La Ciencia del Sueño

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La trama sigue a Stéphane (Gael García Bernal), un joven artista gráfico que se muda a París para tomar el empleo creativo que su madre le prometió. Pero en vez de explotar su talento artístico, el joven termina realizando tediosas labores de fotocomposición en una empresa que imprime calendarios. Obviamente frustrado, Stéphane comienza a perderse en sus sueños, a tal grado que la realidad y su mundo onírico se vuelven uno… y el problema empeora cuando Stephane empieza a enamorarse de su vecina, Stéphanie (Charlotte Gainsbourg), quien parece responder favorablemente al joven… ¿o será sólo un sueño?

Está claro que tras una gran película a un director se le exige el mismo nivel o incluso superior. En este caso, Michel Gondry, no ofrece la película que cabría esperar, a cambio se obtiene una comedia romántica e imaginativa que, al menos, hace pasar un buen rato. Como ocurrió en su anterior película, la historia de amor enrevesada, extrañamente complicada e imposible, logra ser convincente, en gran parte, porque tanto Gael García Bernal como Charlotte Gainsbourg llenan de vida a unos personajes de comportamiento imprevisible, son como una versión más “francesa” de los interpretados por Jim Carrey y Kate Winslet en ¡Olvídate de mí!“.   Las imágenes fantasiosas de “La ciencia del sueño” son la mayor virtud de la película, pues siguen la clásica “lógica de los sueños”, adaptando la percepción del protagonista según la situación lo requiera. El resultado, vistoso e imaginativo.

En cuanto al reparto, cabe destacar a Gael García Bernal, cada día más consolidado como una de las figuras interpretativas internacionales. El actor está excelente como Stéphane, un personaje que prefiere la comodidad de su particular mundo irreal a la insatisfactoria realidad diaria. Por otra parte, también resulta notable la labor de Charlotte Gainsbourg, que interpreta a Stéphanie, la media naranja de Stéphane. Por último, mención especial para Alain Chabat, encarnando al personaje que más carcajadas logró arrancar, y sólo con gestos o frases cortas. Los secundarios, sobre todo los compañeros de trabajo del personaje de García Bernal, son en este caso, poco más que un coro que ofrece el contrapunto cómico que funciona como potenciador del efecto romántico de la cinta.

La historia intercambia lo real y lo imaginario, hasta una pérdida de los límites que acompaña a la desorientación del personaje ya que sueño y realidad se van entrelazando cada vez a una velocidad mayor.

Así nace una historia sencilla ayudada por la plasticidad de sus formas, una historia romántica , en la que pierde toda importancia el “cómo”, simplemente disfrutamos del caballo de trapo que cabalga sobre el teclado, el agua hecha con celofán, los tubos de papel higiénico convertidos en edificios… No importa porque eso es cine.

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