La biblioteca de Hernando Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo

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Portada - libro
Portada del libro Memorial de los libros naufragados (Ariel, 2019)

Una gran sala con libros en hileras de estanterías a los lados es la sugerente cubierta de la obra de Edward Wilson-Lee, Memorial de los libros naufragados: Hernando Colón y la búsqueda de una biblioteca universal (en inglés, The Catalogue of Shipwrecked Books, Harper Collins, 2018), publicada a finales de 2019 por la editorial Ariel (Grupo Planeta).

Puede parecernos una imagen usual hoy, pero no lo era tanto a comienzos del siglo XVI, momento en que vivió Hernando Colón, el hijo del almirante Cristóbal Colón, y menos si se piensa que todos esos miles de libros estaban en manos de un particular, no de una universidad o la Iglesia (bibliotecas monásticas, capitulares o catedralicias).

Contar la historia de la formación y crecimiento de tal biblioteca ya sería en sí una labor apasionante, y eso es lo que ha intentado en parte el autor en este ensayo, en el que se trata de «reconstruir la vida de Hernando a partir de sus libros» (p. 22). Pero este Memorial no es solamente eso, sino también un repaso por la historia de las primeras décadas del mil quinientos tras la trascendencia del descubrimiento de América: la vida de Hernando Colón es el hilo conductor del que se sirve el autor para contar la historia de Europa y España en esa época convulsa, tras la llegada al trono de un rey extranjero, Carlos I, las revueltas de las comunidades y la conquista de América a fuerza de armas.

La vida de Hernando Colón estuvo muy ligada a la de su padre, al que acompañó en su cuarto viaje a América (1502-1504), y así los seis primeros capítulos tratan sobre la creación del libro que legitimaría la labor épica de su padre, la biografía de Colón que ha perdurado a través de los siglos como la Historia del almirante. Defensor de los derechos de su padre y hermano Diego, la vida de Hernando Colón transcurrió entre litigios contra la corona española para probar que su padre fue el primero en avistar América y mantener sus beneficios sucesorios, aunque él mismo formaba parte de la clase alta nobiliaria y cortesana como paje del príncipe don Juan (†1497) y contó con apoyo regio directo.

El libro, que cuenta con 17 capítulos y 444 páginas, se detiene detalladamente en la vida de Hernando de acuerdo con los datos que nos son conocidos, que no son tantos como sería deseable: su periplo por Europa acompañando al monarca en su coronación como emperador y lucha contra el protestantismo, más lo indicado en sus escritos y testamento. No conocemos, por ejemplo, apenas nada de su vida personal.

En su conjunto, se trata de un estudio erudito y detallado que incluye el uso de documentos de archivo, de Simancas, del Histórico Nacional y del de Indias, si bien la bibliografía parte de obras anglosajonas y apenas recoge españolas o en otras lenguas, las cuales habrían sido pertinentes para la descripción de la biblioteca y de sus libros. Faltan, así, los catálogos de manuscritos e incunables de la Colombina publicados por el cabildo de Sevilla en 1999 y 2002 (aunque cita el catálogo concordado de 1993), el inventario de impresos de Servando Arbolí et al. y otros más recientes o los estudios de Consuelo Varela sobre Cristóbal Colón, sobre los libros anotados por Colón (padre) de Nicasio Salvador, sobre los pliegos poéticos conservados en la Colombina de Antonio Rodríguez-Moñino, sobre los libros impresos italianos de Manuel Carrera y Klaus Wagner, sobre los libros franceses estudiados Jean Babelon… más otros que no parecen haberse empleado, con la disculpa de que quizá el objetivo no era hacer una un estudio bibliográfico de la colección de libros ni describir los fondos de la biblioteca, sino una biografía crítica de la vida de Hernando Colón (p. 292), como es en efecto. No obstante, es previsible que muchos de los lectores españoles del Memorial tengan tanto interés en los libros de la Colombina como en la vida de su colector, por lo que ciertas menciones se echan en falta. Para los interesados en la historia de la biblioteca y su azarosa pervivencia en siglos posteriores puede consultarse la voluminosa obra de Juan Guillén, Historia de las bibliotecas Capitular y Colombina (Fundación José Manuel Lara, 2006).

La historia de Hernando Colón es también la de sus libros, pues con la voluntad de «querer juntar todos los libros de todas las lenguas y facultades por la cristiandad y fuera della se pudiesen hallar» le dedicó a su biblioteca y a sistematizar su contenido mediante índices y registros casi toda su vida. Detallista, anotaba en la última hoja de cada ejemplar el lugar y fecha en que había sido comprado y lo gastado en la moneda local, con su equivalencia en ducados de oro (así, sobre el libro Les rues et églises de Paris, avec la dépense qui s’y fait chaqué jour, publicado en Paris, s. a., escribe: «Este libro costo. 3. dineros en Leon [= Lion] por setiembre de 1535 y el ducado vale 570 dineros», según el libro de Babelon citado, 1913: 193). Cuando reunió todos sus libros en su casa de Sevilla, sumaban más de quince mil (15 370 según el testamento), pero hoy no quedan en la biblioteca sino unos 3200 —de los cuales unos 1250 incunables—, pues a lo largo de los siglos sufrió numerosos robos y pérdidas (Mark P. McDonald, en The Print Collection of Ferdinand Columbus 1488-1539, publicada en 2004, cataloga 3196 obras colombinas en la British Library).

En su intento de recoger todos los libros posibles publicados a partir de la invención de la imprenta, recorrió Europa y reunió todo tipo de estampas, pliegos sueltos y libros raros, de pequeño formato y cualquier temática. Bibliómano, compró en todas las ciudades importantes por donde pasó: 4200 en su ruta por el norte de Europa, 700 en Núremberg durante el mes que estuvo allí y 1674 libros en Venecia…, pero los comprados en esta ciudad naufragaron en 1522 durante el envío por barco a España y de la tarea de recomponer aquellos títulos (Abecedarium, registros 925 a 2562) surgió el «memorial de los libros naufragados» que da título a este libro.

La importancia de esta biblioteca fue mayor, pues, a medida que se acumulaban más y más libros, creó sistemas de clasificación que mejoraran su disposición en estanterías (registros) y la condificación de sus contenidos mediante ficheros, códigos y resúmenes (libro de las ciencias, libro de los epítomes, libro de las materias); ideó asimismo crear una red de abastecimiento librario que contara con factores o “corresponsalías” en las ciudades europeas con las imprentas más dinámicas del momento (Roma, Venecia, Núremberg, Amberes, París, Lion), de forma que la biblioteca siempre estuviera al día en cuanto a las novedades bibliográficas mediante un sistema de adquisiciones e intercambio de duplicados. Al mismo tiempo, su biblioteca sirvió de consulta para cronistas como Bartolomé de las Casas, y su casa contuvo también un jardín botánico con plantas exóticas que pudo estar entre los primeros con fines farmacológicos de Europa. Sin duda, fue un adelantado a su tiempo, pero los enormes gastos que conllevaba el cuidado y aumento de su biblioteca impidieron que su sobrino la continuara tras su muerte, por lo que fue legada, según disposición testamentaria, a la catedral de Sevilla, donde hoy prosigue parcialmente, tras muchos avatares, robos e incluso inundaciones.

Con esta gran biblioteca renacentista como precedente de la actual biblioteca universal que se está formando mediante la digitalización, es entendible el atractivo que despierta hoy su figura. Es significativo que sea un anglosajón el que nos cuente de manera divulgativa la vida de este español universal, solo conocido por los amantes del libro antiguo. Esta es, sin duda, un agradecimiento que debemos hacer a Edward Wilson-Lee.

No obstante, al bibliófilo siempre le queda la espina de no tener más información sobre esos títulos concretos de la biblioteca (que, no obstante, se pueden obtener en otras obras). Desde el punto de vista del estilo, se podrían haber sintetizado más algunos aspectos históricos para reducir el número de páginas y haber usado algo más los puntos y aparte para evitar párrafos tan largos y densos. En cuanto a la edición, hay que destacar el cuidado diseño, con grabados de época a sangre intercalados entre las páginas y un cuadernillo de ilustraciones a color: un libro sobre libros bellamente hecho.

Para los que busquen otro tipo de lectura, o no lectura, el libro se encuentra también disponible en ebook (ePub2) en la página de Planeta; el audiolibro en español no está disponible aún, pero sí en inglés. Puede escucharse una entrevista al autor en un podcast del programa Biblioteca Pública RNE de octubre de 2019.

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