Juego de niños

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Esta noche tenía un compañero de fútbol muy especial. Jugaba el Madrid contra el Sevilla en Chamartín y a mi lado, en el sofá, un ser inocente y de temprana edad, de esos que reparten alegría. De aquellos que no controlan aún el arte de la oratoria e introducen demasiadas zetas y demasiadas des. También llegan al atrevimiento de inventarse palabras que, al menos a ellos, les suenan bien. Sin embargo este pequeño que desconoce más de lo que comenta, suele mirar las cosas con ojos sinceros y tal como las ve, así las dice. Estaba ilusionado y algo nervioso, me miraba como si fuera la primera vez que viera un partido. Me preguntaba si Guti jugaría, es su preferido. Al inicio del partido su cara de alegría se convertía en cierto aburrimiento y su honestidad le llevaba a trastear con sus pies o cualquier objeto cercano, porque el Madrid en la primera parte no jugaba bien. Estaban adormilados y bastante atontados. Hasta el punto de que el Sevilla aprovecho dos que tuvo y las metió. Este pequeño seguidor se enfurruñaba en cada gol, sobre todo en el segundo en el que, más que enfadarse, preguntaba por doquier “pedo… ¿Qué ha pazao?”.

Lo mismo nos preguntábamos los demás, que no podíamos darle mejor respuesta que un “no lo sé”. Durante varios minutos en los que el Madrid intentaba la remontada y no lo conseguía, ni lo hacía bien, mi compi de sofá, sin mucho tino en el momento elegido, se levantaba y decía cosas como “pazazela que ta zolo”, “no, abito no, ezo no ez fata” y frases varias aprendidas por audición. Y es que en verdad el Madrid no ha jugado bien en la primera parte y, para mi gusto, en la segunda tampoco. Lo que ha puesto es más raza que razón. Y más razón que un santo tenía mi amiguito cuando me preguntaba “¿y Kaka?”. Disculpen las faltas de ortografía y las tildes omitidas que puedan ser ofensivas, pero es que si no se escribe así no llegarían a hacerse una idea de la inocencia natural de este televidente. Pues Kaká…no está, esto es lo único que le podía responder. Estar, estaba. Pero sin estar. Y esto explicárselo a una carita que te mira con mucha atención pero que realmente no comprende nada, resulta complicado. Al igual que resulta complicado entender porque nadie ve que al pobre Kaká lo que le hace falta es descanso, que la puvalgía no la cura Lourdes y tampoco la Almudena. Nos miraba extrañado cuando nos metíamos con Marcelo, en mi casa, bueno, y en casa de muchos otros, este jugador no convence. Y a Pellegrini le gusta, no sabemos por qué razón, quizás por ese estilo inconfundible de no hacer nada y de perder balones a tutti plen. Es, a lo mejor, esa táctica que usaban los ejércitos que perdían las guerras “quemaremos a sus mujeres, mataremos sus cosechas, violaremos a su ganado… ¡eso les confundirá!”. Seguramente sea eso, el elemento creador de confusión, para que las estrellas tengan más espacios. En el descanso el mini comentarista se levantó para ir a hacer pipi, ya saben los abuelos y los niños van mucho al excusado, y volvía preguntando por Guti. Seguramente no sepa mucho de táctica pero el granujilla sabe donde está la calidad, cuando quiere estar. Y nada más hacer el cambio el Madrid desatascaba el centro del campo, usaba más las bandas y el catorce repartía pases como quien reparte panes, con la misma facilidad. Pases dibujados con tiralíneas y tinta china. Milimétricos. Fantásticos. Y gracias a un coraje que muchas noches se echa en falta en los blancos, el Madrid empataba el encuentro. El sofá temblaba con los saltitos de mi animado colega que aplaudía y cantaba a la par “hala madi, hala madi” con una sintonía inventada, pero igualmente tierna. Cómo loco se ha puesto cuando “Van de ba” metía el definitivo. También le ha hecho especial ilusión cuando ha salido Raúl, tan joven y ya raulista. En definitiva, mi joven compañero ha terminado aplaudiendo, alegre, entusiasmado y feliz. Como todo el Bernabéu, como yo. Pero siendo tan sinceros como un niño, hay que decir que a este Madrid le falta, demasiado a menudo, esa chispa de los últimos cuarenta y cinco minutos, esa magia que hace a un estadio ponerse en píe y a la inocencia personalizada terminar rendido de pura alegría. Ese toque que convierte al fútbol en lo que debería ser siempre: un juego de niños.

Fuente de la imagen
Agencia EFE

2 Comentarios

  1. Buen articulo. No estoy de acuerdo en la critica a la segunda parte. El madrid juega bien pero lo hace con 9. Kaka Y Xavi Alonso estan de cuerpo presente, el alma se les quedó en Milan Y Liverpool.
    Original el articulo. Tu pequeño amigo apunta maneras.

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