La crisis se agrava en República Centroafricana pese a la intervención francesa

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Los enfrentamientos entre las milicias cristianas y las musulmanas en República Centroafricana se han cobrado 600 vidas en las últimas semanas. Las organizaciones internacionales hablan de más de 450.000 desplazados y refugiados desde el origen del conflicto. Las ONG presentes in situ denuncian las constantes violaciones de los derechos humanos, a la vez que reclaman una intervención contundente de las Naciones Unidas (ONU) en ayuda humanitaria.

Rebeldes de la Republica centroafricana. Foto wikipediaEn las últimas dos semanas, los enfrentamientos armados han provocado 600 muertes, la mayoría de ellas en la capital, Bangui. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) habla de 160.000 personas huyendo de sus casas, que se unen a un total de 450.000 desplazados desde que comenzara el conflicto hace 9 meses. Los 1.600 soldados enviados por Francia en la ‘Operación Sangaris’ no han podido detener la violencia del país africano por el momento. Han sido enviados como apoyo a los 3.000 soldados de la misión internacional africana MISCA con el objetivo de restablecer la seguridad y el orden público. La Unión Africana (UA) ha expresado la decisión de aumentar a 6.000 sus efectivos en el terreno tras los últimos brotes sectarios.

La violencia entre grupos étnicos y religiosos aumentaba en la antigua colonia francesa cuando el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el despliegue de las tropas. La rapidez de la resolución internacional se entiende por la intención de evitar la proliferación de las fuerzas extremistas. Es la segunda vez que Francia interviene este año en un país africano, después de que enviara sus soldados a Mali en enero. El país galo bajo la presidencia de Hollande ha manifestado mayor implicación en política exterior y seguridad internacional.

Este conflicto armado arrasa desde marzo la República Centroafricana. El día 24 un golpe de Estado protagonizado por las fuerzas militares Séléka depuso al presidente François Bozizé y puso el mando del país en manos de su líder, Michel Djotodia. El nuevo líder, hasta entonces casi desconocido, anunció que gobernaría mediante decretos hasta las elecciones democráticas programadas para 2015. Sin embargo, esto no fue bien acogido entre algunos de sus seguidores. Además, Djotodia ha tenido problemas para controlar el Séléka, denunciados por violencia, asesinato, violación y saqueo. El aumento de la inestabilidad llevó al presidente a disolver el grupo en septiembre y ordenó a sus miembros integrarse en el Ejército. A pesar de ello han seguido actuando y las matanzas se repiten desde octubre. El foco de su violencia se ha centra en los grupos cristianos, que paradójicamente son la mayoría del país, mientras que sólo un 15% son musulmanes. A ellos se están enfrentando las milicias cristianas conocidas como ‘Anti balaka’ (antimachete en la lengua nacional, sango) que se oponen al mandato de Djotodia.

El país vive una situación de caos y anarquía que agrava sus propias carencias. República Centroafricana padece una elevada tasa de mortalidad infantil y tiene una esperanza de vida inferior a 50 años. Además, es uno de los países más pobres del mundo a pesar de sus importantes reservas uranio, diamantes y oro. Por lo que no es sólo un campo de batalla entre etnias o religiones y su parálisis total llevaría a un vacío de poder que podrían ocupar fuerzas peligrosas. De ahí el interés de la intervención francesa y la ONU, que no pueden permitir una guerra civil en la región más inestable de África. En esta línea, la Unión Europea ha anunciado el envío de 50 millones de euros para respaldar la misión de la UA y el Consejo de Seguridad estudia posibles sanciones.

Como en todo conflicto armado es la población civil la que recibe mayores consecuencias. Las organizaciones que trabajan sobre el terreno asistiendo a los miles de desplazados alertan sobre constantes violaciones de los derechos humanos. Denuncian también las condiciones a las que se ha visto relegada la población, sin acceso a agua potable o medicinas. Muchos de los que huyen de los enfrentamientos sólo encuentran refugio en la selva, donde no hay acceso a las condiciones mínimas de vida e higiene que permitan su supervivencia. Enfermedades como la malaria ya han empezado a hacer estragos.

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