La crisis cotidiana del señor Evans

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“Estamos ante la peor crisis económica desde 1929”. La frase suena en todos los boletines como lo hacen las señales horarias o la previsión del tiempo. Atengámonos a las consecuencias. Los gurús de la economía que no vieron el final del ciclo expansivo (ahora casi todos pretenden demostrar lo contrario) nos dan las malas nuevas y no queda más que creerlos con las cifras encima de la mesa de la cocina. Desayunamos todos los días despidos, quiebras e infortunios, pero no se encuentran con tanta facilidad las imágenes del desastre.
Claro que se documentan testimonios nacidos de la desesperación, cierres de comercios y parados en fila, pero en toda esta estética depresiva falta lo que en el argot reporteril se llama “la foto”, el símbolo de que el mundo se acaba hoy y no hay que esperar a mañana. Quien se acerque a la exposición de Walker Evans que organiza la Fundación Mapfre en Madrid hasta el 22 de marzo hallará la imagen, en gelatina de plata, a unos pasos de la entrada y a mano derecha.

Evans fue uno de los artistas que mejor retrató la Gran Depresión americana de los años 30. Entre sus proyectos más laureados, se encuentra la serie de fotografías que tomó en Alabama en 1936 para mostrar la vida cotidiana de una familia media de aparceros de algodón. El encargo venía de la prestigiosa revista Fortune pero no debió gustar mucho el resultado, puesto que fue rechazado y al responsable no le quedó más remedio que usarlo para ilustrar el libro “Let us now praise famous men”, escrito por su compañero de viaje, James Agee, y convertido con el tiempo en lectura obligada.

Ya por entonces Evans trabajaba en los estados del centro y del sur para impulsar el programa del presidente Roosevelt, el famoso New Deal, a través de la Farm Security Administration. Dicho de otra forma, participó en la campaña de propaganda que buscaba recabar apoyos para su programa de ayuda a agricultores y ganaderos. Había que tomar conciencia de la situación del país y Evans lo hizo por la parte que le tocaba.

Como él mismo señaló, sus fotografías vienen dadas “por la ausencia de pretensión al arte, con una conciencia aguda del mundo”. El niño descalzo en su casa de Louisiana o el interior de una barbería negra son característicos de esa sociedad marcada por la pobreza, pero no parece que el crash bursátil fuera el único desencadenante de dichas escenas. La mirada del granjero arrendatario es la mirada de la desigualdad, aquella misma que se observa en las pupilas de los niños desnutridos en África y que ahora hemos olvidado porque sabemos que, hasta ese extremo, no podemos llegar.

Pensar en la Gran Depresión tendría que ser algo gore, algo así como miles de personas arrastrándose por las calles de Nueva York al borde de la inanición, sabiendo que todas ellas asistían antes a fiestas privadas. Por el contrario, la foto de la crisis que mejor retrata Evans es la de aquella mujer que sostiene en brazos a uno de sus hijos moribundos, los otros dos extendidos en el suelo como en forma de cruz. Pero da la casualidad de que la foto no está fechada en Nueva York, Illinois o Nueva Orleans. Es de 1933 y fue tomada en La Habana, el último año del régimen dictatorial de Gerardo Machado. “Familia cubana indigente” es el nombre de la imagen, incluida en el libro “The crime of Cuba”. Esta primera etapa resultó, sobre todo, de un gran aprendizaje técnico y artístico para el autor, que a partir de entonces destacará en la composición de sus cuadros costumbristas. Hasta comprarse su primera Polaroid SX-70 en 1974, Evans tendrá cuatro décadas por delante para centrar los grises de su cámara en la gente de la calle, en los bostezos del metro y en la arquitectura de ciudades que, más que al borde del abismo, sentaron sus cimientos en lo que resultó un mal sueño.

Fuente de la imagen:
Familia cubana sin hogar, 1933. Colección Particular. de Walker Evans / Walker Evans Archive / Metropolitan Museum
http://www.exposicionesmapfrearte.com/walkerevans/

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