La historia interminable

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Una semifinal explosiva y ardiente, con alternativas y giros impredecibles, finalizó con la victoria de Rafael Nadal ante el número uno mundial, Novak Djokovic (6-4, 3-6. 6-1, 6-7, 9-7). El partido acerca al tenista balear a su octavo triunfo en Roland Garros. La final (15.00 horas, Telecinco) verá un cruce entre españoles; el alicantino David Ferrer, que se impuso al local Jo-Wilifried Tsonga (6-1, 7-6, 6-2), es el último obstáculo para el vigente campeón.

Vio la jornada del viernes dos partidos mayúsculos, memorables. Abrió la colosal tarde de tenis el duelo en la cumbre entre las dos raquetas del momento. El encuentro, majestuoso, acabó del lado de Nadal. Marcha el mallorquín camino de hollar otra cima, merodea las cercanías de un territorio aún no explorado. Ocho títulos de un mismo grande es otra de las barreras, nunca superadas, que el genial zurdo puede derribar. El coleccionista de plusmarcas huele nueva presa, sobre el albero de los prodigios y en su ciudad fetiche. Ferrer, amigo y compatriota, es el rival que le separa de un nuevo Roland Garros.

Rafa Nadal (27), durante la semifinal contra Novak Djokovic. Fuente: Roland Garros
Rafa Nadal (27), durante la semifinal contra Novak Djokovic. Fuente: Roland Garros

En el duelo contra Nole hubo alternativas y dominio alterno. Un continuo levantarse y caer para volver a repetir sensaciones –en el mismo orden o en el contrario– minutos después. El bucle infinito y agotador donde solo resisten los privilegiados. Una espiral difícil de habitar, lugar de rendición de tantos, y rincón preferido de Nadal. En la incertidumbre, en la tensión. Allí crece la fe de quien posee una cabeza privilegiada.

Peleaba el serbio por entrar a la final del único Grand Slam que se le resiste. Abajo y arriba, con sensaciones cambiantes durante todo el choque. Tras la igualdad del primer set, se pasó a la mejoría del serbio en el segundo; después de claudicar ante la fiereza del mallorquín en el tercero, resucitó el de Belgrado en el cuarto. Nadal, que siempre vuelve, resolvió en el quinto y definitivo, remontando (4-2 en contra) cuando la final parecía escaparse.

Claves que pueden anticipar por qué camino discurrirá la final se vieron en el partido entre número uno y tres del mundo. Djokovic fue más peligroso cuando apostó por la agresividad, por lanzamientos acelerados al fondo de la cancha. El brazo como látigo, para repetir sobre el revés del balear, achicándole a una esquina y obligándole a enseñar mucho espacio en el fondo de la cancha. Nole intentando hacerse con el mando de los puntos, golpeando plano y profundo. Ferrer, muy potente en sus piernas y con mejor manejo que el serbio de los efectos en la tierra batida, tendrá que saber madurar las jugadas, alargarlas y reducir errores.

El de Manacor, paciente como ninguno, regaló el viernes esbozos de su juego más ofensivo. Quiso rematar sus puntos –faceta en la que no se ha prodigado mucho durante el torneo–, coronarlos con el golpe definitivo. El español castigó a Djokovic con sus pelotas altas, muy incómodas para devolver. Tratará de repetir patrón de juego hoy, intentando jugar pesado y lento preferiblemente sobre el revés de Ferru. El de Jávea, imponente en todo el torneo, tiene dos perfiles muy equilibrados y repertorio suficiente como para poder competir frente al rey de la tierra. Los antecedentes no benefician al aspirante, aún menos sobre la superficie arenosa.

Beneficia al juego del vigente campeón el tiempo estable, con sol, poca humedad y escaso viento. Los 28 grados centígrados del viernes fueron una muy buena noticia para Nadal, pero difícil de repetir esta tarde a tenor de las previsiones meteorológicas. La posibilidad de interrupción o aplazamiento del partido es otro de los factores que puede jugar la final. Ferrer, excelente tenista en la plenitud de su carrera, tiene la posibilidad histórica de conquistar un grande y derrotar al rey de París, al dueño y señor del torneo; Nadal, con todos los adjetivos desgastados, busca seguir siendo protagonista de la historia.

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