La arquitectura dramatúrgica de Schimmelpfennig

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Fuente: Teatrebarcelona

En la siempre acogedora sala del Maldà puede verse estos días, y hasta el 5 de marzo, La Peggy Pickit veu la cara de Déu, una tragicomedia del dramaturgo alemán Roland Schimmelpfennig, seguramente uno de los mejores dramaturgos contemporáneos, capaz de jugar con los géneros y de subir al escenario textos que son verdaderas construcciones dramatúrgicas.

El texto nos presenta a dos parejas que llevan años sin verse pero que fueron muy amigos. Unos se han acomodado, tienen una casa con garaje, una hija, un trabajo estable, mientras que los otros acaban de volver de África después de unos años allí como médicos voluntarios. El estilo de vida de ambas parejas, pues, parece radicalmente opuesto y, a pesar de la amistad que les unía, a lo largo de la velada será inevitable que las envidias mutuas y los juicios acaben por salir. Además, sobre este cuadro acerca de la condición humana, plana una reflexión sobre la actitud occidental hacia el tercer mundo.

El montaje, dirigido por Moisès Maicas –quien ya dirigiera hace algunos años otro texto de Schimmelpfennig, El dragón de oro−, cuenta con las interpretaciones de Núria Cuyàs, Xavier Frau, Óscar Jarque y Lluna Pindado. El texto, como no podía ser de otro modo tratándose de una pieza del alemán, presenta una temporalidad fragmentada, con repeticiones en aparte que anticipan o comentan lo que acontece en el presente escénico, rompiendo la cuarta pared. Intercala, además, un cuento, en su continua combinación de lenguajes y poéticas dramatúrgicas. Todo ello, no obstante, no implica que el público se distancie del conflicto latente en la obra y no siga con interés el acontecer de la acción dramática y su resolución, si es que la hubiera.

Parece que Maicas ha querido subrayar con su puesta en escena esta pluralidad de formas del texto y ha aprovechado la formación en teatro musical de las actrices para añadir fragmentos cantados, para huir del naturalismo. Sin embargo, ese recurso puede resultar poco afortunado, sobre todo hacia el final de la pieza, cuando esta llega a su clímax. Otra de las apuestas, bastante presente últimamente en los escenarios, es la pluralidad idiomática, permitiendo que los personajes se dirijan al público en sus lenguas maternas mientras usan un catalán estándar para el resto de intervenciones. Ello permite apreciar mejor el buen trabajo de la traducción realizada por Anna Soler Horta. También los actores se esfuerzan por dar vida a un texto ya de por sí muy vívido, pero tal vez sobresalga Núria Cuyàs por la naturalidad que aporta a su interpretación de la doctora recién llegada de África.

La Peggy Pickit veu la cara de Déu resulta una buena oportunidad para conocer y ver en escena este texto de Roland Schimmelpfennig, que vale la pena no sólo por la arquitectura dramatúrgica que maneja en él, sino por las reflexiones que sugiere y propicia a través de la historia de esas dos parejas y de lo vivido por una de ellas en el continente africano. Sus actitudes dan mucho de que hablar.

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