La casa de Kirmen

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Emprender la tarea de escribir una novela siempre es algo complicado y muy trabajoso. Hallar un terreno en buenas condiciones, levantar unos cimientos sólidos, construir una casa lo suficientemente atractiva para que personajes de aquí y allá –de otras casas y otros barrios– decidan instalarse en ella con todos sus bártulos y llenarla de vida, no está al alcance de cualquiera.

En La noche americana, película que dirigió Truffaut sobre los conflictos y vicisitudes que florecen en el proceso de filmar una historia, éste presentaba al director (interpretado por él mismo) como un ser propenso a hundirse en las aguas abisales de los sueños; dotado de una enorme capacidad para tomar decisiones y dar respuestas a las constantes preguntas que se le iban planteando. Tarea agotadora para la que sin duda se requiere un duro entrenamiento. Haruki Murakami, en De qué hablo cuando hablo de correr, su último libro publicado en español, equipara el acto de escribir con el de correr maratones. Para el famoso escritor japonés de apellido murciano la escritura es una actividad física, y confiesa que todo lo que sabe acerca de ella se lo debe a este deporte.

Yo no sé si Kirmen Uribe (Bilbao, 1970) tuvo que correr muchos kilómetros antes de sentarse a escribir Bilbao-New York-Bilbao, pero sí estoy seguro del gran número de decisiones que habrá tenido que tomar para edificar tan preciosa casa.

La casa de Kirmen se encuentra en Vizcaya, enclavada sobre el arenoso terreno de Ondarroa. Tiene dos plantas, un tejado a dos aguas y un agradable porche desde el que se divisa el pequeño puerto y a los barcos pesqueros faenando en las aguas. Entre esos muros de piedra conviven cuatro generaciones de la misma familia: los abuelos, los padres de Kirmen, él mismo con su mujer y el hijo de ésta; con frecuencia, además, se dejan caer por allí otros familiares y amigos a relatar historias del mar a la luz del crepúsculo y a beber txakoli.

El autor plasma los pasos dados por su familia utilizando como hilo conductor el viaje en avión que hace a Nueva York desde Bilbao con escala en Frankfurt. La narración es fragmentaria, obvia la estructura lineal de las sagas familiares del XIX, utiliza cartas, párrafos de diario, mensajes de facebook y correos electrónicos, grabaciones en cedés, pero todo está ensamblado de manera natural, hilvanado por una prosa sencilla, no exenta de lirismo, y el lector devora las páginas al tiempo que su alma se encoge y emociona. Deseamos seguir abriendo puertas y ventanas, charlar con los miembros de esta familia de pescadores, quedarnos a dormir en esta casa una noche más, brindar con el dulce txakoli de la buena narrativa.

Bilbao–New York–Bilbao. Kirmen Uribe. Seix Barral. Premio Nacional de Narrativa 2009.

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