Ximo Abadía plasma un viaje fantástico en “La bipolaridad del chocolate”

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Un día de lluvia. El agua ha traspasado zapatillas y calcetines hasta llegar al pie. Se abre la puerta de casa y desde un rincón saluda la estufa, que reconforta los músculos y extremidades entumecidos por el frío. Más aún, los llena de paz y vitalidad, en una sensación tan placentera como indescriptible. ¿Les suena? Pues así funcionan los cómics de Ximo Abadía, joven dibujante que regresa a las estanterías con La bipolaridad del chocolate. El viaje de Jan (Diábolo), una saga de fantásticas aventuras en donde la inocencia infantil se mezcla con dramas relativos al mundo adulto.

Viñeta La bipolaridad del chocolate

“Para mí es muy importante contar desde la inocencia y la ternura. Creo que es una característica que vamos perdiendo con el tiempo al enfrentarnos a una realidad más dura”, señala Abadía (Alicante, 1983), que en su nuevo tebeo narra las peripecias de Jan, un niño discapacitado y con problemas de crecimiento que pasa las tardes en compañía de seres tan pintorescos como su amigo invisible o su conejo agorafóbico.

“El chocolate, realmente, no tiene nada de bipolar. Buscaba crear un contraste entre la afición de Jan por los dulces y el lado oscuro que sería el amigo invisible, teniendo esa relación un punto de bipolaridad, de balanceo entre dos estados de ánimo”, relata el creador del pequeño protagonista.

Viñeta La bipolaridad del chocolate

Tras el fallecimiento de sus padres, Jan es trasladado a un orfanato que se convertirá en punto de partida para su particular viaje iniciático, un periplo de situaciones estrambóticas, personajes maltratados por la vida y lecciones sobre el carácter despiadado del mundo. Pero también sobre el amor y la belleza, dos cualidades que Abadía plasma con sutileza en las páginas de su libro.

El autor ya había destacado poderosamente con Cartulinas de colores y Clonk. La primera, una obra de corte autobiográfico, respondía a la necesidad de exorcizar “un amor platónico”, mientras que la segunda, por la que estuvo nominado al Premio al Autor Revelación en el Salón del Cómic de Barcelona 2011, vio la luz durante “un viaje mochilero por México”. La pregunta es inevitable: ¿Cómo surgió Jan? “Nació en Alicante y se desarrolló en Ibiza, donde el pasado verano estuve viviendo cinco meses, perdido entre campo y calitas con mi chica”, recuerda el dibujante.

Desarrolladas en exquisito blanco y negro, las andanzas de Jan parten de Rumania, un guiño del autor a sus propias inquietudes cinematográficas: “Me gustan mucho las películas de Europa del este y directores como Emir Kusturica, que dan un trato muy animado y alocado de los personajes, sobre todo de los secundarios. Por otro lado, llevaba tiempo con la idea de dejar el color informático y probar sólo en blanco y negro. Me gusta ensayar cosas nuevas en otros proyectos. Era el momento adecuado y creo que le da un toque especial a la historia”, asegura el artista.

La segunda parte de la saga, Baladas de una fregona, saldrá a la venta a finales de este año, y Abadía ya está en disposición de adelantar algunos cambios que afectarán al protagonista de la trama: “Veremos a Jan en una faceta más adulta. Vivirá en París, conocerá nuevos personajes, hará pasteles y se enamorará”.

Seguidor de la ‘ligne claire’ y del underground americano, el dibujante se declara admirador de ilustres como Max o Robert Crumb, pero considera que “cada día que vas leyendo pillas influencias de otros autores”. “Me gusta mucho el trabajo de Liniers, pero no lo veo reflejado en lo que hago. De Ulf K. me atrae su uso del blanco y negro, y también me ha influenciado mucho Edward Gorey, sobre todo a nivel de meter tramas e historias más oscuras”, analiza.

Viñeta La bipolaridad del chocolate

Aunque destacó desde pequeño en varios concursos regionales de dibujo, Abadía se marchó a Madrid en 2001 para cursar Educación Física. “Me faltaba una asignatura para acabar la carrera y siempre había estado dibujando en las mesas de clase. Una amiga me dio un panfleto de una escuela de cómic y me animé a probar. Estuve dos años con la misma asignatura de la carrera, dejé la escuela de cómic y no paré de dibujar desde entonces. Se ha convertido en una especie de droga que no consigo dejar”, sentencia.

+ Info Ximo Abadía:
Blog del autor
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+ Info Diábolo Ediciones:
Página web oficial
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Imágenes cedidas por Diábolo Ediciones

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