La épica del ciclismo

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El ciclismo profesional ya no es lo que era. Lejos quedan aquellas etapas míticas en las que la carrera se resquebrajaba varias decenas de kilómetros antes de llegar a la meta, aquellos tiempos en los que las diferencias se contaban por “minutadas” y los corredores llegaban fuera de control.
Recuerdo a Indurain, por ejemplo, en la 9ª etapa del Tour de 1995, con final en La Plagne, recortando diferencias progresivamente a un infatigable Alex Zülle que recorrió en solitario más de 100 kilómetros y acabó ganando una etapa con dos puertos de primera y uno de categoría especial. O la gesta del malogrado Marco Pantani en el Tour de 1998, en la etapa que finalizaba en Les Deux Alpes, cuando il Elefantino se ganó un puesto en el olimpo de los grandes escaladores (Coppi, Bahamontes, Gimondi, Van Impe…) atacando a Jan Ullrich en el Galibier para acabar sacándole nueve minutos en la meta. O la 15ª etapa del Giro de 1994, de nuevo con Indurain y Pantani como protagonistas, en la que el español se hundió en la ascensión a Santa Cristina mientras el italiano ganaba la etapa tras una espectacular exhibición en el Mortirolo.

El panorama ha cambiado notablemente. Ahora, los ciclistas son mucho más conservadores. La estrategia juega un papel fundamental y las tácticas de carrera no permiten que los corredores asuman riesgos innecesarios. Las disputas entre los favoritos de la general en las etapas de montaña se resuelven en los últimos cinco kilómetros. Y a veces ni eso.

¿A qué se debe el cambio?. Si tenemos en cuenta el avance tecnológico (bicicletas más ligeras, equipaciones de mayor confort, uso del “pinganillo”…), factor que presumiblemente favorece la competitividad, y que el perfil de las etapas prácticamente no ha variado, encontraríamos la respuesta en la aparición de un cambio en la mentalidad. Existe una máxima en la profesión que dice que la dureza de la carrera la forjan los corredores con su actitud, por encima de cualquier otra circunstancia. Desde luego, los nuevos tiempos corroborarían esa afirmación.

Al menos, los aficionados a la épica de este deporte todavía podemos encontrar algún que otro oasis de emoción gracias a etapas como la del viernes pasado en el Giro de Italia. David Arroyo, protagonista improvisado de la ronda italiana, defendió la “maglia rosa” en un vertiginoso descenso del mítico Mortirolo, dejando rezagado a todo aquél que encontraba a su paso y recordando por momentos al mismísimo Miguel Indurain. Lástima que Basso le arrebatara finalmente el liderato.

El Tour está ya a la vuelta de la esquina. Alberto Contador regresa para revalidar el título conseguido el año pasado. Quizá regrese también la épica.


Fuente del texto:
Elaboración propia.

Fuente de la imagen:
tour-de-france.cz

1 Comentario

  1. Has vuelto a la carga eh?;)

    Pos sí Pableras, tienes toda la razón, pero pasa en todos los deportes… mira en natación: ahora prohíben los supermegabañadores de última generación y a volver a competir con bañadores de toda la vida.. y yo me pregunto: ¿y los récords “ficticios” obtenidos con esos superbañadores quién los va a superar ahora? nadie. Ya no hay motivación deportiva..

    En fin, ¡Arriba el ciclismo tradicional y las carreras de Indurain!
    ¡¡y arriba ese aprobado de OP!!;)

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