‘La caza’, un crudo ejercicio de introspección sobre la maleabilidad del ser humano

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Cartel de ‘The hunt’ (La caza)

Este viernes llega a las pantallas españolas La Caza, polémica película del realizador danés Thomas Vinterberg.  El filme narra la odisea de Marcus, un profesor de una guardería de un pueblo de la Dinamarca profunda, cuya vida se verá arrastrada al abismo tras ser acusado formalmente de abusar sexualmente de la hija de su mejor amigo.

La Caza ha cosechado numerosas e inmejorables críticas además de triunfar en el pasado Festival de Cannes logrando el premio al mejor actor, el premio ecuménico del jurado y ser firme aspirante a la Palma de Oro.

Ya quedó todo dicho en ‘La psicología de las masas’ de Freud, manual de referencia a la hora de estudiar el fenómeno de la volubilidad del hombre. Un pensamiento, sentimiento o ideal puede pasar con una facilidad pasmosa de lo individual a lo colectivo si el sujeto raíz lo expresa con suficiente énfasis y el contexto socio-cultural junto con la jerarquía moral de la época constituyen tierra fértil. El fenómeno del ascenso del nacional-socialismo al poder es un claro ejemplo de la transición de la paranoia del nivel individual al popular, pero no es el único y menos aún el primero.

La caza de brujas acontecida durante la Baja Edad Media constituye su más destacado precedente. El analfabetismo y la miseria provocados por la fuerte polarización de la sociedad derivada del feudalismo se erigieron en terreno apto, donde el fervor religioso como instrumento de sometimiento germinó libremente. En este caldo de cultivo era inevitable que comenzara una orgía de posesiones diabólicas que pronto alcanzaría dimensiones dramáticas. Una disputa interna o la posibilidad de frustrar un posible negocio o transacción económica era razón suficiente para que un inocente fuera acusado de posesión o brujería. En un tiempo récord todo el pueblo comenzaba a apreciar dotes diabólicas y a recordar “extraños comportamientos” (y por supuesto falsos) en el sujeto acusado. Un miembro notable de una comunidad podía pasar a ser completamente discriminado, vilipendiado e incluso ejecutado en el transcurso de apenas una semana. Los juicios de Salem escenografiados por Arthur Miller o los procesos de Loudun narrados por Aldous Huxley constituyen buenos ejemplos del fenómeno en cuestión.

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Annika Wedderkopp es Klara en ‘La caza’

En La caza no hay religión, no encontramos ideas de superioridad de raza o propaganda ideológica. La pureza y la inocencia simbolizadas por la falsa beatitud de Klara se erigen en el núcleo argumental de la metáfora elegida por Thomas Vinterberg para narrar la doble (e hipócrita) moral de la sociedad puritana moderna. Al igual que pasó en Salem o en Loudun, el falso abuso sexual perfectamente contextualizado en la sociedad sensacionalista del siglo XXI hará que, en apenas unos días lo que era simplemente una travesura nacida del despecho de una niña, se convierta en una verdad irrefutable.

La verdad de Marcus se enfrentará a los castillos conceptuales construidos por una especie en alza, que a pesar de vanagloriarse de salvaguardar la honestidad y la moral, emplean el tiempo reservado para la educación de sus hijos en borracheras diarias, centrando el núcleo de sus recursos pedagógicos en el uso de la violencia física y/o verbal. Personajes que son capaces de arruinar la vida a cualquiera sin dudarlo un momento y luego ir a tomar la eucaristía sin un solo remordimiento de conciencia.

A pesar de que el tema de la pederastia funciona mayoritariamente como telón de fondo para denunciar la perversión de los valores morales actuales, es imposible aislar esta película de otras de similar temática. Debido al complejo aspecto emocional implícito en el asunto de la pederastia, son varias las películas de esta temática caracterizadas por grandes interpretaciones. En este caso las interpretaciones de Mads Mikkelsen y de Thomas Bo Larsen no tienen nada que envidiar a los notables trabajos de Kevin Bacon y Jackie Earle Harley en El leñador (2004) y Juegos secretos (2006), respectivamente. Al igual que Essex o Loudun en la vida real, o la ruda población de Perros de Paja (1971) de Sam Peckinpah, en la ficción, La Caza trascurre en el único sitio donde el fenómeno arcaico de la histeria colectiva puede darse: una pequeña comunidad cerrada y aislada del mundo por su propia y limitada jerarquía social. La magnífica fotografía funciona como perfecto socio de la complejidad del tema y de las más que destacables interpretaciones de su binomio protagonista.

En definitiva, La Caza es una película brillante que te atrapa desde el minuto uno y permanecerá en la cabeza del espectador, a poco sensible que éste sea. En la sociedad del espectáculo que Guy Debord profetizó acertadamente, a veces no viene mal un poco de reflexión y (auto-)crítica. En este sentido La Caza es un ejercicio de introspección y psicoanálisis social imprescindible en tiempos como los que  corren. Pero además, y a pesar de quedar aún un tercio de año, con toda seguridad es una de las mejores películas que este año 2013 nos podía brindar. Adelante los valientes.

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Imágenes de Zentropa Entertainments

Tráiler: Golem Spain

 

 

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