La dimisión de Camps, ¿un acto de grandeza?

2
344

Lo que ha ocurrido en torno a la dimisión de Camps es el clásico juego del prisionero.  Un dilema que trata la confianza a la que pueden llegar (o no) dos personas implicadas en un hecho. La situación es la siguiente. Dos prisioneros conviven en celdas contiguas. No saben qué piensa hacer el otro cuando le toque hablar ante el juez. En caso de declararse culpable los dos, ambos pasan a prisión con una pena menor por haberlo reconocido. En cambio, si uno confiesa y el otro lo niega, el que lo niega correrá con todos los cargos y saldrá libre el primero.  Es decir, es necesario que uno confíe en el otro y viceversa para arriesgarse y así salir los dos mejor parados. La desconfianza les llevará a una peor situación.

Con Camps ha pasado eso, sólo que a la inversa. Hablamos de consecuencias políticas, no jurídicas (eso vendrá en Otoño). Los cuatro implicados tenían la oportunidad de declararse culpables y permanecer en el cargo, pero era necesario que los cuatro hicieran lo mismo. ¿Qué ha pasado? Que dos de ellos lo han hecho, confiesan ser culpables, pero Camps se ha negado. Se declara inocente, rechaza las acusaciones y dimite. Y encima queda como el bueno por haberse ido, queda como el sacrificado por Rajoy y por España. Sale de la política por una puerta que no llega a ser grande, pero tampoco es la trasera, como debiera ser. Entre aplausos de sus colegas de partido, con la definición de “acto de responsabilidad” o “ejemplo de grandeza” y demás agradecimientos públicos. Mientras, los otros, declarados culpables, pagarán consecuencias políticas y, ya seguro, jurídicas. ¿Cómo es eso? ¿No tendría que dimitir el culpable y permanecer el inocente? Un inocente cuyos dos argumentos, por muy contradictorios que parezcan, han sido estos: “Yo me pago mis trajes” y un posterior “los trajes que me han regalado han sido por mi cargo en el partido, no por mi cargo público”.

No sólo eso, sino que ha sido una decisión de última hora, después de hablar con Rajoy y después de percatarse de que sería expulsado del PP si se declaraba culpable. Todo esto con los otros dos ya habiendo reconocido su culpabilidad. Es decir, es de suponer que los otros confiaron en que Camps iría con ellos de la mano, pero en el último momento se echa atrás, mira a sus intereses y les da de lado.

El más listo, sin duda, Ricardo Costa. Hasta que no declare Camps yo no lo haré, vino a decir el otro día. Y así ha sido. La pregunta es: si tiene que esperar a que Camps se declare una cosa u otra, ¿no será porque es culpable? Un inocente lo diría de primeras, es de suponer, y no mantendría su responsabilidad en el delito en el aire.

Por otro lado, algo de razón no le falta a la prensa de derechas cuando señala ahora a los socialistas implicados en temas de Justicia para que éstos tomen la misma iniciativa que Camps. Evidentemente este apunte en esos medios está dirigido a desviar la atención, de forma triste como siempre, pero bien es cierto que dentro del partido socialista (y de la clase política en general) hay muchos que deberían replantearse su situación.

Aun así, y volviendo a Camps, parece mentira que su renuncia sea signo de orgullo para algunos, cuando en realidad ha hecho lo que tenía que haber pasado mucho antes de las elecciones de mayo. Queda como un profesional responsable por abandonar, en lugar de un político envuelto en una trama judicial de lo más sospechosa. Y lo peor de todo es que encima se va sonriendo….

Fuente de las imágenes
http://www.cadenaser.com/recorte/20110720csrcsrnac_8/LCO668/Ies/Camps-momento-comparecencia-ha-anunciado-dimision.jpg

2 Comentarios

  1. Da igual lo que haga este hombre le seguirán adorando, así es de vergonzoso, lástima que no tengan los ojos en la cara los que le votan. Y encima se ríe de todos….sic

Dejar respuesta