Jóvenes: fuera del mundo laboral… y del cultural

0
298

No soy muy dada a escribir en primera persona, consciente del compromiso y del peligro que conlleva. Pero hoy vengo a contar algo que me sucedió en una de las noches, a mi parecer, más interesantes del año: la celebración madrileña del día de San Jorge, la Noche de los Libros. 

forges

El mismo día en que autores tan imprescindibles para la literatura como Miguel de Cervantes, Garcilaso de la Vega o William Shakespeare perdían la vida, y en consecuencia la palabra, a mí se me intentó, no sin cierta educación –por lo menos de eso algo queda- echar en dos ocasiones de una emblemática librería de la capital española.

Llevo dos años escribiendo en una revista universitaria, concretamente en la sección literaria. Con esto quiero decir que soy asidua asistente a presentaciones de libros, ruedas de prensa o exposiciones cuyo objeto tenga que ver con el arte de la redacción. Siempre me he ido con la misma sensación, algo triste, de sentirme prácticamente la única representante de mi franja de edad en dichos eventos.

Esto me ha permitido, eso sí, poder preguntar con mas tranquilidad, acercarme a autores o conferenciantes a preguntar o plantear dudas y obtener respuestas sinceras y casi siempre, con una sonrisa en la cara y la consiguiente pregunta: “Y tú, ¿que haces aquí?”. Una pena, el tener que decepcionar en cierto sentido a dichas personas, siendo mi deber contestarles que vengo a observar, tomar nota y fotografiar el acto para publicarlo en mi revista, y no poder decirles que el motivo de mi presencia allí es puramente voluntario.

Pues bien, una vez explicado esto, paso a contar lo que hoy me ocupa, y me disgusta. Resulta que la otra noche, decido que la opción mas apetecible bajo mi criterio es una charla que iba a tener lugar en la librería Rafael Alberti de Madrid, y a la cual iba a asistir Ian Gibson a hablar durante una horita sobre su vida, sus primeros pasos en el mundo de la biografía y de tres de sus biografiados: Federico García Lorca, Luis Buñuel y Salvador Dalí. Tres personajes que, cada uno en su campo, aportaron a la historia de nuestro país geniales obras de las que yo, personalmente, soy firme admiradora.

Consciente de la envergadura de la cita, decido acudir a la librería una hora antes del comienzo para poder tomar asiento entre las primeras filas. A esa hora iba a comenzar otro acto en el que el periodista Juan Cruz hacía una entrevista al escritor Julio Llamazares, por lo que la tienda estaba repleta de gente. Me coloco en el pasillo de entrada a la sala donde esto iba a desarrollarse y se me acerca la responsable de dicha librería a decirme, que no podía pasar, que estaba todo lleno. Le digo que por supuesto, que me quedaba donde estaba y que lo único que necesitaba era acercarme un poco durante la presentación para tomar alguna fotografía. “¿De donde vienes tú?”, me pregunta con cara de morder limones, “de la Huella Digital”, le contesto con la cabeza bien alta. “Ya bueno, pues es que ya no se puede entrar eh… tenías que llegar antes.” Decido ignorar las ganas que me invaden de expresarle lo poco que me importan sus consejos, o recomendaciones –por decirlo con suavidad-  y me quedo de pié, esperando que pase la hora con la esperanza de poder coger un buen asiento cuando acabase la conversación entre Cruz y Llamazares.

Al acabar ésta, espero muy educadamente a que se vaciasen las sillas y me adentro en la sala, feliz, porque había dos sitios perfectos –para mi y mi acompañante- en segunda fila. Vuelve a acechar la “organizadora”, una tal Lola (me enteré mas tarde) a decirme que no, que no podía entrar. “Llevo esperando una hora para escuchar a Ian Gibson”, le contesto –y confieso que ya me estaba tocando la moral más de lo debido-  a lo que replica: “Bueno, como digas, pero ni fotos, ni entrevistas, ni nada”. Mi cara debió de ser un poema en ese instante y mi contestación clara: “Me podré quedar a escuchar ¿no?”, a lo que me contesta, con sequedad y resquemor, “Sí, como público sí,”.

No puedo explicar como querría el cabreo que me provocó esta mujer en dos ocasiones con espacio de una hora entre cada vez.

No sólo porque es bastante discutible el que me prohíba hacer una pregunta a Gibson o fotografiarle, puesto que vivimos en una sociedad libre con un derecho a la información tipificado en la Constitución. También porque estoy cansada de escuchar, en cada lugar al que asisto, lo triste que es que los jóvenes no se interesen por la cultura, por todas las opciones que tenemos a nuestra disposición y no aprovechamos. Y quiero destacar que en dicho evento no había prácticamente representación juvenil. También porque esa pregunta sobre la procedencia de mi información me parece discriminatoria e infernal. Porque estamos cansados de escuchar lo comprados que están los medios españoles, la ausencia total de imparcialidad y todos conocemos la deslegitimación que cargan a sus espaldas. Porque NO existen medios menores, sino medios con menos millones y menos influencias procedentes de bancos, grandes grupos empresariales y políticos. Porque en mi medio puedo escribir como quiero y de lo que quiero, sin indicaciones, ni recomendaciones. En un día tan especial y necesario como el del Día Internacional del libro, flaco favor le haces, Lola, a tu librería, flaco favor le haces a Gibson, flaco favor le haces a la sociedad de la información.

No se lo pierdan, ahora a los jóvenes no sólo se nos echa de España laboralmente, también culturalmente. 

Fuente de la imagen: Reproducción de una viñeta de Forges

Dejar respuesta