La cúpula de la discordia

0
270

El pasado 19 de noviembre se inauguró la obra de Barceló que preside la Sala XX del Palacio de las Naciones de Ginebra, desde entonces conocida con el nombre de Sala de los Derechos Humanos y la Alianza de Civilizaciones.
Con 35.000 litros de pintura el artista Miquel Barceló ha cubierto una superficie blanca de 1.400 metros cuadrados, convirtiéndola en un mar agitado por olas o una cueva de colores, según se mire. Antes de que fuera inaugurada la “Capilla Sixtina de Barceló”, como algunos la han llamado, ya era carne de las voraces y cainitas bocas que polemizan hasta el zumbido de una abeja. En este nuestro país, la crítica política ha precedido a la crítica artística pese a tener, una vez más entre nosotros, a uno de los artistas más reconocidos a nivel mundial.

La polémica ha venido servida en bandeja por el presupuesto económico con el que ha contado la remodelación de la sala, unos 20 millones de euros. Y en concreto, con los 8 millones de euros (el 40% del presupuesto total) que ha otorgado el gobierno español, de los cuales unos 500.000 euros proceden de los Fondos de Ayuda al Desarrollo ¿Cómo destina el gobierno 20 millones para una obra de arte en plena crisis? ¿A qué desfavorecidos del tercer mundo se les está robando la ridícula ayuda que recibían? Las cifras dan qué discutir y la demagogia hace el resto. Es cierto que con 500.000 euros se puede saciar mucha hambre o paliar enfermedades allí donde el Euribor es foráneo. También es cierto que con 20 millones de euros se puede comprar kilos y kilos de pan, y construir centenares de escuelas o clínicas. Incluso, si se invierte bien, hasta sobraría algo para conseguir unos cuantos botes de pintura con los que los niños del tercer mundo pudieran plasmar la huella de sus inocentes manos sobre la cúpula blanca de la discordia. De este modo, a lo mejor no se discutiría la eficacia del presupuesto millonario y la sala, quizás haría honor a su nombre o recordaría a los que allí se reúnen habitualmente, la importancia de la labor que aún queda por hacer. Pero si nos ceñimos a los hechos, esta monumental obra se inició en septiembre del año pasado y Miquel Barceló ha estado trabajando en este proyecto cerca de dos años, por lo que cuando se presupuestó esta iniciativa, la crisis, aunque se estuviera gestando, aún no estaba presente en la mente de nadie. Otra cuestión que merece respuesta es que el dinero procedente de los fondos de Ayuda al Desarrollo, según ha explicado el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, Ángel Moratinos, no pertenecen a los fondos contabilizados como ayuda oficial al desarrollo. Sin embargo, la polémica ha estado servida tanto por las lenguas ansiosas de repartir demagogia en los medios de comunicación y que a su vez amenazan a Moratinos con una moción de reprobación en el Congreso, como por la ineptitud del Gobierno por no saber defender la iniciativa que promovió bajo su benevolencia y por entrar en el mismo juego demagogo al discutir las vacunas que no diera el último gobierno que presidió la oposición. Cuando para hacer crítica política se ataca duramente a la sensibilidad artística, se daña al artista y se daña a la sociedad.  La obra puede tener tantos calificativos como percepción del arte tenga cada cual. Única e histórica en el mundo del arte para algunos, chorros y pegotones de pintura indescifrables para otros. Pero al fin y al cabo se debe juzgar de otra manera sino como lo que es: arte.

Todos estamos de acuerdo con que la ayuda al tercer mundo es insuficiente, se podría quitar un poco de allí y un mucho de allá: de los coches desproporcionalmente equipados que usan algunos políticos, de la inversión pública que reciben algunos equipos de fútbol, de las bodas reales, y de tantos otros actos o iniciativas que, de ponernos a cuestionar, hacen de la pieza de Barceló una anécdota sin importancia. El mismo día que se inauguró la obra de Barceló, el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria  (IECAH) presentó, en colaboración con Médicos Sin Fronteras, un estudio que destaca el preocupante retroceso experimentado por la financiación de la ayuda humanitaria de los países más poderosos desde 2007. En estos momentos de crisis, la hecatombe financiera se presenta en los países pobres mediante la congelación de la ayuda exterior. Según la FAO la crisis alimentaria de los dos últimos años, que alzó el precio de los alimentos, ha elevado el número de personas desnutridas en el mundo en 73 millones y sus previsiones de futuro son nefastas. Por otra parte, los creadores de este estudio piensan que el Comité de sabios, surgido en Naciones Unidas para influir en los Gobiernos occidentales y pedir que se mantengan sus partidas económicas para ayuda internacional, no dará muchos frutos. Porque la ONU como tal, ha perdido protagonismo ante la crisis mundial y mientras se lleva a cabo su propia reforma, no tiene capacidad de intervención alguna. Eso sí, en la espera, los 700 ocupantes de las butacas de la Sala de  de los Derechos Humanos y la Alianza de Civilizaciones, se podrán recrear en la grandiosa obra de Barceló. ¡A ver si con suerte les inspira algo!

Fuentes texto:
http://www.elpais.com/articulo/cultura/arte/Barcelo/acalla/criticas/elpepucul/20081119elpepicul_1/Tes
http://www.elpais.com/articulo/espana/PP/pedira/reprobacion/Moratinos/obra/Barcelo/ONU/elpepucul/20081119elpepunac_5/Tes
http://www.publico.es/espana/175813/pp/pide/cabeza/moratinos/polemica/cupula/barcelo
http://www.elpais.com/articulo/internacional/efecto/mariposa/paises/pobres/elpepuint/20081118elpepuint_14/Tes
Fuentes foto:
Sala de Derechos Humanos de la ONU (
http://www.elpais.com/fotografia/sala/Derechos/Humanos/ONU/cupula/Barcelo/elpdiacul/20081119elpepicul_1/Ies/)
Miquel Barceló en plena creación de su obra (
http://www.elpais.com/fotogaleria/Capilla/Sixtina/Barcelo/5917-1/elpgal/)

Dejar respuesta