La historia de una muñeca

0
539

La mayor parte de la obra de Franz Kafka (Praga, 1883) se ha conservado: novelas, relatos, diarios, abundante correspondencia… Sin embargo, algunos escritos fueron destruidos, perdidos o requisados por la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial. Es el caso de una correspondencia del escritor checo que nunca fue respondida, y que tampoco Kafka se preocupó de conservarla.

Parque Steglitz, Berlín. Autor y fecha sin determinar.

Dora Diamant, la última compañera del escritor, cuenta que un día de 1923, cuando los dos paseaban por el parque de Steglitz en Berlín, se encontraron con una niña que lloraba. Kafka le preguntó el motivo por el que estaba tan triste y ella respondió que había perdido a su muñeca. Él se inventó enseguida una historia: dijo que no debía preocuparse, porque la muñeca estaba de viaje; además le había entregado una carta para ella y él se encargaría de entregársela muy pronto. Kafka volvió a su casa y con la misma dedicación que ponía al escribir sus obras se dedicó esa misma tarde a escribir la carta prometida, para intentar convencer a la niña de que no debía estar triste, pues la muñeca se acordaba de ella.

Al día siguiente se encontraron otra vez en el parque; el escritor le entregó la carta y él mismo –debido a que la niña no sabía leer- la leyó en voz alta. En la carta, la muñeca explicaba que, aunque quería mucho a la niña, debía irse un tiempo, pero prometía escribirle a diario. La niña se alegró y a partir de ese día, Kafka se dedicó a escribir una carta cada día, que siempre entregaba puntual en el parque. En la correspondencia, que se prolongó durante unas pocas semanas, la muñeca contaba sus aventuras, cómo era su vida, lo que hacía en el colegio… Al final, el autor pensó que debía darle un final a la historia: para que la niña comprendiera que la muñeca no podría volver, decidió que tenía que casarse, y para contarlo con detalle, explicó todos los preparativos de la boda en el campo y la celebración. Así, gracias a su imaginación e ingenio, el escritor consiguió que la pequeña receptora se olvidara del juguete perdido y se interesara más por las historias que contaba en sus cartas. Dora cuenta que cuando el autor decidió empezar a escribir la correspondencia de la muñeca “entró en el mismo estado de tensión nerviosa que lo poseía cada vez que se sentaba a su escritorio, así fuera para escribir una carta o una postal”.

Esta historia aparece detallada en el libro Cuando Kafka vino hacia mí, que recoge testimonios sobre el escritor recopilados por Hans-Gerd Koch. Criadas, enfermeras, amigos, compañeros de clases de hebreo… describen el recuerdo que guardan del escritor y entre todos los testimonios es posible apreciar su lado más humano y sencillo.

Foto principal: autor desconocido.

Dejar respuesta