La Atalaya

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Desdichado ser humano. ¿No sabes sobrevivir sin demostrar tu existencia? Así será, pues te empeñas en dejar tu nombre por encima de todas las cosas. Dejar claro que tú eres la máxima exposición de la verdad. Crees que eres colosal, omnipotente. Lo puedes todo. Pobre infeliz, ¿no te das cuenta que eso no sirve para nada? Hazme caso, eso trae más enemigos que simpatizantes. Me esfuerzo en explicártelo pero continúas alimentándote de tus propias palabras. ¿Porqué, si no te nutren? Dime la verdad, ¿acaso no tienes miedo de vivir en mentira?, ¿es que temes por descubrir que navegas en un mar de arena? No tienes barco porque viajas sólo. Lo sabes pero tu mismo te rodeas de muñecos y le hablas pera convencerte de que todos te quieren. Piénsalo, las telas no sienten, esos muñecos con alegres sonrisas no siente afecto, no  anhelan el calor de los otros. Son entes fríos, inertes, que tú mueves porque no pueden moverse por si mismos. Ellos te necesitan para desplazarse y no te dan nada a cambio. ¿Pobre diablo, tan viejo y aún no te das cuenta de la esencia de tu propia vida. Vive, porque la vida es para vivirla, no la malgastes con tus necios juguetes.

Crees que todo se contempla mejor desde tu atalaya ¿verdad? Te hace sentir fuerte, capaz de todo. Pero no puedes saber qué ve el de abajo, nunca estuviste allí. ¿Quizás te asuste? Contémplalo con tus propios ojos, baja cada peldaño con cuidado para no resbalar y únete a los que tienen la mirada pequeña, mézclate con su carne y fúndete con su pensamiento. Aprende, por que, aunque no lo creas, continúas en fase de aprendizaje; eso dura toda la vida.

No bajarás ¿verdad? No quieres que nada desmorone tu fantasía. En ella tu eres y los otros no. Sabes que no te acogerán y por eso nunca estuviste lejos de tu fortaleza. No es tarde, no existe tiempo para ese gesto. Nosotros, los que observamos tu atalaya, llevamos toda nuestra existencia esperando ese momento. Otros lo hicieron, ¿Porque no has de hacerlo tú? ¿Es que pretendes que nosotros subamos hasta tu fortín para encontrarnos contigo? Seguro que no. Si eso ocurriera, te esconderías como una garza asustada.

Piénsalo, pequeño hombre, ¿y si nos cansáramos de mirar hacia arriba?

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