La guerra es la paz en el eje del mal

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Corea del Norte ha aceptado finalmente la propuesta de abandonar la carrera nuclear a cambio de recibir ayuda energética. Esta declaración supone el comienzo del fin de un conflicto que arranca en junio de 1950, bajo el contexto de la guerra fría, y que continúa enfrentando, desde entonces, a los Estado Unidos con Corea del Norte, ya que en el 53 la guerra concluye con un armisticio y no con una declaración de paz, lo que significa que técnicamente la guerra no ha terminado.

Durante los últimos meses, las fricciones entre EE.UU y Corea del Norte habían ido en aumento, tras declarar el gobierno de Pyongyang, el ensayo con éxito de pruebas nucleares en octubre de 2006.

A pesar de la crisis internacional, los norcoreanos han decidido abandonar el camino nuclear y con ello obtendrán ayudas económicas y energéticas, al tiempo que dejará de ser un “Estado patrocinador del terrorismo”. Por supuesto, el eje del mal dejara de pasar por su geografía.

A Corea le ha bastado desafiar a la sociedad internacional con su carrera nuclear para alcanzar el sendero de la paz. Dijo adiós al tratado de no proliferación y continúo ensayando con plutonio ante la mirada desafiante del mundo. A Irak le bastó sólo una sospecha infundada para ser invadida por fuerzas internacionales. ¿Qué ocurre entonces en Corea del Norte?, el Centro de Datos del Tratado para la Prohibición de Pruebas Nucleares confirmó en que registró una explosión de magnitud 4 en Corea del Norte, más tarde el gobierno de Pyongyang contrastó la información. A pesar de ello, ningún país declaró la guerra ni se llevaron a cabo invasiones.

Los intereses de los Estados son los que determinan que país se invade. Sin embargo, esos intereses no son los que llegan a los ciudadanos, a ellos se les vende heroísmo, patriotismo, se les enfrenta contra un Estado y se les dibuja al enemigo internacional, antes los comunistas, ahora el terrorismo.

Parece que la posesión de armas nucleares no sólo disuade a los enemigos sino que abre la mesa de diálogo. En otras palabras, es la condición necesaria para poder negociar.

Por desgracia el contexto internacional es así, los que tienen una mayor fuerza devastadora son lo que manejan los hilos allá donde van y esa es la explicación de su insistencia en que nadie más tenga bombas nucleares. No sólo las prohíben, también obligan a desmantelar todo aquello que tenga que ver con su elaboración. Todo esto no se aplica si el Estado que obtiene el arma nuclear es amigo, como ocurrió con Israel.

La pregunta es, ¿por qué no desmantelan también sus arsenales nucleares? Ese gesto si sería convincente; daría consistencia a sus propios actos y al tratado de no proliferación nuclear. Pero la realidad tiene más peso y asistimos a esa puja por ser el más fuerte dentro del panorama internacional para poder decidir lo que se tiene que hacer. Parece lógico pensar que desarmando a los aliados sólo damos ventajas a los enemigos pero es cierto que se podría crear un organismo transnacional que dispusiera del arsenal nuclear para mantener la seguridad internacional. Pero esta absurda idea tiene un trabajo que ningún estado está dispuesto a ofrecer.

Al menos, nos quedamos con el dialogo entre rivales para buscar el entendimiento. Creo que ese es el verdadero armamento que puede garantizarnos la seguridad, el entendimiento guiado por el diálogo.

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