Kaká

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Hace dos temporadas, cuando la ristra de presentaciones de campanillas acampó en Concha Espina, fue la de Kaká la puesta de largo más ilusionante de cuantas hubo. Aunque el estadio no se llenó para ver al brasileño, las conversaciones giraban en torno a su figura: ¿será, éste sí, el nuevo Zidane? Aquel aficionado que niegue que su rostro se iluminó al conocer tal fichaje, caerá en el embuste, pues ha sido Kaká y sólo Kaká el que mayor decepción ha causado entre la masa blanca. Y la decepción siempre va unida a la ilusión.

Quizás el tiempo de cortesía se haya agotado para Ricardo, al que ya no defiende ni Florentino, principal valedor y artífice de su fichaje. Si en su primer año pudo gozar de tregua, el segundo evidenció la mayor: un jugador como él, a su precio, no puede tardar tanto en rendir. Porque, desgraciadamente para Kaká, su edad no es equiparable a la de Karim, y su periplo por el fútbol se encuentra en la línea descendente que precede al fin. Por ello, el objetivo actual es rentabilizar al máximo su marcha, sabiendo que nunca se conseguirán cifras cercanas al desembolso que por él se hizo.

Sin embargo, Kaká ha tenido bula para mantenerse: son muchos los que, en las páginas de medios deportivos, han sido benévolos con él, hasta el punto de rayar lo dantesco. Mucho tiempo se ha esperado por su explosión, pero la llegada de Mou le ha condenado: el portugués no espera a nadie, pues su empresa es ser el mejor entrenador de todos los tiempos. Y, en tal camino, no se puede cargar con lisiados.

Texto: elaboración propia
Foto: Reuters

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