¡Jubílese, señora!

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Lo malo de ir siempre por ahí con las orejas puestas es que uno se arriesga a presenciar alguna que otra escena desagradable sin la que podría pasar una larga y feliz vida. Para el que escribe estas líneas sería lo ideal, más que nada para evitar úlceras o dolores de cabeza innecesarios.
Creo que fue en el primero de los artículos que publiqué en esta revista donde relativizaba esas opiniones extremistas que tienen algunos sobre la juventud de hoy día. Que no me parecían tan vagos y quejicas como les pintaban. Que los buenos siempre serán los buenos y terminarán por salir a flote, a pesar de botellones y de meterse cosas por la nariz. Toda esa ringlera que algunos se empeñan en desmoronarme con sus actos. Como siempre me gusta quedarme con la perra gorda, pues me molesta un poco que me tumben los argumentos.
Al estar matriculado en una carrera universitaria, esa que ustedes ya habrán adivinado, hábiles lectores, me veo obligado a asistir a clases y exámenes de diversa condición y pelaje. Hace muy poco, en uno de esos exámenes, pude comprobar que el carácter quejica y maleducado que me empeñaba en no ver está vivito y coleando.

Cuando te matriculas en alguna de las carreras universitarias que ofrece esta santa casa, vienes un par de días a clase y te das una vuelta por ahí, para ver el percal, intuyes ciertas cosas. La primera de ellas es que viendo las canas y achaques que peinan la mayoría de los docentes, rara vez será instruido en técnicas o tecnologías demasiado actualizadas. Eso está claro. Pero eso es una cosa y otra creerte con autoridad moral para recriminárselo en público. Un acto de mal gusto, además de inútil. Uno es muy libre de examinarse de tal o cual asignatura. Asistir a clase o no. Irse de rositas siempre, sin que te afee la cosa quién corresponda, es difícil. Aunque siempre hay algunos que están acostumbrados a ello, y de ahí las pataletas de última hora.

Recomendarle de manera abrupta, en mitad de un examen, a una profesora que se jubile porque lo que enseña “no sirve para nada” no es que tenga mucho sentido. Una escena desagradable, con su puntito cómico, por lo esperpéntico del asunto más que nada. La cosa toma tintes absurdos cuando otro alumno/a más se anima y recrimina que el examen era muy difícil, que lo había puesto a mala leche. Esa escasa hora y media ofreció alguna que otra perla más que transformó a alumnos de segundo ciclo de licenciatura en lloricas de primaria. Lo que más me preocupa, nadando entre tanta lágrima y mala educación, no es que alguien pueda cuestionar métodos o temarios obsoletos y anticuados, cosa lícita que pensamos más de uno. Lo que no me parece bien es que se atrevan a semejante actuación, en lugar de guardárselo para el momento que corresponda y no dar la matraca a los demás. Apechugar con el mochuelo, que diría mi abuelo. Que ya tenemos bastante los demás con lo nuestro, para que encima nos envenenen la sangre con obviedades.

El problema no está en que alguien quiera que le enseñen las asignaturas matriculadas con temarios y tecnologías actualizadas. Esa es una petición lícita. Lo preocupante es que la idea que planea sobre esos lloros y pataletas, me temo, es la convicción de muchos alumnos de que llevarse el aprobado calentito y sin dar ni clavo es un derecho adquirido con la matrícula. Vamos, que con un día de asistencia a clase y tres horitas de estudio antes del examen, por lo menos un notable ¿no? Pero claro, después resulta que la realidad es otra. Estos profes aguafiestas, carcamales de otro siglo, no hacen más que aguarnos el calimocho, poniendo exámenes que no hay quién apruebe. Frustrándonos y empujándonos a la bebida y la play station.

Lo bueno que tiene esto es que no tenemos que preocuparnos por nuestro derecho a aprobar sin dar chapa. Nuestros derechos están a salvo, ya que siempre habrá abogados de secano, defensores de su propia causa dispuestos a decirle al que se ponga por delante: Jubílese señora. Váyase, señor X. Cómprese un desierto y bárralo. Opérese y no se cosa… Ya estaba envalentonándome. Iba a empezar con los verbos tocar, comer y chupar. Pero ya está bien con estos ejemplos y acabo aquí.

Fuente de las imágenes:
http://4.bp.blogspot.com/_5psVOxhQmZ8/S1mfhYa3UDI/AAAAAAAAAcs/db5x97Jwyis/s1600-h/respeto-01.jpg
http://ceiplossalados.centros.educa.jcyl.es/sitio/upload/img/JORNADA_INTENSIVA.JPG
http://2.bp.blogspot.com/_hJWeup_ff_4/Sp0Ka6fHBbI/AAAAAAAABE8/noKCfjDH-jc/s320/12_quejas.gif

2 Comentarios

  1. Yo también lo vi y desde luego que las formas pudieron estar mejor, pero estoy convencido de que más que reinvindicar el derecho a aprobar sin dar ni chapa, reivindicaba el derecho a recibir una asignatura en condiciones.

    Dices que debido a sus canas es comprensible que no esté actualizada en tecnología, pero…SORPRESA: la asignatura que imparte es TECNOLOGÍA por lo que debería estarlo. Y si no, impartir otra asignatura que no requiera tanta actualización.

    El problema del asunto no es que su asignatura sea inútil, que no lo es. El problema es que lo que ella nos enseña es inútil, en nuestro siglo digo. Estamos aprendiendo a maquetar a mano y en papel en vez de hacerlo con el Indesigns o cualquier otro programa de los que se utilizan. Es decir, estamos tirando el dinero de nuestra matrícula, mientras que nuestros compañeros de otras clases maquetan sus propias revistas en las pantallas.

    Te puede gustar más o menos el derecho o la teoría de la información; pero al fin y al cabo en derecho te enseñan leyes y en teoría, teorías. Sin embargo a estas alturas, a una regla que mide puntos didot ya no se le llama tecnología.

    Por cierto, ese chaval inmaduro y pendenciero del que hablas lleva 3 años deslomándose en un periódico, habla inglés y chino a la perfección, y te aseguro que de “calimochero” tiene poco. Que el artículo te ha quedado bonito, pero te has columpiado, así que no permitas que se te envenene la sangre con tan poco.

  2. Hola Javier. El artículo no habla personalmente de nadie, aunque aproveche esa escena puntual. Simplemente me dió pie para comentar algo que me parece que está presente en nuestra facultad, aunque quien aparezca de modo puntual no represente en realidad a ese colectivo que sí protagoniza el artículo.
    Aunque haya parecedio que personalizo, no era mi intención. Trato de ir de lo particular, -la escena concreta-, a lo general, para reflexionar sobre una cuestión determinada. Se me puede haber ido la mano con el tono, y puede haber dado a confusión, pero la intención es otra diferente.

    Un saludo Javier

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