, formaba parte básica de la vida de todas y cada una de las personas. Por suerte o por desgracia, el órgano eclesiástico ya no es lo que era, ya no es esencial en la vida de los ciudadanos, ya no decide por ellos,  ni reina en la totalidad de los ámbitos y espacios de la vida pública. Salta a la vista la distancia a años luz que en nuestros días la separa de una gran parte de la sociedad.

La institución católica debe aceptar que en los últimos treinta años su relación con el gobierno de turno ya no es la que era, ni siquiera se asemeja a lo que desearían. Y aunque siempre quedarán nostálgicos de una pasada vida, dudosamente mejor, sociedad e Iglesia siguen caminos que cada vez se separan más. Y es que tres décadas dan para mucho. Ahora ser católico, aunque a veces se le olvide a la Iglesia, es una opción.

1 Comentario

  1. Hola María,
    al leer tu artículo he echado en falta un par de cosas: pienso que la primera es aclarar la diferencia entre Estado laico y Estado laicista (que no es lo mismo) y la segunda apuntar que la sentencia de Valladolid fue el empeño personal de un solo padre. ¿Qué opinan el resto de padres del colegio? Y en fin, en cuanto a las relaciones de la Iglesia con el Estado, nunca fueron fáciles, pero no debemos olvidar por justicia histórica que abusos se han dado por ambas partes. Pienso que la Iglesia no busca imponerse a lo nacional catolicismo (porque eso hoy día no hay por donde cogerlo), sino que sus miembros puedan ejercer su fe con libertad (y te hablo en general, no sólo del caso concreto de los crucifijos). Gracias por haber abierto con tu artículo un foco de opinión sobre un tema tan controvertido e importante. Un saludo

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