Joyce Farmer: “La dignidad es comportarse como un adulto cuando los que te rodean actúan como niños”

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Portada "Un adiós especial"

Inmersos en una sociedad que estima la juventud como el tesoro más preciado, donde la arruga ha sido sustituida por el bótox y personas maduras se ponen en ridículo al vestir como sus hijos, hablar de la muerte se convierte en un tema espinoso y al que pocos les gusta afrontar. La publicidad ha instalado en nuestras mentes la promesa de una eterna brillantez física, cuando la única verdad es que el cuerpo humano se marchita, pierde poco a poco su belleza y acaba por servir de pasto a los gusanos.

Hace cincuenta años -y quizás algunos menos- la muerte era vista en nuestras sociedades como algo natural, un proceso más en la vida de los individuos. Los muertos eran velados en sus casas y los niños conocían esa realidad desde su más tierna infancia. Ahora, en cambio, el fallecido es trasladado a un tanatorio donde la experiencia del adiós se vuelve tan fría como esos dispensarios modernos de seres queridos. En resumidas cuentas, le tenemos miedo a la muerte.

Sin embargo, hay otras maneras de afrontar ese momento, inevitable, en el que un allegado comienza su declive y anuncia su inminente marcha al otro barrio. Buen ejemplo es el que plasma Joyce Farmer (Los Ángeles, Estados Unidos, 1938) en Un adiós especial, novela gráfica donde la autora narra los últimos años de vida de su padre y su madrastra. Con brillantez y sumo respeto, la dibujante ofrece doscientas páginas donde se muestra el implacable marchitamiento de sus progenitores, la aparición de las primeras incapacidades, la pérdida de la independencia o del control sobre las funciones corporales, el olvido, la inapetencia y, finalmente, el hastío por seguir en este mundo.

Miembro destacado del cómic underground de los setenta, Farmer gustaba de imbuir sus trabajos de un marcado acento feminista, reflejado en sus colaboraciones para la antología Wimmen’s Comix y en su condición de impulsora de materiales tan polémicos como Tits & Clits o Abortion Eve. Cansada de que su talento no se tradujera en beneficios económicos, la autora se alejó del noveno arte entre 1984 y 1997, momento en que decidió retomar su actividad como historietista con Un adiós especial (Astiberri), libro que ha desarrollado durante los últimos trece años y sobre el que ahora charla en una entrevista con La Huella Digital.

¿Cuál fue el punto de partida para Un adiós especial?
Quería hacer una historia entretenida, con un sentido profundo, y que los jóvenes pudieran aprender acerca de los problemas que conlleva el envejecimiento. En Estados Unidos, las personas mayores de 65 años tienen toda la ayuda médica que necesitan y, en ocasiones, incluso más de la necesaria. Al cuidar de mis padres en su vejez aprendí mucho y pensé que sería bueno compartir esa información con otros.

Según su experiencia, ¿es muy difícil mantener la dignidad cuando uno se hace viejo y las fuerzas ya no acompañan como solían hacerlo?
La dignidad viene del interior, de comportarse como un adulto cuando los que te rodean actúan como niños. Dignidad significa autoestima saludable. Puedes perder la fuerza física y aún así ser digno. Si sufres incontinencia puede resultar muy embarazoso y los demás podrían pensar que has perdido la dignidad, pero ambos hechos no tienen nada que ver el uno con el otro.

¿Por qué nos cuesta tanto pedir ayuda cuando la necesitamos?
No sé por qué es tan difícil. Supongo que nos gusta ser independientes. Muchas personas temen que sus hijos les fuercen a abandonar sus hogares y mandarlos a asilos, por lo que muchas veces no piden ayuda a tiempo. Mi padre había cuidado de su madre, le había hecho los recados… Yo también le compraba comida o le arreglaba la silla de ruedas. Fue un entrenamiento excelente para el posterior cuidado de mis padres.

Viñeta "Un adiós especial"

Ha invertido trece años en crear esta novela gráfica. ¿Tuvo alguna vez la tentación de abandonar?
Un montón de veces. No trabajé de forma constante durante esos trece años, porque en tal caso me habría deprimido por la historia y por la lentitud del proceso. En ocasiones la apartaba durante meses, pero quería compartir esta historia, incluso si resultaba deprimente, porque seguía siendo muy interesante y valía la pena. Cuando llegas a la mitad de un proyecto tan grande, no puedes abandonar y perder el cien por cien de tu esfuerzo.

Este cómic narra una historia dramática, pero eso no impide que haya ciertos momentos muy humorísticos. ¿Cómo se las apañó para combinar ambos aspectos?
Mi padre tenía un gran sentido del humor. Podía ver la ironía de una situación y la broma que encerraba. Yo traté de capturar su ingenio y poner algo divertido o irónico en casi cada página. De otro modo, la historia habría sido demasiado deprimente, porque no podemos olvidar que se trata de dos ancianos que se están muriendo. ¿Qué hay de gracioso en eso? Todo depende de cómo lo cuentes.

Nunca se había enfrentado a una historia de esta longitud. ¿Fue muy complicado llevarla a cabo?
En una palabra: sí. Tenía unos cien incidentes individuales en mi cabeza, así que los junté todos e intenté mantener las referencias a los hechos originales. No creo que hubiera sido capaz de inventar una trama como ésta sin experimentar los incidentes en primera persona. Y tampoco creo que hubiera sido capaz de plasmarlos en prosa. Para mí, la caricatura es tan importante como las palabras.

¿Considera que este cómic funciona como una guía, una suerte de manual para las personas que deban afrontar una situación parecida?
Sí, y de hecho el libro ya se está utilizando en clases para cuidadores profesionales. Me hace muy feliz, porque siento que he hecho algo positivo para mejorar la forma en que las generaciones más jóvenes se acercan a la atención de los ancianos.

Han pasado casi 25 años desde que se apartó del cómic. ¿Por qué sintió la necesidad de regresar?
Nunca me alejé a propósito. Tenía un negocio rentable que se llevaba todo mi tiempo y energía. Había que ganarse la vida, mi esposo y yo construimos nuestra casa, mis padres necesitaban mi ayuda… Entre 1984 y 1997 estuve demasiado ocupada como para hacer historietas que valieran la pena. No soy una dibujante que tiene una idea y crea una historia. Todas mis historias tienen una gran cantidad de reflexión detrás de ellas.

Usted dibujó algunos cómics muy relevantes durante buena parte de los setenta y principios de los ochenta, pero ha señalado varias veces que nunca ganó el suficiente dinero como para convertir el cómic en un modo de vida. ¿Qué ocurrió?
Trabajo muy lentamente, nunca he podido dibujar con mayor rapidez. En los setenta y los ochenta hice algunos trabajos muy controvertidos, pero no había mercado para dibujantes tan radicales. La mayoría de la gente no entendía por qué alguien querría señalar los aspectos más extraños de ser una mujer. Para mí es un placer que ahora se aprecien mis trabajos previos de forma más seria.

En 1973, Lyn Chevli y yo casi fuimos arrestadas por nuestras historietas. En 1975, las tiendas no querían vender cómics underground –comix-, porque no solían obtener beneficios y los libreros corrían muchos riesgos de ser detenidos bajo acusación de vender pornografía. Yo no estaba interesada en hacer historias lindas y sin profundidad sólo para vender mi trabajo. En 1997, tres años después de que mis padres hubieran fallecido, surgió la idea de escribir su historia.

Viñeta "Un adiós especial "

¿Cómo recuerda esos trabajos más radicales, como Tits & Clits o Abortion Eve, que causaron tanta polémica en su momento?
Eran muy divertidos de hacer. Con ellos aprendí a escribir y dibujar historias, y me permitieron conocer a un montón de gente interesante y hacer grandes amigos. De una forma muy modesta, ayudamos a construir una cultura más abierta y tolerante, y eso me enorgullece. Las mujeres de hoy no tienen idea de lo difícil que era soportar ciertas actitudes que existieron hasta la década de los setenta. Por suerte, los tiempos han cambiado, y me gusta pensar que yo puse mi granito de arena.

¿Piensa que, de alguna forma, esos cómics tuvieron un efecto negativo en su carrera, que le cerraron más puertas de las que abrieron?
Probablemente no. Si no estoy haciendo algo controvertido, la vida no tiene ninguna diversión. Jamás me habría convertido en dibujante si no hubiéramos creado Tits & Clits.

¿Se siente una pionera? Es decir, usted se lanzó a publicar cómics feministas cuando se trataba de una temática casi marginal…
Ahora me dicen que soy una pionera, pero en aquella época sólo tratábamos de responder a la misoginia que existía en la mayoría del cómic underground.

¿Ha recibido alguna oferta para reeditar o recopilar todos esos antiguos materiales?
Hemos tenido algunas conversaciones, pero de momento nada concreto. Si llegáramos a hacerlo, necesitaríamos la colaboración de un historiador que entienda realmente lo que estábamos tratando de lograr con aquellos trabajos: llevar el humor al movimiento feminista.

+ Info Astiberri:
Página web oficial.

Fotografía: Don Barletti/ Imágenes cedidas por Astiberri

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