La herencia del popurrí: crisis de valores en China

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China está sumida en una crisis de valores. El fervor iconoclasta se ha llevado el antiguo sistema de valores, pero no ha sido sustituido por nada. La sociedad, según Julio Arias, “carece de una brújula de principios cívicos, políticos, laicos o religiosos que les ayude a mantener el rumbo a través de la tumultuosa transformación social y económica que está viviendo. La falta de respeto por las normas de tráfico o la ausencia de actitudes cívicas basadas en valores comunes son ejemplos fácilmente perceptibles en cualquier ciudad, pero el problema es de fondo”.

En Asia, países como Corea del Sur y Taiwan vivieron experiencias similares.  Pasaron de forma rápida de sociedades militares a sociedades industriales. Al abandonar sus antiguos valores marciales tuvieron que crear un nuevo sistema basado en los principios de convivencia cívica.

Mao Zedong hace 57 años, acabó con los valores tradicionales. Sustituyó éstos por los maoístas. Ahora, los tiempos cambian y hacen falta nuevos valores. Una mezcla entre Confucio, Marx y la exaltación del éxito económico son los que parecen triunfar. Mao pretendía con el cambio hacer una sociedad nueva. Acabar con el patriarcado, la servidumbre…e introdujo lo que se ha llamado “el socialismo igualitario”, o como lo definen algunos, un concepto moderno de justicia social. Esta revolución llevó  al país asiático a bogar entre diferentes conceptos, entre lo antiguo y lo moderno. El Partido Comunista estaba destrozado y muchos de sus dirigentes habían sido eliminados. Más tarde, con Den Xiaoping se abogó  por una apertura en busca de nuevas soluciones. Pero no funcionó y entonces, se llegó a un vacío ideológico, que hoy sigue vigente.

Esta crisis de valores produce efectos positivos. Algunos de ellos son: la creación de espacios personales para los jóvenes, la emancipación sexual de la juventud, el redescubrimiento de la religión. El Partido Comunista ya no decide dónde deben trabajar los jóvenes, con quién casarse y pueden besarse en la calle sin tener que esconderse de las patrullas de la moral. En cuanto a la religión, existen más de cien millones de creyentes, entre los que destacan budistas, cristianos y musulmanes. Sin embargo, los templos budistas se convierten en centros comerciales, como el Starbucks en un pabellón de la Ciudad Prohibida.

Entre los factores negativos encontramos: un capitalismo basado en la deshonestidad, la extravagancia de los nuevos ricos, la imposición de antivalores del capitalismo salvaje, el crecimiento de la industria de las falsificaciones (el 70 % de las falsificaciones incautadas en la UE provienen de China), el auge de grupos ultranacionalistas (con las últimas protestas violentas contra los japoneses), el aumento de la criminalidad y de las mafias, la corrupción de los funcionarios, el abuso de poder…

Las últimas iniciativas oficiales que hacen hincapié en la justicia social indican que el Gobierno quiere establecer un marco de reglas basado en una combinación de virtudes a la vez patrióticas y socialistas. Como los ocho mandamientos de Hu Jintao:

  • ama a la patria, no la dañes
  • sirve a tus conciudadanos, no los perjudiques
  • apoya la ciencia, no seas ignorante
  • trabaja concienzudamente, no seas perezoso
  • sé solidario: no busques tu propio beneficio a costa de otros
  • sé honrado y no busques ganancias a costa de tus valores.
  • sé disciplinado y obedece las leyes: no seas caótico ni desobediente
  • aprende a vivir sencillamente y a apreciar el valor de las cosas, no te revuelques en lujos y placeres.

También el Gobierno destaca los desequilibrios sociales, que hace que el país se desestabilice pese a su gran crecimiento económico. Se busca armonizar la política gracias a una globalización de valores comunes. Es decir, aplicar el confucianismo y su idea de armonía social a la vida política. Pero el maremagno de ideas que se dan, dificulta la tarea de crear un contenido moral común.

Siempre se ha tenido la idea de China como espiritual, la china religiosa y de los valores. Un país basado en las ideas tradicionales, a menudo exportadas a Occidente, como símbolo de modernidad. La acupuntura, el taoísmo, el budismo, el feng sui…son sólo algunos de estos ejemplos. Pero con la globalización, parece que han recibido nuestra herencia moderna a cambio. Una herencia del popurrí. Una olla donde echamos una serie de valores de todo tipo, sin tener en cuenta la armonía del guiso.

Fuente del texto:
Foreign Policy (www.fp-es.org)
Fuente de la imagen:
http://i.treehugger.com/files/th_images/McDonalds%20(Small).jpg

1 Comentario

  1. La ausencia de rumbo de la cultura en el capitalismo se refleja en la desorientacion en las familias. Los padres no saben como llevar a sus hijos, por eso debe plantearse seriamente el establecer una asignatura con valores solidos familiares. Llamese “Valores”, Educacion para la Ciudadania” pero es urgente determinar un marco de convivencia con los jovenes.

    Los padres deben partir desde bases sólidas como:

    Empatia. No responder a las provocaciones e insultos con la misma moneda. Ser apaciguador pero determinante.

  2. En España se está confundiendo democracia con mala educación y escatología de toda índole. Aunque bueno, eso solo en los medios de comunicación. Pero no son un ejemplo cívico. Debemos exigir educación en nuestros medios, de lo contrario, se genera violencia y empobrecimiento cultural.

  3. Abrazos a los que llevais La huella Digital. Las gacetas universitarias que abundan en las facultades son creadas por los comerciantes y no por estudiantes. No son más que panfletos que incitan a comprar coches e irse de copas a los tugurios que mandan las mafias de la noche y el ladrillo.

  4. La herencia del popurrí: En España también estamos sufriendo ese proceso de colonialismo: arquitectura racionalista norteamericana, centenares de canales de televisión que son todo propaganda y que cercenan la calidad televisiva, todoterrenos dodge y jeep, el starbucks bodrio ese que pone un café que es trilita, etc, etc. Mas cálidad y menos cantidad sería un buen comienzo en este siglo XXI.

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