La furia roja

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“La furia roja”… o la “marea” como también llaman a la afición española se ha convertido en el último año en la envidia de Europa y parte del resto del mundo. Allá a donde va deja muestra de la elegancia, de la diversión, del saber estar, y de la alegría que deben ser insignia de una selección grande, en este caso de la más grande del continente. España enamora con el futbol, y la afición le devuelve el amor desde la grada. Todo es sintonía y armonía cuando a los 11 del campo se une el 12, España.
He estado en partidos del Madrid, he vivido en Sevilla 4 años conviviendo con sevillistas y béticos los días de los partidos, he estado en San Siro viendo al Milán… pero lo que viví el sábado en el Bernabeu fue único.

Tras semanas de buen tiempo el día se levanto triste, nublado, con el aroma húmedo que distingue a las jornadas lluviosas. Y así ocurrió, 3 horas antes del partido empezó a chispear, pero las ganas no se van con el agua, la pasión no se moja, y por lo tanto no mengua. Cuando salimos del metro, parada “Santiago Bernabeu”, nos encontramos con el gran escenario que tantas batallas ha presenciado a lo largo de su historia, imponente como siempre, y bajo él las miles de personas equipadas con banderas, bufandas y bocinas vestidas para la ocasión.

Butragueño en una cabina abierta al público en directo de RTVE siendo entrevistado, gente bañándose en piscinas de bolas, niños jugando a la videoconsola, grupos haciéndose fotos, otros comprando en los puestos preparándose para el partido… y como no, los que no pueden faltar con el tambor, el bombo y la trompeta animando lo que parecía difícil animar más. En seguida nos pusimos a saltar y cantar con desconocidos que se convierten en colegas por el simple hecho de llevar la misma bandera, la lluvia no importaba, porque pocas veces se da la oportunidad de disfrutar con “La Roja” y el agua no nos lo iba a estropear.

De lo mejor del partido, aunque parezca difícil de creer, fue el descanso. Los turcos debieron alucinar cuando sonaron temazos como “Paquito el chocolatero”, el “Porompompero”, o el mítico “Que viva España” acompañado del baile y el cante de todos los presentes…igual que aluciné yo cuando los 80000 espectadores que caben en el Bernabeu hicimos la ola dos veces consecutivas poniendo la piel de gallina.

Cuando juega España todo es diferente, no hablamos de liga ni de copa, ente caso hablábamos de mundial… no hablamos del Madrid, el Atleti o el Barça, hablamos de nuestra selección. Y por eso ese día te guardas tus colores propios y sacas los de todos, ese día eres rojo y amarillo, ese día ves a colchoneros que alaban a Casillas, ves a madridistas cantando a Fernando Torres, y ¿Por qué no?, también a azulgranas como Iniesta.

Yo que soy madridista hasta la médula cante el gol de Piqué como si fuera de Ramos, y lo celebré abrazando a un componente del “frente atlético” que vio el partido junto a nosotros. Cuando juegan los campeones todos somos uno, todos somos rojos y ese día el futbol, como nunca, es una fiesta, a la que asistes sabiendo que te divertirás. Porque como dice el canto “hemos venido a emborracharnos y el resultado nos da igual”, como quede el partido al final no importa, de hecho de aquí a unos años el resultado seguramente no lo recordaré, pero el rato que pase será inolvidable.

La Eurocopa fue el premio merecido a una afición que nunca ha dado la espalda y que tantos “palos” se ha llevado, ahora que creemos con derecho y que parte de los sueños se han cumplido, que la selección juega “de libro” y que la afición esta más unida si era posible…ahora podemos pensar en algo más.

¿Yes, we can… no?

Fuente de las imágenes:
www.google.com

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