La grieta balcánica

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Han pasado 13 años desde aquella guerra en los Balcanes, ante la cual se rindieron todas las televisiones de occidente bajo un goteo continuo de imágenes del conflicto más atroz desde la Segunda Guerra Mundial.
Después de aquello, de momentos como el asedio a Sarajevo bajo las manos del líder político serbo bosnio Rodovan Karadzic, tras lo cual se ganó el sobrenombre de el ‘Carnicero de Sarajevo’, y ante la mirada impasible de la comunidad internacional y el beneplácito del líder serbio Slodoban Milosevic, Sarajevo quedó destrozada y sus habitantes mutilados, asesinados y perseguidos. Desde entonces, ahora la imagen de la ciudad es distinta, gracias a una financiación internacional, aunque las huellas del verdugo siguen presentes en muchos edificios en forma de bala y en la mente de muchos supervivientes. Sarajevo, la capital bosnia, es el ejemplo más real de cómo quedó la situación del país tras la paz de Dayton, que puso fin al conflicto bélico en 1995. Acuerdo que tiene otros precedentes como Vance-Owen, Owen-Staltenberg y el Plan del grupo de contacto. Finalmente fue el Acuerdo de Dayton o Paz de Dayton el que se firmó con el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, por parte de el líder serbio Milosevic, el líder croata Tudjman y el líder bosnio Izetbegovic. Este plan de paz hizo la siguiente repartición de Bosnia: la República Srpska (RS) y la Federación Bosnio-Croata. La actual Constitución se basa en este acuerdo que, muy lejos de querer crear un verdadero país, construyó un nueva bomba de relojería. Tres nacionalidades y dos entidades: Federación Bosnio-Croata, RS y un Estado Central, de los cuales surgen 14 parlamentos, 14 consejos de ministros y cinco presidentes. La consecuencia de todo esto es un estado feudal y una situación cada vez más insostenible. Ahora la UE quiere participar y reformar la Constitución, ahora parece estar clamando perdón. Se ha aprobado recientemente un programa estratégico de seis puntos para impedir un nuevo colapso del cual sería responsable.

Esa fue la solución y ahora, en las últimas elecciones, los nacionalistas han tenido un mayor auge de nuevo. El discurso de la campaña electoral ha ido en la dirección de temas nacionales y étnicos en vez de abordar asuntos sociales problemáticos, como que el sueldo promedio de un mes sea de 370 euros y que haya un paro del cuarenta por ciento. En Bosnia sigue habiendo división, consecuencia de la limpieza étnica durante la guerra, cada uno de los territorios controlados por las tres etnias son ya monoétnicos, a lo que se le suma la visión segregacionista por parte de los políticos: los representantes croatas exigen su propia entidad, los serbo bosnios amenazan con separarse y entre los líderes musulmanes hay posturas diversas, unos apuestan por un estado unitario, mientras que otros no querrían nunca compartir la unidad con las otras etnias. Todas estas posturas no son verdades absolutas, siempre hay y habrá diferentes opiniones entre la población a cerca de su convivencia con las otras etnias, pero sí es cierto que después de la guerra esta convivencia ya no es ni será nada fácil.

En estas elecciones  del pasado octubre, el Partido Independiente Social Demócrata (representante serbo bosnio) del Primer Ministro Milorad Dodik, ganó las alcaldías de 49 ayuntamientos sobre 62; el Partido de Acción Democrática (SDN) del ya fallecido líder musulmán Alija Izetbegovic, obtuvo 36 y la Unión Democrática Croata (HDZ) 16. A toda esta situación tan caótica dentro de Bosnia hay que añadirle la habitual pobreza y corrupción que sufre el país.

Un ejemplo de esta división es Srebrenica que, cerca de ser la ciudad bosnia que sufrió de manera más indiscriminada la limpieza étnica, hoy se ve bajo el yugo de su enemigo. La ciudad está liderada por la mayoría serbia, pues tras Dayton quedó ubicada en la subdivisión de la RS, que cuenta con el 90 por ciento de serbo bosnios. Mayoría que se logró después de la masacre perpetrada en 1995 por el dirigente militar serbo bosnio Ratko Mladic, en la que murieron 8.000 musulmanes varones con el objetivo de la limpieza étnica de la zona. No solo los varones sufrieron la persecución, también se produjeron asesinatos de niños y mujeres. Esta vez sí que la comunidad internacional, la ONU, pudo evitarlo, pues se encontraban desplazados en el lugar efectivos de los cascos azules holandeses, pero lejos de la realidad se marcharon y ahora ésta es su lacra. Los que sobrevivieron a la masacre aún hoy no pueden regresar.

No solo Srebrenica se convirtió en el objetivo de la zona, en muchas otras ciudades hubo huidas masivas y deportaciones, siempre con el discurso de la depuración étnica.

Tras la guerra se tuvo a Serbia en el punto de mira internacional y se le sometió a un bloqueo exterior del cual sale ahora bastante apurado. No se hizo bien durante el conflicto y no se ha hecho bien con Serbia, culpándole de todo lo ocurrido y bombardeando Belgrado por parte de la OTAN en 2000. Ahora Serbia tiene la oportunidad de demostrar a Europa como es ese país y su voluntad de entregar a genocidas como Karadzic, que ya está sentado en el banquillo del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY), y Mladic, aún prófugo de la justicia. Si es cierto que Milosevic era el líder serbio en la década de los 90 de la República Yugoslava de Serbia, también hay que recordar que su subida al poder coincidió con una radicalización del nacionalismo, que hoy siguen defendiendo grupos nacionalistas y ultraderechistas en Serbia. El turno de este país del este de Europa se encuentra ahora en la Haya, donde hay otra realidad a parte, una pequeña Yugoslavia desintegrada ante la justicia en el corazón de Europa, donde se han sentado y se sentarán ante el Tribunal líderes políticos genocidas croatas, bosnios y serbios, y donde la convivencia es tan difícil allí como en la geografía balcánica.

Parece que tras todo este mare mágnum histórico Bosnia jamás recuperará la paz, pues incluso las tres etnias que se dividen el territorio no se muestran muy dispuestas a ello. Este es el momento de la justicia, de Serbia, de la UE y de impedir con todo una nueva limpieza étnica sobre el ya castigado y ultrajado país de la antigua Yugoslavia.

Fuentes del Texto:
ABC, ediciones del 7-10-2008, 11-11-2008 y 19-11-2008 (www.abc.es)
Blanca Cruz Merino
Fuente de la imagen:
Blanca Cruz Merino

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