La historia se repite, esta vez en la Universidad de Virginia

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Suele decirse que las únicas armas con las que cuentan los universitarios para defenderse son ellos mismos, sus palabras, sus ideas, su ímpetu de romper con todas las injusticias del mundo.
El pasado lunes 16 de Abril, un chico de 23 años provocaba una terrible matanza en la universidad de Virginia, Estados Unidos. No lo hizo con un cuchillo, sino con pistolas. A bocajarro, primero contra dos estudiantes de la residencia y a continuación con una treintena de alumnos en las aulas. Armas en lugar de bolígrafos y libros.

Hoy sabemos que el asesino, Cho Seung Hui, había tomado antidepresivos y que su actual estado mental no era el adecuado para estar en posesión de armas de fuego. Dejó notas escritas en las que afirma “ustedes me obligaron a hacerlo”. Y vaya si acabó cumpliendo su palabra.

Tras los lamentos por la terrible matanza, hay una reflexión que en Estados Unidos debería estar ya más que cimentada. La tenencia lícita de armas, es un derecho constitucional de todo ciudadano estadounidense, reconocido por la segunda enmienda a la constitución que reza así: Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas.

Ahora bien, como se ha demostrado en multitud de ocasiones, y ésta es una más, ese derecho del pueblo sólo sirve para que perturbados mentales tiren de gatillo a las primeras de cambio, o simplemente que un padre de familia, en su excesivo celo proteccionista, mate a tiros al amante de su hija porque le caiga mal.

Ya pasó en Columbine, aunque aquello era un instituto, algo aún más grave. Deberían replantearse, y la Asociación del Rifle la primera, si de verdad tiene sentido mantener esta enmienda. Si lo hacen por la industria militar, entonces pueden irse quitando la túnica de democracia, porque habrán puestos los intereses económicos por encima del bien más preciado, único y salvaguardado por todas las democracias, que es la vida.

La historia, dice una canción, se repite. Nuevamente aquella se ha sucedido, pero nadie había aprendido. Y toca llorar. Y tocará una y mil veces más hasta que nadie se levante y se plantee que diablos hacía un alumno de una universidad con dos pistolas, en lugar de ir con su carpeta de apuntes y un manoseado libro de la biblioteca.

A LA MEMORIA DE LOS 32 FALLECIDOS EN LA UNIVERSIDAD VIRGINIA POLYTECHNIC INSTITUTE & STATE UNIVERSITY (VIRGINIA TECH)

Fuentes del Texto:
http://usinfo.state.gov/usa/infousa/facts/funddocs/constes.htm

http://www.elpais.com/articulo/internacional/

Fuentes de la imagen;

http://www.noticiasdealava.com/

http://www.20minutos.es

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