José Ignacio Lapido, más difícil todavía

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El pasado viernes, José Ignacio Lapido arribó a Madrid con su gira por teatros y auditorios. Un ‘show’ diferente el del Teatro Lara, en donde el músico granadino colgó su guitarra eléctrica para adaptar su propio repertorio. Canciones poco frecuentes en sus directos, la presencia de invitados ilustres como el cantautor Quique González o la recuperación de clásicos de 091 completaron una noche que no será fácil de olvidar.

José Ignacio Lapido

“Cien años construyendo un cielo particular / con peces voladores y estrellas de mar”. Con estos versos comenzó una noche que prometía ser diferente y especial, y que en ningún momento decepcionó. Lapido volvía a la capital seis meses después de su última visita y lo hacía en esta ocasión para ofrecer una vuelta de tuerca de su propio directo. Se esperaba un repertorio novedoso, una propuesta musical diferente e incluso algunas sorpresas. Y así fue.

Como si de una sutil ironía se tratara, el concierto, que podría considerarse como un reto en lo musical, arrancó a eso de las once de la noche con “No sé por dónde empezar”. Junto a Lapido, los habituales Popi González (batería), Raúl Bernal (teclado) y Victor Sánchez (guitarra eléctrica) se enfrentaron a pecho descubierto a una audiencia atenta y respetuosa que abarrotó el Lara con gran expectación. A pesar de una gran predisposición por parte del público, no resultó sencillo, pues teatros y auditorios son armas de doble filo, capaces de amplificar talento y errores a partes iguales. A bote pronto, llamaba la atención la ausencia del bajista y lo peculiar de la batería, “deconstruida” para la ocasión, sin bombo y con varios añadidos de percusión.

Canciones como “Nada malo”, “Hasta desaparecer” o la reciente “El más allá” daban a entender lo equilibrado del repertorio, con temas ya clásicos en directo pero también con sorpresas. La primera de ellas llegaría con “Pájaros”, canción perteneciente al debut en solitario de Lapido que hasta la fecha no había sido presentada en directo.

Entre los grandes valores del músico andaluz se encuentran, sin duda, la composición y su destreza a la guitarra. Sin embargo, no podría decirse que posea una voz demasiado potente, algo que se notó en los primeros minutos del espectáculo; un necesario tiempo de calentamiento que pasó a mejor vida pocas canciones después. Con temas como “En algún lugar de la medianoche” o “Nadie sabe”, y especialmente con piezas como “Por sus heridas” -perfecta en esta ocasión-, quedó en el olvido cualquier clase de limitación, y el público se dejó apabullar por la aplastante personalidad del músico o los elegantes y magníficos solos de guitarra de Víctor Sánchez. No hizo falta demasiado para darse cuenta de que el protagonismo sería coral, con cada músico en un papel relevante e imprescindible.

Lapido y Quique González

A ellos se sumaría poco después Paco Solana, bajista que no forma parte de la gira en esta ocasión. Aportando armónica y coros, llegó con él la primera mirada al pasado más lejano. “La canción del espantapájaros”, de 091, fue una de las tres concesiones a la nostalgia. En este sentido, merecen mención especial los seguidores de Lapido, quizás no masivos, pero sí fieles -y en algunos casos tremendamente apasionados-, quienes no dudaron en ponerse de pie a la mínima ocasión en presencia del también llamado “maestro”.

Pero la noche guardaba sorpresas. Sería en el primer bis cuando tuvo lugar una colaboración que no por anunciada resultó menos esperada. Quique González, admirador confeso de Lapido, saltó al escenario para cantar dos temas: “En medio de ningún lado” y “Algo me aleja de ti”, ésta última interpretada íntegramente por el músico madrileño. Sin duda, uno de los grandes momentos de una noche que rozaba su final, pero que no terminaba ahí. Tras “La hora de los lamentos”, dedicada al ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, por sus recientes y poco acertadas declaraciones en las que propone que los músicos cobren menos, la banda volvió a salir para enfrentarse a temas como “La lluvia del atardecer”, “Olvidé decirte que te quiero” o “La torre de la vela”, remate final a una velada díficilmente olvidable.

 Fotografías: Bruno Corrales

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