La creciente impopularidad de François Hollande

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Los datos negativos se acumulan para el presidente de la república francesa. Su valoración social cae a la vez que la solvencia económica del país galo.

El pasado viernes, la agencia de calificación crediticia Standard & Poor’s (S&P) rebajó en un escalón la nota de solvencia de Francia. Las medidas presupuestarias y estructurales sobre la fiscalidad, el sector de bienes y servicios y el mercado de trabajo no convencen a la agencia, que no cree que sirvan para “mejorar de forma sustancial las perspectivas de crecimiento de Francia a medio plazo”, según el comunicado oficial.

HollandeLa política del gobierno de Hollande no convence tampoco a los ciudadanos franceses. Según un estudio realizado por el instituto demoscópico BVA –la cuarta agencia de investigación más grande de Francia- entre los pasados días 10 y 11 de octubre, la mayoría de los franceses consideran que el actual presidente de Francia, es el peor de todos los jefes de Estado que ha habido en el país en los últimos 30 años. Según la encuesta, Hollande está bien considerado por un 27% de la población. Las medidas más impopulares de la administración, revela la encuesta, son la reforma de la jubilación, aprobada recientemente en la Asamblea Nacional, las modificaciones en el calendario escolar y las subidas de impuestos.

Episodios como la detención de la pequeña Leonarda Dibrani en plena excursión escolar no han quedado exentos de polémica. Mientras una parte de la sociedad francesa (y Europea) mira con recelo estos casos, otra parte denota un auge xenófobo y extremista. No es en vano mencionar el auge del partido de Marine Le Pen y la creciente fuerza de la extrema derecha en Europa. Precisamente, el pasado miércoles la presidenta del Frente Nacional (FN) se reunió en La Haya con el jefe de la extrema derecha holandesa, Geert Wilders, para organizar una alianza política con vistas a las elecciones europeas de mayo de 2014.

Marine Le PenOtro frente recientemente abierto para Hollande han sido las revueltas de los Bonnets rouges (gorros rojos) —una alianza de agricultores, obreros y empresarios— en Bretaña contra la ecotasa, un nuevo impuesto conocido que pretendía gravar el transporte de mercancías en vehículos pesados, pero que ha sido retirado en última instancia.

La brecha entre la sociedad francesa y el ejecutivo de Hollande se reiteró el pasado lunes en la tradicional ofrenda floral a la estatua de Georges Clemenceau –jefe de gobierno francés durante la firma del armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial-. Este acto, cuyo propósito es unir a los ciudadanos para honrar a todos los franceses muertos en escenarios bélicos, sirvió de tribuna para abuchear al presidente Hollande y reclamar su dimisión. No faltaron los episodios de violencia callejera que fueron reprimidos por los agentes de seguridad.

Hollande llegó al Eliseo con un programa socialdemócrata que devolvió las esperanzas a la izquierda europea, sitiada por la derecha y crecientemente acechada por las posiciones mas extremistas. Propuestas como la ley del matrimonio homosexual y el aumento de la inversión en educación le concedieron el apoyo de la mayoría de los franceses. Ahora, tras más de un año y medio de legislatura, se cuestiona constantemente la efectividad económica y financiera del ejecutivo, la seriedad de sus políticas sociales, mientras que la extrema derecha continua captando adeptos y uniendo sus fuerzas a nivel intergubernamental y europeo.

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