La consolidación de un dramaturgo

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Pablo Remón ha tenido una presencia creciente en la cartelera teatral madrileña —aunque no solamente— desde que en 2012 fundara la compañía La_Abducción y estrenara en las Naves del Matadero La abducción de Luis Guzmán, primera de las cinco obras que ha estrenado en los últimos cinco años, todas escritas en solitario —ya que también escribe a cuatro manos con su hermano Daniel, con quien ganó en 2014 el Premio Lope de Vega de teatro por Muladar— y dirigidas por él mismo. Tanto el público como la crítica han acogido cada vez con mayor entusiasmo sus producciones, que han podido verse mayormente en el Teatro Pavón Kamikaze o en los Teatros del Canal.

Coincidiendo con el estreno de su último texto, Los mariachis, el pasado mes de mayo, la editorial La Uña Rota publicó en un único volumen las cinco obras que Remón ha subido a escena estas últimas temporadas: La abducción de Luis Guzmán, 40 años de paz (que fue finalista en los Premios Max a Mejor Autoría Revelación), Barbados, etcétera, El tratamiento y la ya citada Los mariachis. Además de un epílogo que reúne varias obras breves con las que el autor se inició en la escritura dramática en el verano de 2011, a modo de ejercicio diario para descubrir las posibilidades del género, como él mismo explica.

La dramaturgia de Pablo Remón tiene mucho de cinematográfica, nada raro teniendo en cuenta que antes que dramaturgo y director ya era guionista. Los diálogos rápidos, orgánicos; las situaciones que plantea, en las que se enfrenta con cuestiones sociales muy presentes en nuestra civilización contemporánea; los recursos dramatúrgicos empleados, como el uso del narrador, del espacio múltiple, del valor de la palabra en la imaginación del espectador…, todo ello son rasgos distintivos de un dramaturgo cuya consolidación teatral se percibe perfectamente a lo largo de estas cinco obras. Sus temáticas abarcan desde el debate de la memoria política de nuestro país a partir de la herencia emocional de la familia de un militar franquista en 40 años de paz. O las perspectivas vitales de unos hermanos afincados en uno de esos pueblos de la meseta castellana, lejos de todo, y la reaparición de un primo que se dedicaba a la política hasta que lo condenan por corrupción en Los mariachis. Barbados, etcétera, en cambio, se aleja del tema familiar para centrarse en el mundo de la pareja, de los anhelos de cada uno y de cómo encaja la vida y el día a día en una relación, de las cargas del pasado que traemos con nosotros, a través de tres escenas. En El tratamiento (referido al término cinematográfico con que se presenta la descripción de las escenas de un guion) el autor expone con una claridad pasmosa cómo una película realista sobre la guerra civil española, basada en los recuerdos de infancia del guionista, termina por convertirse en un thriller de ciencia ficción bélico con alienígenas ayudando al bando franquista y abduciendo a los republicanos. Y es que la abducción tiene una especial importancia en la trayectoria del dramaturgo y director, ya que no es sólo el nombre de su compañía, sino también parte del título de su primer estreno, La abducción de Luis Guzmán, donde Remón configura por primera vez un conflicto familiar entre dos hermanos, alejados entre sí, uno por la distancia física, otro por la psíquica que le lleva siempre a galaxias lejanas en busca de vida inteligente.

Para quienes no hayan tenido aún la oportunidad de ver en escena los montajes de Remón, o para quienes sí la hayan tenido y les haya encantado el manejo dramatúrgico de la obra y quieran saborearlo entre sus manos, leyéndolo, Abducciones, el título del volumen recopilatorio de La Uña Rota, es uno de esos títulos que no puede faltar en la biblioteca de cualquier amante del teatro y de la literatura dramática. Porque Pablo Remón apunta a seguir escribiendo y estrenando obras de calidad, con trasfondo crítico y con el afán de explicarnos en ellas a nosotros mismos y a nuestra sociedad. Por lo que ojalá haya más Abducciones dentro de unos años.

 

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