Julio de la Rosa, sin trampa ni cartón

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Transformar el escenario en el salón de su casa. Eso fue lo que hizo Julio de la Rosa este miércoles en la mítica sala madrileña El Sol. Como quien da una fiesta con sus mejores amigos, el cantautor gaditano, se entregó completamente en la interpretación de cada tema, que más que sonidos y acordes parecían ser la manifestación de una parte de su ser.

Julio de la RosaTrajeado, combinando la elegancia con una brillante guitarra negra, Julio de la Rosa estrenó su actuación de un modo intimista, a solas con el tema “El traje”. De fondo un eco repetitivo y taladrador, dio a este tema originariamente bastante marchoso un toque más psicodélico.

Pero la soledad en el escenario le duró poco. Progresivamente se fueron uniendo al cantautor, canción a canción, el resto de sus músicos llegando a haber hasta siete personas en el escenario. El tema “La cama” de su tercer álbum en solitario, ya invitó a que todos los presentes movieran sus articulaciones al ritmo estruendoso de una potente percusión.

El tema “Sexy, sexy, sexy” era solo un anticipo de la picardía explícita de otros temas que vendrían después. Y para aderezar aún más la puesta en escena, los latigazos con el cinturón, de la sensual chica que hacía los coros al cantante, a un instrumento de percusión colocado en el suelo, marcaron el acento del tema “Gigante”.

Julio de la RosaCon “Colecciono sabojates” o “Tarde a todas partes” de su último álbum Pequeños transtornos sin importancia, Julio de la Rosa hizo gala de su particular visión irónica de los malos tragos que inevitablemente el amor nos hace pasar. Porque como reza el tema antes mencionado “si el amor es un trastorno, uno más que más me da”. Y como lo interesante son los matices, Julio de la Rosa también se hundió se lleno en un abismo musical, con tintes de luces rojas, como si quisiera redimir sus culpas a grito pelado con el punzante tema “Glorieta de trampas”.

El cantautor no perdió la oportunidad de incluir un tema de su antiguo grupo El hombre burbuja, “Kill the mosquito”. La estrambótica y canalla narración de una plaga de mosquitos con la que se encuentra un grupo de amigos de vacaciones, fue interpretada con una serie de instrumentos de lo más atípicos para trasladar al público a ese verano raro y caluroso.

Miren Iza del grupo Tulsa y Josephine Aylina de Boat Beam, protagonizaron dos dúos respectivamente con el cantautor, que llegado a un punto, sin ningún tipo de formalismos, decidió quedarse en calcetines sobre el escenario para estar más cómodo. O si no, se sentaba en el escenario para descansar las piernas tomándose un pequeño descanso merecido después de su total entrega en cada canción.

Maldiciones comunes” fue el último arrebato de sinceridad que ofreció Julio de la Rosa a su público. Como su propio autor, un tema sin maquillaje, sin máscaras, sin rodeos. Un mismo mensaje con distintos destinatarios en las mentes y en las voces de los presentes: “Que lo sufras, que ya es hora. Y si escuece que te jodan”.

Fotografía: Inocencia Donoso