Kilo y medio de Democracia para llevar

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En 1975 fallecía Francisco Franco, y con él una dictadura que estuvo presente en España más de treinta años. Tres años después nacía nuestra actual Constitución Española, fruto de un proceso histórico denominado Transición española, que convirtió el régimen franquista en una Monarquía parlamentaria.
Una etapa democrática que cumple ya veintiocho años de vida y que hemos estrenado por primera vez en nuestro país después de tantos y tantos siglos de monarquías absolutistas, de fracasadas repúblicas, de movimientos liberales fugaces, de dos dictaduras y de una historia política en general muy tupida.

Ahora nos encontramos en una sociedad democrática, en una sociedad en la que impera la igualdad, la justicia y la libertad como valores superiores de nuestro ordenamiento jurídico. Como tales, son principios teóricos que la sociedad en muchos casos anulamos por defecto, pero que en otros tantos explotamos en exceso y a conveniencia.

Tratamos de conseguir la igualdad de sexos en nuestra sociedad desde que el movimiento feminista se introdujera en España ya entrados los años setenta. En estos instantes actuales que habitamos comienza a ser una realidad palpable, con la que se han alcanzado grandes avances. Asimismo, es cierto que aún queda mucho por conseguir en este mismo terreno.

Pero, ¿qué precio hemos de abonar en el peaje final? La lógica marca que no deberíamos costear precio alguno, aunque la realidad nos niega esta afirmación. Antes de introducirse la mujer en el mundo laboral cualquier familia media española podía mantenerse y adquirir un piso con mayores o menores adversidades, y ello cuando sólo entraba en los hogares un solo sueldo. En la actualidad hace falta que dos sueldos entren en esos mismos hogares para subsistir, incluso a costa de préstamos e hipotecas salvajes.

Nosotros mismos, mediante empresas y acciones particulares, nos encargamos de aprovechar las múltiples posibilidades y vericuetos de esta descalabrada igualdad para beneficio propio con la excusa barata del progreso y del estado de bienestar social. Empresarios que no abonan el mismo sueldo a la mujer y al hombre, inmobiliarias que venden pisos con precios desorbitados, bancos que inflan el porcentaje de las hipotecas para justificar beneficios constantes, precios al consumo que se duplican con respecto a los sueldos mínimos interprofesionales, etcétera. Así, podríamos incluso afirmar que se vivía mejor hace treinta años que ahora.

Confundimos, de paso, libertad con libertinaje, mezclamos nuestra libertad personal con el “todo vale”, asaltando en muchos casos la libertad del prójimo sin mirar nuestros límites. Muchas alcaldías en España, y más de uno de sus inquilinos, saben bien de ese libertinaje, plagadas de una constante corrupción que salpica casi a diario la geografía nacional. Lo peor de todo ello es que muchos infantes y jóvenes aprenden rápido de esta filosofía actual de `Gran Hermano´, y así desorientamos el origen y finalidad de una democracia que nos ha costado tanto a los españoles.

De la justicia podemos estar tranquilos, la justicia somos todos. Desde la Revolución Francesa se ha forjado la imagen de una justicia con una balanza que simboliza el equilibrio, la igualdad, aunque en paralelo también se ha fraguado la insensata efigie de una justicia ciega, que en los tiempos que corren peca de cierta ingenuidad en aras de la independencia.

Nos hemos sentado en nuestros sillones durante horas, delante de nuestros televisores, en nuestros pisos, con nuestros coches, en el estado de bienestar que ampara nuestra Constitución, y que se circunscribe en nuestra democracia. Y esto no tiene otro nombre. Nos hemos aburguesado, nos hemos instalado en unas vidas cómodas, olvidando que aún queda mucha tela por cortar, que treinta años de democracia no son nada en comparación con tantos y tantos siglos de cualquier forma de absolutismo, de totalitarismo.

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

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