La epidemia del siglo XXI

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Últimamente está corriendo un rumor por las solitarias calles de la sociedad. Se transmite como un virus en el jardín de infancia donde llevamos a nuestros hijos. Es rápido, es letal, y es imprescindible para la supervivencia.
Desde hace más de 2000 años padecemos esta infección. Nuestros ancestros de la raza humana se servían de ésta epidemia. Sobrevivían dándole un uso correcto. No había que abusar de ello. Tenía que tratarse de forma cuidadosa, casi mimándola como si un recién nacido estuviese llorando y no se quisiese despertarle. Algunas personas debían escoger, con un consejo a su alrededor, cada detalle que fuese a salir de sus labios, ya que de su boca podía salir un corrosivo y contagioso efecto capaz de movilizar a un país entero.
Así empezó la mayor catástrofe que se recuerda jamás en la historia de la humanidad. Todo el planeta estaba afectado y, eso no era lo peor de todo. Lo más cruel era que no existía cura. No se ha podido fabricar aún hoy un remedio para poner fin al contagio. Se intentó con algunos sujetos, obligados y voluntarios; pero el virus adoptó nuevas formas para sobrevivir en el organismo y desarrollarse.

Hoy, en el siglo XXI, empieza a mostrar los primeros síntomas de debilidad. Parece que después de tanto progreso, investigación científica y duro trabajo, el mal que padecemos todos los seres humanos empieza a fallecer. En nuestras formas más básicas de vida aún se mantiene, como si estuviese inscrito en nuestro código genético, pero a pesar de ello, se está muriendo.

La enfermedad ya no viaja con tanta facilidad como antaño. Los emisores y receptores del virus no encajan con tanta facilidad, no se propaga de forma adecuada. Es incapaz de romper las barreras que el hombre ha creado para él. La victoria parece volcarse más de nuestro lado. Nuestra suprema inteligencia ha demostrado que podemos buscar cura a todos los males que puedan surgir. Diferentes entre todos nosotros pero a la vez iguales, el virus del lenguaje, que sirve para nuestra comunicación y supervivencia, está siendo destruido por el ser humano.

Las personas de la misma especie ya no son capaces de entenderse entre ellas mismas. Los simpatizantes de un partido político no son capaces de entenderse con los del partido contrario. Hablan el mismo idioma dentro de una misma geografía, pero no poseen la habilidad para transmitir un mensaje que se reciba, procese y entienda.

Entre los jóvenes se estilan palabras inexistentes. Las faltas de ortografía brotan de la tinta de sus bolígrafos, creando un árbol de errores garrafales y lo peor de todo es, que no le dan la más mínima importancia. Se están rozando tales extremos, como poner en el final de todas las palabras la letra h. Uso muy común en la llamada cultura “bacalao”.

La incultura más colosal está implantándose en los jóvenes de la sociedad actual. Nuestra integridad escrita y oral se ve amenazada por los nuevos tiempos e innovaciones que el ser humano trae consigo y se siente orgulloso por hacerlo.

Efectivamente, al igual que con otros muchos aspectos, el ser humano es capaz de destruir el lenguaje y la comunicación.

Fuente de la imagen:
http://www.gratisblog.com/weblogs/piedelmundo/escribir.gif

1 Comentario

  1. tienes toda la razón compañero, la incultura y la falta de comunicación es uno de los males mayores que afectan a nuestra sociedad y se comienzan a transmitir con las nuevas generaciones es la plaga del Siglo XX

    un saludo

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