’Kick Ass 2’, un día más viejo, pero no más sabio

0
95

kickass2variantLa continuación del popular cómic de Millar expande de forma bombástica su concepto a cambio de sacrificar su espíritu.

 

En su momento Kick Ass fue una obra interesante. Tras tantos cómics intentando poner en un contexto “realista” el mundo de los superhéroes (desde Watchmen hasta Powers), Millar dijo basta y decidió que iba a hacerlo en serio, poniendo a un friki sin talento de protagonista y pintándole más como un idiota en mallas que como un, bueno… un superhéroe. El cómic tenía fallos de trama, presentación y temas, pero lograba entretener y presentar la realidad desde una curiosa lente, y cerró con un final abierto presuntamente para emular esas historias que dicen “oh, esto sólo acaba de empezar”.

Tonto de mí, iba en serio y ahora tenemos la secuela.

Kick Ass 2 empieza donde todo terminó, con Red Mist fuera de juego y el titular protagonista continuando la tendencia de los superhéroes en la vida real. Entrenado bajo el ala de Hit-Girl, ahora Kick-Ass puede defenderse en una pelea y comienza a reunir adeptos para formar una coalición de superhéroes.

Luego llega Red Mist y todo se va a la mierda.

Kick Ass 2 se siente extraño. Es como esos programas en los que cogen a gordos y los convierten en modelos apolíneos. Sí, tiene mucho tono de secuela, coge los conceptos del original y los trabaja o expande para darles un nuevo enfoque o hacernos sentir que estamos viendo la historia progresar, pero al mismo tiempo en esa búsqueda guiada por el espíritu de “más es mejor”, hay algo que se pierde. Ya no estamos ante la historia de un idiota que de pronto se da de bruces con un panorama surreal, esto no es una semi-comedia que se plantea lo estúpido que sería el hacerse el superhéroe. Esto es un cómic de superhéroes en toda regla, con acción, drama, muerte, violencia, buenos y malos. Como indica una vergonzosa introducción, este cómic pretende ser más gamberro y transgresor, pero al final eso se acaba traduciendo en una retahíla de palabrotas, violencia por la violencia y en general una visión tremendamente infantil de la acción. Al final hay un intento de deconstrucción de toda la premisa, pero una vez más la terquedad de sus personajes lo acaba opacando todo. Si a esto le sumamos el trabajo de un Romita irregular que ha visto días mejores, tenemos ante nosotros un cómic muy mejorable. Como obra en general se siente más sólida y enfocada, pero es un enfoque hacia la acción superficial. Cambiando el marco y viéndolo todo como una obra de acción pura puede llegar a ser entretenido, pero mirando atrás, esos días en los que este era un curioso experimento y nada más no eran tan horribles…

En fin, ya que estamos, divirtámonos.

 

Imagen: Portada del cómic, de John Romita Jr.

Dejar respuesta