La Huella musical de… Miguel Ángel Ruiz, director de La Casa con Ruedas

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Miguel Ángel Ruiz es productor, webmaster y coordinador de La Casa con Ruedas. Un proyecto que se basa en el intercambio cultural y la promoción de las propuestas independientes, especialmente orientadas al ámbito musical. Sus dos vertientes consisten en la promoción de la cultura musical a través de noticias, reseñas de discos y organización de conciertos y por otro lado en la producción de nuevos proyectos.

En este sentido ofrecen a las propuestas musicales que les parecen interesantes su estudio para producir gratuitamente la grabación de un disco, EP o lo que se decida. Una vez terminado, el grupo o solista será el dueño del máster y podrá hacer lo que quiera con él a cambio de que se les cite como productores.

 


La sonrisa de los tiburones. Música, Internet y derechos de autor

Me invitan los chicos de La Huella Digital a escribir sobre algo y decido meterme en líos. Cuando a uno se le pasa por la cabeza escribir sobre la situación actual de la música en el ámbito profesional siempre surgen los mismos miedos, miedos basados sobre todo en que los pareceres y las opiniones sobre el asunto varían (y a veces mutan) tanto y tan deprisa según la posición que se ocupe, que intentar un ejercicio de mediación entre las partes es poco menos que imposible.

Como mínimo ya es complicado saber reconocer esas partes, y como es complicado, este punto es el que más se utiliza para manipular la información. El eslabón débil, ¿quién contra quién? Hay quien se esfuerza en limitar la cuestión a un combate entre dos bandos: discográficas y sociedades gestoras de derechos contra internautas. El blanco contra el negro. Obviando los grises, que como en muchas discusiones suelen ser los lugares donde se encuentran las soluciones, divide y vencerás. Cuando uno se para a pensar en el asunto y ve que realmente no está en la mano (ni en las ganas) de ninguno de los bandos solucionar el problema, es fácil llegar a la conclusión de que toda esta discusión favorece a alguien, a un tercero que, como siempre, se lleva la pasta y que suele estar lejos de los titulares sobre leyes y cierres de webs que se pueden leer en la prensa cada vez que se reaviva la discusión. De hecho, si eliminas de la ecuación el dinero (el que unos no se quieren gastar y el que otros no quieren dejar de ganar), ella solita se despeja y todos contentos.

La industria de la música no ha cambiado tanto desde que la cosa empezó a dar beneficios. Siempre ha habido, y ahí están las hemerotecas, un pez gordo que ha ganado un montón de pasta a costa de la creatividad del músico, que casi siempre solía estar más ocupado en componer, comprar guitarras o atender a las grouppies. Trabajo duro el del músico, duro e ingrato, porque después de algunos años normalmente su carrera solía llegar a un ocaso creativo que le hacía producir menos dinero, desaparecer de las listas y consecuentemente llegar a la ruina o al retiro musical pagado con los beneficios que, aunque grandes en algunos casos, no lo eran más que los que obtenían las compañías de discos que dirigían sus carreras y que además, sin tardar demasiado, encontraban un sustituto y la rueda comenzaba a girar de nuevo.

Ahora, como todo el mundo sabe, la cosa ha cambiado. Gracias a las Nuevas Tecnologías no son tan necesarios los intermediarios, ni los estudios son tan caros. Cualquiera puede grabar un disco, fabricarlo, distribuirlo en formato físico (el que se atreva aún) y digitalmente a través de iTunes o Spotify. Pero la Red es libre, la música de una forma u otra  siempre se podrá compartir a través de Internet con los colegas sin que haya que pagar un pavo por los discos. ¿Sin que haya que pagar un pavo? El pez gordo del pasado ha mutado y ahora en vez de fabricar los discos, meterlos en camiones, llevarlos a las tiendas y venderlos, nos facilita la conexión directa entre el creador y el consumidor de música fabricando la ilusión de que es gratis, pero no lo es. La pasta pasa de las discográficas y demás intermediarios a los proveedores de esa conexión. Entonces surgen las quejas y las discusiones. Unos no quieren dejar de ganar dinero y otros prefieren no pagar, si pueden evitarlo, por descargarse gratis contenido sujeto a derecho de autor sin autorización. Aquí encontramos otra clave de este asunto.

¿Qué derechos tengo yo, como autor, sobre mi obra? La obra que yo he creado, con más o menos calidad, más comercial o menos, es fruto de mi trabajo y creo que debería tener derecho a decidir sobre ella, a decidir regalarla o a decidir cobrar el precio que estime oportuno por las canciones. Esto es algo que obviamente no cabía plantearse antes, y lo decidía el sello, pero ahora, que muchas veces la autoproducción es la salida de muchas propuestas musicales, es un asunto que el autor tiene que decidir por él mismo. Y resulta que si decides poner la música gratis eres un tipo majo y, por contra,  si decides cobrar por la música que tú haces, por tu trabajo, entonces cambian las tornas, ya no eres tan majo, de repente muchos de los que te conocen a través de la Red recelan de ti, no comprenden por qué pretendes cobrar por algo que “normalmente” consiguen gratis, sin importarles cómo. Normal, por otro lado, en este país en el que vivimos todos, adalid de la cultura del todo gratis. Si no te lo regalan, puedes optar por no comprar el disco. Hasta aquí todo correcto, pero deberíamos darnos cuenta todos que comprándolo no se adquieres el derecho de ponerlo a disposición de todo el mundo en Internet sin permiso del autor.

Es muy sencillo, si el dueño del trabajo no te ha dado permiso no puedes hacerlo, no puedes, o no deberías, pasar por encima de él. Ojo, no estoy hablando de las discográficas, ni “SGAEs”, ni demás, sino del autor. Tampoco estoy hablando de dinero aunque me sirva como excusa. Pretendo incidir en el derecho del autor de canciones a decidir sobre su obra, como decide el pintor sobre sus cuadros o el escultor sobre sus esculturas. Curiosamente en una época en la que las facilidades a las que he aludido antes hacen que cada vez más gente pueda mostrar sus propuestas, parece más difícil que nunca ponerlas en valor. Y es porque al fin y al cabo los que nos dan la conexión son los que “regulan” nuestra libertad. Si la conexión es más lenta, ¿no nos sentimos frustrados?, ¿no nos fastidia no poder ver los videos de Youtube porque se cargan muy lentos? Ellos son los que nos dan la libertad de enseñar nuestro trabajo directamente y de comunicarnos con todo el mundo, pero también alimentan nuestra necesidad y dependencia. Tenemos que seguir trabajando y disfrutando de los contenidos en Internet, pero no perdamos la perspectiva, no discutamos entre nosotros. Hay que darse cuenta (o querer saber) quién mueve los hilos para hacer las leyes con justicia y no criminalizar al usuario que paga la cuota de su conexión ni hacer ver a quién le jode que pasen por encima de sus derechos como un enemigo de los anteriores, que normalmente también es usuario de Internet.

Por esto, desde La Casa con Ruedas intentamos dar prioridad al creador. Facilitando la grabación a las propuestas musicales que nos parecen interesantes para que el autor o autores hagan lo que quieran con ellas, regalarlas o venderlas. Apoyamos al creador desde la base, ayudando con la grabación mediante entrevistas, artículos, reseñas de discos, organizando conciertos, etc. Intentamos así trabajar sin más quedarnos al margen de esta discusión, que realmente no nos importa, porque sabemos quiénes son los que sostienen este tinglado… ¿o no?

Firmado: Miguel Ángel Ruiz.

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