La abuela Remedios

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Mi bisabuela Remedios de Rochiña, fallecida hace casi siete años en el concejo vecino de A Veiga, se cuela últimamente en mis sueños (y en los de mi madre). Muy saludadora, de mirada limpia, cabello centelleante y piel ligeramente dorada, era la abuela Remedios –como le decíamos la mayoría de familiares– toda una señora. Sí, una señora, esa es la palabra adecuada. Pues, aunque no tenía estudios y había nacido en una humilde casa de labriegos –en Pacios, parroquia de Sante (Trabada)–, destacaba por su educación, por su elegancia innata y por su verbo fluido, pudiendo charlar de un modo natural con las gentes más cultas y estudiadas. Incluso, se dio el caso, con políticos regionales.

Es recordada, entre los familiares de mi Santiso natal, la réplica que dio la abuela Remedios a un doctor del Principado de Andorra (donde viven, todavía hoy, dos de sus cinco hijos). En su consulta, el médico, asombrado por la estupenda salud física y mental de la octogenaria señora, quiso advertir a ésta de los males de la senectud:

–De todas formas, vaya con cuidado, que tampoco tiene edad para hacer ciertas cosas…

Y mi bisabuela rápidamente, con mucha propiedad, sentenció la conversación:

–Doctor, usted también llegará, quiera Dios, a mis años. Y se dará cuenta de cómo funciona el cuerpo: no va a hacer falta que nadie, ni siquiera ninguno de sus compañeros de profesión, se lo recuerde.

El médico, sonrojado, esbozó una sonrisa forzada y se quedó sin saber qué decir ante la lúcida contestación de la abuela Remedios, quien modulaba la voz en los momentos de euforia o dolor, enfatizando las frases más significativas y guardando los silencios. En sus sosegadas caminatas santiseiras, nunca necesitó levantar el bastón o pararse en seco, que yo recuerde, para dramatizar una conversación: siempre resultaba cadenciosa. ¿Dónde aprendió esta señora a declamar de un modo tan efectivo y elegante? Nunca lo he sabido: ella –repito– no pudo estudiar una carrera, y su hogar no era precisamente una mansión, estando en la mocedad a punto de fallecer a causa del tifus, según me contó en más de una ocasión. ¡Pero ya podían seguir su ejemplo muchos locutores televisivos, licenciados y con maestrías, de voz campanuda y atropellada dicción, que confunden el énfasis con el exceso, el ritmo con la retahíla, la sentencia con el panfleto…!

Porque conocía bien a mi bisabuela, pude (re)crearla en un fastuoso sueño. La abuela Remedios, a sus 80 años, convertida en una tardía pero carismática actriz de teatro, regresaba a su hogar de Robaín (Santiso), una vez concluida la gira de su tercera obra.

Vénche cargada coma unha abella, meu fillo: ben sei que ven pra quedarse! (¡Viene cargada como una abeja, hijo mío: seguro que viene para quedarse!) –me decía la reidora abuela Aida, es decir, su hija.

Y lo cierto es que la señora Remedios traía varias maletas repletas de vestimentas (en la realidad, era muy coqueta) y de libros (Lorca, Machado, Valle-Inclán, Cunqueiro…). Tanto es así que mi abuela Aida contó con la ayuda de la prima Edelmira (de O Castro de Baixo, el pueblo más cercano al caserío de Robaín) para subir el equipaje al desván.

Sé que a la abuela Remedios le hubiera gustado saber de aquel sueño, donde todo concordaba. Su espíritu aventurero. El don de gentes. Su camisón blanco impoluto. Su profundo sentido –absolutamente lorquiano– de la muerte, de las fuerzas de la vida y de la naturaleza. El intenso suspiro a altas horas de la madrugada, anunciando el fin de un sueño. Su admirable poder de síntesis y su facultad natural para captar una gran suma de anécdotas, noticias, canciones, historias con resonancias mitológicas y poéticas… La naturalidad de quien desconoce sus dones. ¡Todo concordaba en aquel sueño! Incluso su voz casi grave, que creaba silencios a su alrededor, al decir:

–Que un hijo vea morir al padre es ley de vida: hay que aceptarlo. Pero un padre jamás debería ver morir a su hijo.

Ya que no pudo representar ninguna obra teatral en vida, a la abuela Remedios habría que recordarla, en fin, de ese modo: siendo la protagonista de un maravilloso sueño cuyos diálogos eran –como toda la trama– verdaderos, pues estaban previamente interiorizados por este soñador. Su vida, como la de tantas otras personas que sufrieron gran parte de los horrores del siglo pasado (ella nació en 1911), estaba incompleta y desordenada. Algo de esto queda plasmado en un poema escrito por ella misma, que concluye de esta forma:

Se a min me quitaran anos
ou eu volvera a nacer,
xúroche polo meu nome
que a Galicia había volver.

(Si a mí me quitaran años
o yo volviera a nacer,
te juro por mi nombre
que a Galicia iba a volver.)

La vida de Remedios –decía– estaba desordenada e incompleta. Y mi magín, en el sueño, se limitó a ordenar el riquísimo legado de la señora, salpicando las conversaciones de gracejos, puliendo incluso el humor –a veces demasiado recalcitrante– de sus paisanos gallegos. Como ella misma hacía al renovar (a la manera de un literato moderno) la tradición oral de un pueblo, reasumiendo –sin esfuerzo aparente– muchos tópicos, trayéndolos de nuevo, combinándolos, adaptándolos a las circunstancias de la charla, con lo que, sin perder su añejo sabor, los refranes, las moralejas, los romances…, se volvían nuevos al oído.

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Periodista cultural y escritor nacido en Santiso de Abres (Asturias), en 1987. Es licenciado en Periodismo por la Complutense y Máster en ‘Investigación en Periodismo: Discurso y Comunicación’ por la misma universidad, donde ultima su tesis: ‘La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión’. Es jefe de la sección de Folio en Blanco en LA HUELLA DIGITAL y colabora en el diario lucense ‘El Progreso’, en cuya redacción ha trabajado. Ha escrito artículos culturales para diversas publicaciones, como el periódico asturiano ’La Nueva España’ o ‘Revista de Letras’ (canal oficial de libros de ‘LaVanguardia.com’). Es autor del poemario ‘Camas de hierba’ (Vitruvio, 2011). Su lírica ha aparecido en diversas revistas poéticas y ha sido antologada en las obras colectivas ‘Amores infieles’ (2014) y ‘La primera vez… que no perdí el alma, encontré el sexo’ (2015), ambas editadas por Sial-Pigmalión y coordinadas por Antonino Nieto Rodríguez. También ha participado como narrador en ‘Cuentos y reencuentros’ (Laria, 2009), antología colectiva coordinada por Tino Pertierra. Escribe letras en gallego —su lengua vernácula— para la banda Foxnola. El líder de dicho grupo, Abel Pérez, musicó, para su anterior proyecto musical (Os Folkgazais), un poema de Acebo, ‘Desafío’.

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