Jorge de Juan y el arte de la mala uva en “Otra puta novela gráfica”

0
840

Portada "Otra Puta novela gráfica"

Las novelas gráficas de enfermedades están muy bien, como tampoco desmerecen las que narran crueles conflictos internacionales o injusticias sociales de todo tipo, pero vamos, que tampoco hemos venido al mundo con ánimo de pasarlo mal. Una cosa es que seamos conscientes de las tropelías que acontecen a nuestro alrededor, y otra muy distinta que la sátira y el humor parezcan géneros menores. Además, de todo se puede hablar siempre que se empleen el tono y el marco adecuados.

Otra puta novela gráfica (La Cúpula) no sólo es la ópera prima del dibujante Jorge de Juan, sino también una sucesión de momentos descacharrantes y bizarros en los que la comedia detenta un papel protagónico. El autor destila mala uva en las viñetas de un cómic que se consagra a la incorrección política, una actividad tan sana como potencialmente peligrosa en estos tiempos donde es mucho más sencillo cogérsela con papel de fumar. No se libra ni Dios y todos reciben su dosis: inmigrantes, gafapastas, yonkis, frikis gays, lesbianas, marujas, ancianos, empresarios… Cada cual que apechugue con sus rarezas, de las que siempre se puede mostrar una visión caricaturesca.

El personaje principal de la historia responde al nombre de Gus Pena y… ¿qué se puede esperar de un tipo con semejante apellido? ¿Que gane millones de euros en la bolsa y tenga una mansión con tres piscinas en las costas de “Ricolandia”? Pues no, evidentemente. Gus es un dibujante frustrado, incapaz de pensar en una buena idea para crear un cómic; cuando hacía ‘comic-books’, la moda ya era el manga, y en el momento de empezar con los dibujitos al estilo nipón, la tendencia se había desplazado hacia obras sesudas presuntamente destinadas a la élite intelectual. Vive con sus padres, duerme en una cama que sale del armario y, en resumidas cuentas, no tiene dónde caerse muerto.

Agobiado por un editor sin escrúpulos y adicto a las sustancias psicotrópicas, Gus se verá obligado a escribir una novela gráfica, a ser posible con una buena ración de drama y sentimentalismo. Pero no hay caso, porque el pobre diablo no encuentra desgracias a su alrededor y todos sus intentos de inspirarse caen en saco roto. El lector, mientras tanto, se dedica a acompañar a Gus en su viaje hacia ninguna parte, cada vez más seguro de que el destino siempre tiene una última sorpresa lista para entrar en acción.

La Huella Digital charla con De Juan (Plasencia, 1978) sobre un cómic que, de forma natural, consigue activar los misteriosos mecanismos de la risa.

¿De dónde nace Otra puta novela gráfica?
Quería crear situaciones cómicas colocando a Gus en el papel del autor que tiene que realizar un trabajo por encargo, en este caso, encontrar un argumento impactante y desgarrador para su novela gráfica.

¿Comparte la opinión de que el cómic se ha distanciado del público, que faltan más obras sobre la vida cotidiana?
No creo que se haya distanciado del público, al contrario: cada vez hay más gente interesada en leer cómics, precisamente porque cada vez se tratan más temas cotidianos y hay una variedad enorme de obras que, por sus argumentos o estilos de dibujo, pueden llamar la atención de lectores muy diferentes entre sí. Otra cosa es que el lector de cómics “de siempre” eche en falta los antiguos formatos donde predominaban el humor y el no tomarse los temas demasiado en serio predominaban. Pero en general creo que, en lugar de distanciarse, lo que ha hecho el cómic es abarcar más campos de acción, lo que hace que llegue a un público más amplio. Hay para todos los gustos.

De un tiempo a esta parte, parecía que las novelas gráficas sólo podían contener dramones e historias lacrimógenas. ¿Quería satirizar esa tendencia con su cómic?
Bueno, en parte sí, aunque tampoco me quería centrar en hacer sólo una parodia de la novela gráfica seria. Quería crear una historia cómica riéndome de todo un poco, empezando por la figura del dibujante, poniéndole en situaciones supuestamente dramáticas ante las que el pobre hombre se encontrara completamente perdido, sin saber cómo reaccionar y cagándola irremediablemente a pesar de sus buenas intenciones. Más que satirizar esa tendencia, que también, quería satirizar comportamientos y convenciones sociales, situaciones cotidianas que normalmente serían lo normal, pero que viviéndolas en el papel de Gus Pena se convierten en vivencias muy delirantes. Gus se encuentra igual de perdido en un salón del cómic, rodeado de gitanas rumanas o de modernos… Todo le supera.

¿Hasta qué punto funciona Gus Pena como su álter ego?
Pues tiene algunos puntos en común, eso es innegable: dibujante, de treinta y tantos, con bastante facilidad para agobiarse en determinados círculos sociales… Pero a partir de ahí creo, o quiero pensar, que Gus Pena tiene su propia personalidad. Muchas veces, cuando estaba dibujando a partir del guión que había escrito anteriormente, me decía a mí mismo: “Gus Pena no haría esto”, así que cambiaba la viñeta en función de cómo debería ser su reacción…

Gus Pena es un ‘loser’ en toda regla. ¿Qué le atrae de esta clase de individuos?
De entrada, la vida de un perdedor siempre me ha parecido más interesante. Me refiero en la ficción, por supuesto. Serlo en la vida real es fatal.

¿Se inspiró en personas reales a la hora de crear los personajes del cómic?
No a la hora de crear los personajes en su totalidad, pero sí que hay muchos que tienen características, formas de hablar, expresiones, comportamientos, incluso frases literales de gente que conozco.

Sólo por curiosidad, ¿su editor tiene algo que ver con el de una famosa editorial catalana, nombrada para más señas a partir de cierta forma arquitectónica?
¿El editor que aparece en el cómic? No tiene nada que ver. De hecho, antes de mandar el proyecto a La Cúpula ya había dibujado bastantes viñetas donde salía ese personaje, y no pretendía basarme en él ni en ningún editor en concreto. Quería hacer otro personaje delirante más, en este caso un editor que trabaja como funcionario público y que se dedica de forma ‘freelance’ a editar cómics sin tener ni idea, y a probar todo tipo de drogas mientras llama al autor para atosigarle. Mi editor, José María Berenguer, me dio absoluta libertad para hacer lo que me saliera, sin agobios ni imposiciones de ningún tipo. Lo curioso de todo es que físicamente parecen tener cierto parecido, pero es una coincidencia.

La viñeta de “¡Soy mister Natural!” es antológica…
Quería meter alguna referencia a Robert Crumb y dibujar al editor completamente puesto de LSD, cabalgando a lomos de su mujer mientras llama por teléfono a Gus Pena, me parecía una buena forma.

A la madre de Gus, una señora entrada en años, no se le llega a ver la cara en toda la historia porque siempre está enganchada a Internet. ¿De qué forma quería jugar con este personaje?
Me hacía gracia que los temas de las nuevas tecnologías y formas de comunicación, redes sociales y demás, recayeran sobre el personaje de la madre, una mujer madura y eternamente enganchada a Internet que se mete en foros, tuitea, se registra en Meetic… Mientras tanto, Gus Pena, un treintañero que supuestamente debería estar “al día”, apenas sabe manejar el Word.

Risas y cachondeo al margen, este cómic destaca por una agresiva crítica social y por unas situaciones muy bestias. ¿No temió rebasar el límite en algún momento?
No, yo iba mandando páginas con todo lo que se me iba ocurriendo y, como no había ningún tipo de censura, ni de guión ni de dibujo, pude hacer lo que me apetecía sin pararme a pensar si iba a traspasar algún límite.

Háblenos de sus influencias. El Odio de Peter Bagge es muy evidente, pero supongo que habrá mucho más en sus historietas…
Peter Bagge es la principal influencia, la más directa. Su saga Odio me parece insuperable en cuanto a guión y dibujo. Pero hay muchos autores que me han influido, empezando por Ibáñez, que fue de los primeros que leí. Y el humor gráfico que hacía Gila también. Mis padres tenían El libro de quejas de Gila, donde hacía humor con mutilados de guerra, tullidos, curas, viudas, muertos… de una manera magistral. Él sí que no dejaba títere con cabeza. Más tarde, también me influyeron las historietas que leía en El Víbora, con autores como Ramón Boldú. Más recientemente, otro autor que me encanta es Johnny Ryan; me parto de risa con Juventud cabreada, por muchas veces que lo lea.

¿Tiene intención de continuar las desventuras de Gus Pena? Además de este personaje, ¿hay otros trabajos en el horizonte?
Pues intención sí, mucha, pero ya veremos qué pasa más adelante. Por otro lado, tengo varias ideas en mente en las que estoy empezando a trabajar.

+ Info Jorge de Juan:
Blog del autor.

+ Info La Cúpula:
Página web oficial.

Imágenes cedidas por La Cúpula

Dejar respuesta