Juventudes borrachas

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Se ha extendido una idea como la pólvora ¿O estaba extendida? Siempre hay quien discrepa de este tipo de historias, pero el caso es que hay una gran mayoría que las arropa sin dilación porque lo dice su voceador favorito. El caso es que ahora toca que los jóvenes son unos irresponsables, que se hacen pipí y popó en cuanto les mientan el curro, la responsabilidad y el mono del armario. Que no saben ni por donde les viene el aire. Que sólo piensan en emborracharse, irse de putas, putos y poco más. Un discurso viejuno, de todas las épocas. Como la minifalda, que siempre vuelve.

Bueno, pues no. La juventud siempre ha sido así. Da lo mismo que lleven jubón o camisetas de Calvin Klein. Con el paso del tiempo, misteriosamente, estos que sólo saben emborracharse y montar bronca escriben obras cumbre de la literatura, son profesionales de renombre o simples curritos, pero honrados, que tanto da. Se ganan la vida como pueden o mejor y se convierten en personas respetables, sin más. Newton, Edison, Villón, Lou Reed, con electroshock incluidos, un montón de ellos. Y sólo estoy contando los que salen en los papeles. No voy a mentarles los simples profesionales que pasaron de irrecuperables borrachos a trabajadores honrados en un inmediatamente. Ya se imaginarán que la lista es interminable. Los irrecuperables siempre fueron los mismos, y los buenos también. En todas las épocas. Pero ellos erre que erre.

A estos tipos tremendistas siempre se los reconoce por su cara enrojecida y sus firmes principios. Cuando la cosa se complica son los primeros en encontrar soluciones. De un plumazo, lo mismo te solucionan el problema autonómico que la inmigración, o una ecuación de no sé cuantos grados.

Con esto de la juventud y su educación les pasa igual. Tienen ideas claras sobre el asunto Un grupo de medio-adolescentes, medio-adultos es un filón incontestable para ellos, sobre todo si pasa por delante de la facultad de CCII de la UCM un día de botellón, de los muchos que hay. Sus conclusiones serán claras y encontrará la solución entrando por la boca de metro de Ciudad Universitaria.

Suelen ser tertulianos, porque todo el que tenga lengua fácil y cerebro contenido tiene ahí un filón. Es una forma como otra cualquiera de ganarse la vidilla, a ver lo que se pilla. Otros tantos, no por ello menos pesados, pueden ser tu cuñado, el vendedor de periódicos o el camarero del bar de la esquina, que te da la barrila con Kevin, que ha cateado cinco y no sabemos que hacer con él y bla bla bla. Ya hasta eso se pierde, ay la leche, el camarero discreto sin opinión ni vida propia salvo para personas de confianza se extingue. Se ha convertido, lo mismo que los periodistas, en un “opinador”. En lugar de ver, oír y callar, ahora resulta que don Manolo y don Pepe tienen soluciones para todo.

Pero el caso es que estábamos hablando de los tertulianos y de la educación de nuestros jóvenes. Ahora, con la cosa de la integración y eso, los borrachos pesados no están en los bares, y no se les puede mandar a freír lo que se nos ocurra. Ahora les dan asiento y palabra en tertulias varias. Ellos no fueron irrecuperables en su juventud, lo son ahora. Y prescindibles también. Pero como tenemos que tener siempre algún exaltado que nos diga lo que tenemos que hacer y pensar, pues eso.

Fuentes de la imagen:
http://www.bublegum.net/demes/25442

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