La bestia blanca

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Llegó una nueva ocasión del clásico más importante del baloncesto español, el partido con mayor repercusión de la liga ACB y que ponía en juego más que una victoria de la fase regular tras los últimos episodios de humillación endosados por el FC Barcelona al conjunto blanco.

Esta vez parecía ser diferente a los últimos años, que la diferencia entre ambos equipos se había equiparado debido a como ambos equipos habían desenvuelto los últimos partidos del año. El Real Madrid venía de acabar la fase de la Euroliga quedando en segunda posición y de obtener el liderato de la ACB tras vencer en un gran partido al otro rival más fuerte de la competición nacional, el Caja Laboral. El FC Barcelona, sin embargo, llegaba al partido con ciertos problemas debido a la lesión de dos jugadores importantes como Pete Mickael y Basile, además de haber tenido un inicio de temporada irregular, perdiendo contra equipos de nivel inferior.

Una vez puesto el balón en juego, todas las circunstancias previas poco tienen que ver, ya que los derbis son partidos de una gran rivalidad y donde todos los jugadores ponen el máximo para vencer al eterno rival. Lo verdaderamente importante es el propio partido, cómo salen ambos equipos y quién es capaz de controlar el ritmo de juego y los nervios del encuentro.

El conjunto de Xavi Pascual salió al partido con la concentración e intensidad que la situación merecía, apretando todos sus jugadores en defensa y ahogando el ataque del equipo blanco, lo que les permitía jugar con mayor velocidad en ataque y conseguir canastas fáciles. El Madrid no encontraba claros tiros, erraba constantemente en la toma de decisiones debido a que el conjunto catalán negaba la ejecución de sus sistemas. El final del cuarto acabó con un 28- 15 que mostraba lo que había sucedido en la cancha.

En el segundo cuarto, los de Pascual no bajaron el ritmo y, ante la falta de recursos del Madrid para contrarrestar la fuerte defensa de los blaugranas, consiguieron ventajas superiores a los quince puntos, llegando al descanso con un marcador de 49-34.

En la reanudación, los de Messina siguieron sin saber qué hacer, aumentando sus perdidas de balón y permitiendo conseguir canastas rápidas al Barça, llegando a obtener una desventaja de 23 puntos. Un nuevo tiempo muerto del entrenador italiano hizo frenar la sangría, se empezó a buscar la salida de los bloqueos de sus tiradores o metiendo, simplemente, balones interiores a Tomic, llegando a situarse a 14 puntos a falta de tres minutos del tercer período. Pero ese atisbo de reacción se quedó en un espejismo, y un inspirado Morris endosó doce puntos seguidos para volver a situar a los catalanes con ventajas mayores a los veinte puntos.

En el último cuarto, el FC Barcelona se dejó llevar en el marcador y el Real Madrid seguía sin encontrar la tecla que le permitiese soñar con una remontada épica. Finalmente, el conjunto catalán se llevó la victoria por 95-75, recuperó el liderato y lo que es más importante, mostró a su eterno rival que sigue existiendo una gran diferencia entre ambos conjuntos.

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Elaboración propia

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