La Habana se viste de alegría

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Frente al gran tetro de La HabanaHacen falta más de quince días para comprender la complejidad de esta ciudad, pero sólo son necesarios unos minutos de estancia para darse cuenta de que la vida de sus habitantes y la nuestra no pueden ser comparadas. La Habana, también llamada La Ciudad de las Columnas, tiene encanto se mire por donde se mire. Porque detrás de sus viejas fachadas hay personas que afrontan cada nuevo día con la mejor de las sonrisas, porque dentro de cada coche de los años cincuenta hay un taxista con una historia que contar y porque sólo los cubanos son capaces de sacar partido a una lata, a un trozo de madera o a unas semillas.

Palacio de la RevoluciónPero no nos engañemos, los cubanos no son tan pobres como nos hacen creer los políticos y los medios de comunicación. Vale que sus casas no tienen nada que ver con las nuestras, y que pocos son los que tienen un salario portentoso como para destinarlo a arreglar la fachada de su edificio, pero el caso es que todo el mundo tiene un techo donde refugiarse, todo el mundo tiene nevera, televisión, educación completamente gratuita (incluyendo uniforme y material escolar), transporte público muy asequible para todos los bolsillos, sanidad pública y si me apuras, hasta el entierro está subvencionado por el Estado. Y si hay escasez de algunos recursos habría que achacarlo más al bloqueo estadounidense que al gobierno del país. Este detalle, por nimio que parezca, es algo que a mucha gente se le olvida.

Uno de los múltiples murales con consignas políticas que se pueden ver en CubaNo digo que Cuba sea el país perfecto para vivir, pues como todos sabemos hay restricciones para viajar o para acceder a la información internacional. Pero desde luego, cuenta con una serie de servicios gratuitos que ya los quisiéramos para nosotros. Además, si tenemos en cuenta que como régimen comunista que es no tiene industrias, ni fábricas ni nada que se le parezca, y que su principal recurso económico es el turismo, es evidente que necesita de importaciones, esas a las que EEUU lleva poniendo trabas desde hace décadas. ¿Berrinche por el triunfo de la revolución cubana? Es posible, pero ya va siendo hora de que, como primera potencia mundial que es, empiece a dar ejemplo y deje de asfixiar a una población que vive de la artesanía y de sus buenas relaciones con los visitantes de la isla. Porque si hay una virtud estrella de la que gozan los cubanos es, sin duda, el don de palabra. No escatimarán en esfuerzos para venderte lo que haga falta, con el humor y el salero que les caracteriza. Da igual que hables en castellano, en francés o en inglés, son tan recurrentes que te harán ofertas nunca antes imaginadas. El calor caribeño y el reguetton junto con un daikiri o un mojito pondrán la guinda a un viaje de ensueño, donde ni las más fuertes restricciones podrán acabar con uno de los pueblos más acogedores del mundo.

Plaza de la Revolución de nocheOtro de los encantos de este país es la vida cultural de que gozan. No olvidemos que El Ballet Nacional de Cuba es uno de los mejores del mundo, pues sólo la gracia de sus habitantes puede hacer del arte la mejor de sus expresiones. El eficaz sistema de enseñanza artística se comienza a estructurar en 1962, cuando toda la educación cubana empieza a ser completamente gratuita y subvencionada por el Estado, desde la primaria hasta la universitaria y de posgrado. En esa fecha se inaugura en La Habana la Escuela Nacional de Arte, donde se comenzó por la Escuela Nacional de Ballet, dirigida por Fernando Alonso. Pero este es un tema extenso del que cabría hacer un reportaje aparte y no sólo la danza enriquece a este país culturalmente hablando. También hay museos para todos los gustos, el más conocido de ellos El Museo de la Revolución y el Memorial Granma en Centro Habana, cerca del Capitolio. Pero si nos adentramos en La Habana Vieja, encontraremos, entre otros muchos lugares de obligada visita, los museos del chocolate, del naipe, del tabaco, del perfume, del ron y la casa natal de José Martí, y en el Vedado el museo de la danza. En definitiva, La Habana es el paraíso de la cultura y un lugar que todo el mundo debería visitar, al menos, una vez en la vida.

Fuentes del texto:
www.danzaballet.com
Fotos propias

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