La Cosa Pública

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Escribió Cyril Northcote Parkinson, creador de la llamada ley de Parkinson sobre la burocracia, que la mejor manera de combatir a los burócratas es seguir sus normas al pie de la letra. No estoy de acuerdo con ello. Me parece que los burócratas están muy cómodos con su gran “libro de instrucciones” para la cosa del papeleo. Les da seguridad y les permite un aire de superioridad y excelencia sobre el administrado. Si no les cuestionas y derrumbas su pequeño castillito de naipes de vez en cuando, si no nos permitimos una pequeña victoria, estarán demasiado seguros en su feudo y se creerán intocables.

Siempre que puedo, suelo disfrutar provocando un ataque autista, a lo Dustin Hoffman en Rain Man, en todo funcionario que se cruza en mi camino. Basta con poca cosa, no crean. Una crucecita mal puesta o un trámite que no sigue los pasos uno a uno. Con eso basta para que se les colapse el sistema. Con este panorama, pueden ver ustedes en manos de quién estamos. Entras mascando chicle y andando a la vez y ya empiezan a verte como un bicho raro.

Pensarán ustedes que estoy generalizando demasiado. Que los que, como se suele decir: “hacen su trabajo” de manera eficiente y sin tocar las narices no entrarán en estos sacos, el ya expuesto de los quisquillosos de la sota, caballo y rey y el de los vagos, de los que no he dicho nada. Pues se equivocan de cabo a rabo. Son precisamente estos los que hacen que la cosa se sostenga, ya que realizan el trabajo de unos, y lavan la maltrecha imagen maniquea sobre funcionariado que tiene el administrado.

Consiguen perpetuar un sistema de trabajo anquilosado e ineficiente. Basado en el cómputo de las horas que se calienta una silla y no en lo que se produce. Burocracia irracional e indiscriminada en lugar de la agilización.

Y en los despachos de arriba la cosa no cambia demasiado. Está claro que hay licenciados, doctorados y toda la pesca. Cinco años de licenciatura, dos de doctorado y un par de ellos de botellón indiscriminado. Sumamos otros cinco de carrera política y no nos salen las cuentas. ¿Cuándo han tenido tiempo para observar y comprender el mundo en el que viven?

Quizá aquí esté el principal problema. Trabajar para el Estado exige servicio a la sociedad, sangre y sacrificio para el servicio a los ciudadanos. Ya saben de qué va todo eso. Empatía se llama la cosa, algo de lo que suele adolecer quien vive dentro de un circulito alejado del grueso de la sociedad. Si empezamos diciendo que la mayoría de esos jefazos administrativos son designados; o sea, políticos, ya empezamos a tener un poco de luz: Adivinen cuánta capacidad para empatizar, más allá de los intereses de su partido, pueden tener los mozos y mozas que se repantigan en los sillones de la Administración. Los que están en la pomada, quiero decir.

Y hasta aquí hemos llegado sin cosechar del huerto honestidades, legalidades, honradeces o vergüenzas toreras. Ni programas políticos, votantes u objetivos por cumplir. Porque entonces si que nos sale un gazpacho que no veas. Eso lo dejaremos para otro día.

Fuentes de la imagen:
http://blogs.cope.es/sindiosnohayesperanza/files/2009/11/gente_p.jpg

3 Comentarios

  1. Hola Alberto:

    Siempre que leo artículos como el tuyo siento vergüenza ajena, tanta como el desconocimiento desde el que se hace esa crítica, tanta como la intencionalidad desde el que se escribe esa crítica.

    La “Cosa Pública” debería no existir para todos aquellos que hacéis tal apología generalizada del funcionariado: sin sanidad pública –médicos, enfermeras, servicios de emergencias,…-, sin educación pública –profesores, técnicos, investigadores,…-, sin cuerpos de seguridad del estado –policías, guardia civil,….-, sin justicia pública –jueces, secretarios,…-, sin servicios públicos, etc.

    En todos estos cuerpos públicos trabajan la mayoría de los funcionarios a los que tú y los tuyos criticáis con argumentos falaces y poco serios con más resentimiento que conocimiento.

    A cambio de esta retirada de los “vagos y maleantes funcionarios” para todos vosotros, nunca más os pediríamos los impuestos que tributáis, servirían para que vosotros mismos os sufragarais vuestra sanidad privada, vuestra educación privada, vuestra seguridad privada, vuestra justicia privada, etcétera. Quizá algunos no llegaban a fin de mes para pagar tal factura.

    Ahora que hay crisis nos acordamos de los funcionarios, los que tan bien viven, los que no pegan palo al agua,… La Administración Pública debe moverse por ciencia infusa, ¿o son algunos extraterrestres los que se ponen de acuerdo para que funcione? Algo raro hay en la Administración.

    Ahora que hay crisis nos acordamos de los funcionarios, que deben tener un sueldazo que tira de espaldas. Entonces que repartan su nómina, eso sí, cuando acabe la crisis los trabajadores y autónomos de las empresas privadas que repartan beneficios con los funcionarios cuando se les congela el sueldo.

    Seamos un poco más serios.

    Óliver Yuste.

  2. Hola Óliver. Efectivamente, como dices, en lo que escribo si hay intencionalidad, aunque me parece que no la que estás pensando. Hay intencionalidad de mostrar algo, para que cambia a mejor.
    En lo que te equivocas es en lo del desconocimiento, ya que yo mismo soy funcionario desde hace bastantes años. Ya sabes, los del 5% menos en la nómina del mes que viene.
    Aunque me meta con los funcionarios no soy tan tremendista como para creer que todos son unos incompententes. Sólo nos faltaría eso. Aunque tampoco soy ingénuo para pensar que todos son eficientes y unas hermanitas de la caridad.
    El sistema burocrático español es una forma de gestión lenta y poco efectiva. Las decisiones que se toman, cuando se toman, son poco prácticas y obedecen siempre a intereses varios, no ha simples necesidades prácticas.
    Desgraciadamente, conozco bastante la burocracia, y nada menos que la que gira en torno al sistema educativo. Imaginate lo grave del problema que planteo, cuando en mi trabajo me estoy continuamente preguntando cómo se han sacado la licenciatura gente que está educando a los trabajadores del mañana.
    El sistema administrativo y burocrático que sufrimos es un reducto que provoca acomodo y falta de implicación en los trabajadores, la mayoría de la veces por culpa de los fallos del sistema y de los intereses que hay a su alrededor. Muchas cosas no son culpa de los trabajadores, cosa que reconozco, aunque nadie es inocente. Con la apatía o el exceso de celo no vamos a ningún sitio, y es eso lo que planteo.
    Lo que quiero decir es en el artículo es que, ni los vagos (pocos o muchos, al gusto del consumidor) ni los quisquillosos que te piden hasta la prueba de ADN para un pequeño trámite, tienen la actitud adecuada para cambiar la situación.
    Me he centrado principalmente en el funcionariado que tiene relación directa con la burocracia y su gestión, además de con sus jefes (designados políticos en su mayoría). No he nombrado en este caso a médicos, enfermeras o policías, por poner ejemplos que me nombras. Si entramos en esos colectivos podríamos hablar de muchas cosas más. Daría para unos cuantos artículos, y no para echar flores precisamente; ni a ellos ni a la forma de acceso a esos puestos. Otra cosa es que estén puteados, tengan malos horarios o peligrosidad.

    Perdona si te he confundido con el artículo. No he querido ser tremendista para que esto se hunda, aunque hayas pensado que voto a la falange o algo así.
    Una idea, un concepto o institución no son inamobibles o intocables. Le hacemos flaco favor si aceptamos a pies juntillas su funcionamiento o los preceptos sobre los que gira su día a día. Un desacuerdo no es una declaración de guerra.
    La disciplina de partido está para los políticos, pero no para sus votantes, aunque se fomente por parte de la clase política en sus simpatizantes y votantes. Si critico y aspecto de la Administración Pública no es para que esto se vaya todo al carajo, sino para que mejore. Con condescendencia no vamos a ningún sitio.

    Las cosas hace mucho que no son lo que parecen

    UN saludo

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