La “crudeza” de comer en la Facultad

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En la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid no hay quien coma nada. Lo digo yo y lo dice mucha gente. El último incidente gastronómico vivido tuvo lugar cuando me pedí un pincho de tortilla de patata (trozo de tortilla + trozo de pan). Obviando los bocatas de “lo que sea” crudos y dejando de lado los menús refritos, opté por un inocente trozo de tortilla de patata.

La tortilla estaba cruda por dentro. La capa de fuera ocultaba el revuelto de huevo sin cuajar que aquella cosa amarilla escondía en su interior. No es que estuviera poco hecha, no, es que estaba realmente cruda. La gente que estaba a mi lado en ese momento me dio la razón. Incluso, a compañeros que les gusta la tortilla poco hecha, aquello les pareció una guarrada. La foto que figura en este artículo es la de mi tortilla y es real. Esto podría quedarse en una simple anécdota. Pero no es así, ya que ocurre a diario en la cafetería y en la cocina de nuestra Facultad.

Más de una vez me han puesto un bocadillo de lomo crudo y también he visto a gente dejarse bocadillos de pollo porque la carne estaba sin hacer por dentro. Les daba asco, no se lo podían comer. Yo mismo he tenido que dejarme un aparentemente inofensivo San Jacobo del menú porque por dentro estaba crudo. Los platos combinados son otra opción, pero por desgracia también son fallidos, incorporando huevos fritos que de fritos sólo tienen el nombre. Y un largo etcétera de peripecias gastronómicas completan ese pequeño universo de sillas amarillas y estáticas que es la cafetería.

Todo esto viene aliñado con un personal altamente antipático, que nunca da las gracias ni contesta a las tuyas. Unos camareros que te hablan de mala manera. Unas empleadas que te retiran las cosas de la mesa con un mal gesto. Creo que no nos meremos esto. Si la comida está mala, que al menos el trato no sea ése. Nos merecemos un respeto, al igual que nosotros les respetamos a ellos.

Puede que muchos piensen que éste es un tema banal. Pero estoy convencido de que estas pequeñas cosas nos molestan un pelín a todos. Sólo hace falta comer un par de días en el comedor de la Facultad para darse cuenta de que este tema pone de mala leche a muchos. Y, si por casualidad, la comida ese día está buena… enhorabuena y avísame, por favor, que quiero comprobar ese hecho Histórico con mis propias papilas gustativas.

Tal vez después de éste artículo (en el caso de que algún responsable de la cafetería o cocina lo lea) no me vuelvan a servir un bocadillo. Me da igual, me ahorraré un dolor de estómago. Tal vez sean más antipáticos conmigo. ¿Más? No, eso es imposible. En fin, siempre me quedarán las simpáticas máquinas expendedoras, las mejores aliadas para matar el hambre entre clase y clase… excepto cuando se tragan la moneda. En ese caso, acudiré al siempre recurrido y generoso “tupper”.

Fuentes de las imágenes:
Jessica Artiles

1 Comentario

  1. Estoy contigo, Frank. Sobre todo cuando te toca pedirle un algo a ese camarero que parece que se ha comido al resto de los reos, y que sólo le falta pegarte un moco el el papel grasiento que envuelve el bocadillo.

    Admiradora de los tuppers.

  2. Aquí otra admiradora más de los tuppers. No me extrañan las colas que se forman en torno al microondas viendo lo que tenemos que sufrir día sí y día también con lo que nos ponen.
    Lo de las comidas es de risa, tanto del comedor como los bocadillos y pinchos, es que te acaba dando asco comer ahí. Y otra de las cosas que me molestan mucho es que parece que te sirven perdonándote la vida, creo que en cinco años de carrera nunca he visto sonreir a ningún camarero y es más, a veces hasta me siento obligada a pedir perdón por hacer que se muevan un poco y me den agua del tiempo y no congelada.

  3. xDD ES VERÍDICO!!!!!crudo y frío son las dos variables de la fórmula…para tirar el dinero así es mejor pillarse una bolsa de patatas fritas o algo que ya esté envasado…aunque comer en odontología es otra opción, donde el trato y la comida están a la altura.

  4. Yo, directamente, opté hace tiempo (cuando me pedi un bocata de lomo que estaba crudo) por no comer en nuestra cafetería. desayuno y me tomo el “estupendo” café porque no me queda más remedio…

    saludos!

  5. yo sí vi reír al camarero “más grande” una vez!! y me siento un afortunado. como también me siento aforunado por no haber sufrido en mis carnes ningún bocata crudo ni ninguna uña en la comida. rezo para que siga así…

  6. ¿Es cierta la leyenda urbana que corre de que el camarero “más grade”(como lo ha llamado JoCaN) se limpia la porquería de las uñas con los cuchillos que luego nos dan? Gran artículo Frank, tienes toda la razón! Yo me alimento a base de Paninis. Antes pedía también crocequetas pero desde que una vez las pedí y estaban congeladas por dentro no he vuelto…

  7. Yo lo único que comía eran las napolitanas de jamón y queso, pero porque venían prefabricadas! A los de los tupper, cuidado! Puede ser que calientes un filete y te salga con sabor a cocido, porque, ¿para qué lo van a limpiar? Yo finalmente opté por llevarme los sandwiches de casa (por lo menos, sé lo que llevan dentro) Ánimo a todos los que tenéis que ‘disfrutar’ de la cafetería de la facultad y su personal.

  8. Menudas delicias nos preparan a menudo en la cafetería…dignas de una estrella Michelín como poco…por no hablar del olor…en fin, me parece que tenemos dolores de barriga para largo…

  9. Un día vi al camarero gordo rebuscar un tiquet en la basura para demostrar a un pobre universitario que había pedido un bocadillo de lomo y no uno de bacon-queso… y creéis que se lavó las manos después???? NOOOOO

  10. También puedes pedir que te den otro, si lo que te dan no está en condiciones de comértelo, díselo, y que te den otro.

    Si en Carrefour te venden un pollo caducado… ¿¿no se lo vas a devolver?? Yo sí, y si puedo lespongo una queja.

    Me parece muy bien escribirlo aquí, y nos reímos todos, pero, ¿has pensado, tan siquiera en preguntar, si hay hojas de reclamaciones?

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