La conquista pendiente

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Novak Djokovic revalidó su título de campeón de la Copa Masters después de ganar a Rafael Nadal (6-3, 6-4) en la final disputada en el O2 Arena de Londres. El español, que será número uno mundial hasta que concluya el presente 2013, no pudo mostrar su mejor versión sobre el cemento de la capital británica. La acumulación de errores en golpeos sencillos y la debilidad con su servicio llevaron al balear a una derrota que le impedirá levantar un torneo que se le resiste.

Novak Djokovic (26) celebrando su primera Copa Masters en el año 2008. Foto: Gavin Zau (wikimedia)
Novak Djokovic (26) celebrando su primera Copa Masters en el año 2008. Foto: Gavin Zau (wikimedia)

El año tenístico que termina ha sido para Nadal el del reencuentro. Con las pistas, con los éxitos y con el número uno, en este orden. El bagaje con que ha cerrado la temporada supera con claridad a la proyección más optimista que hubiera podido hacerse tras su incierta vuelta. El manacorense es incuestionable, tanto en la parcela estrictamente deportiva como en todos aquellos aspectos que le barnizan de superhombre. Ni lesiones, ni rivales. El zurdo lo supera todo.

Nadal puede vencer donde no es especialista. Y puede hacerlo donde su rival sí lo es. En cemento y bajo techo, en una de sus canchas más incómodas, también era candidato. Su actuación inmaculada en los partidos precedentes, frente a David Ferrer y Roger Federer entre otros, reforzaba la candidatura del balear. Pese a tener enfrente a Djokovic, el rival que más veces le ha ganado, y encarar una final corta, de sólo dos mangas, el español podía volverlo a hacer.

Pero las primeras jugadas de la final mostraron que la primera raqueta mundial no ofrecería en Londres su mejor tenis. La pelota de Nadal no llegaba hasta los rincones de la pista donde hace daño. El golpeo no era ofensivo, simplemente un recurso para defenderse del latigazo del rival. Con el primer saque de Nadal llegó la primera rotura. Djokovic era entonces, como tantas otras veces, el jugador emocional capaz de encadenar puntos imposibles cuando se encuentra a gusto. Rubricó el serbio su arranque en la orilla del Támesis ganando su segundo saque y certificando una cómoda ventaja (3-0).

Pudo diluir el español la versión primera de su enemigo, la del tenista infalible e incontestable. Nadal no había dejado de sumar errores y construía su tenis con el tiro de drive liftado alto. No pegaba plano ni aceleraba. En el cuarto juego, Nole estuvo a una pelota de abrir un abismo en el set, pero el manacorense salvó su saque. Quebró el servicio del serbio y minimizó la desventaja en el siguiente. Y en el parcial posterior puso el empate (3-3).

Aquella sería la última igualada que reflejaría el marcador. Nadal seguía vagando incómodo por la pista. El vivo tenista español sufría desplazándose en la cancha. La escena, más propia de los velocistas o saltadores que pierden una energía preciosa por un mal talonamiento, impedía que pudiera dominar los puntos. El balear mudaba de una esquina a otra del cuadrilátero sin convencimiento, sin orden. Volvió a perder su servicio; en el juego siguiente el tenista de Belgrado cerró el primer set (6-3). Sólo tres golpes ganadores conquistó Nadal en la primera manga. También cuatro dobles faltas.

Con el inicio del segundo período no subieron las prestaciones de Nadal. Afloró una debilidad mental desconocida. El de Manacor acumulaba errores continuos con su drive: Djokovic se bastaba con el servicio y con devolver la pelota hasta el español. El de Belgrado tomó ventaja pronto. Y Nadal, caminando sobre el alambre, trató de recortar. Fogonazos, destellos, gritos de rabia. Reaccionó con casta de campeón. Pero el brío renovado no fue suficiente. Nole se atrincheró: calmado, dominando el único arrebato de ataque de su oponente.

Sentenció el balcánico (6-4) y sumó su tercer galardón de Maestro. Para Djokovic la gloria, para Nadal la espera hasta mejor ocasión. Venció quien jugó más intenso, más duro y más seguro. El número dos mundial vengó dos dolorosas derrotas en París y Nueva York. Ambos escribieron un nuevo episodio de su particular cara a cara. El duelo más veces repetido en la historia del tenis moderno no vivirá un nuevo capítulo hasta la próxima temporada. En el horizonte de ambos la pista dura de Melbourne, en Australia. Será el primer Grand Slam del curso.

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